Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En momentos en que muchos tocan silbatos de júbilo por la llegada de épocas gordas de explotación minero-energética y hacen cuentas sobre la destinación que se debe dar a los recursos que lleguen como consecuencia de la inversión extranjera en dichos sectores, vale la pena reflexionar también respecto a los riesgos que conlleva dicho escenario.
El auge de la explotación minera es una gran oportunidad para el país, pero mal manejado puede ser desastroso. Si la bonanza petrolera fuese un camino ineludible al éxito, Nigeria no pasaría por las que pasa, por no hablar de ejemplos más cercanos.
Son cuatro los grandes riesgos que la explotación minera plantea a las democracias modernas: la enfermedad holandesa, los cambios bruscos en la llegada de capitales, el gasto desbordado y la predación del ecosistema.
Un paso para prevenir los tres primeros es la Regla Fiscal, anunciada hace rato por el gobierno Uribe, pero que sólo será debatida en el Congreso durante el de Juan M. Santos. Si hay un pacto institucional para que parte de los recursos que ingresen en la bonanza se destinen, por ejemplo, al ahorro —incluso sin que ingresen al país—, se avanzará hacia la prevención de la revaluación y del deterioro de los sectores menos productivos (la enfermedad holandesa). Ese ahorro será la reserva para épocas de vacas flacas, por si las ondulaciones en los precios internacionales de los recursos de explotación causan contracciones fuertes en la economía. O para cuando el recurso se agote. No hay que perder de vista que el boom podría no ser tan grande como se cree. Finalmente, los expertos recomiendan que ante la llegada masiva de capitales no haya gasto sino inversión. Puede ser en áreas afines al recurso explotado, como dice Mauricio Reina. O en educación, sugiere el ex ministro Guillermo Perry.
El cuarto punto no es menor. Buena parte de los países industrializados basaron su crecimiento en la explotación de recursos naturales: las minas de oro en el Pacífico de EE.UU., los bosques escandinavos, el cobre australiano, pasaron de ser activos enterrados de la Nación a dinamizadores del desarrollo. Con valores agregados en Australia, que a punta de patentes y sinergias con el sector educativo potenció esa ventaja natural. El reto es hacerlo de manera amistosa con el planeta. El debate sobre la explotación de oro en el Páramo de Santurbán (Santander) es parte de la tarea pendiente en ese sentido.
Con tales dilemas será la largada del gobierno Santos que, al parecer, basará sin ambages su proyecto económico en la explotación minero-energética. Ojalá su modelo esté aún más lejos del nigeriano.