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Barcelona, 3 de noviembre de 2010.
¡Extra! Ayer, cuando buscaba la escena de una película en la que participó como extra en un velorio, la estudiante de maestría Andrea Correa descubrió que se trataba de una cinta pornográfica.
Medellín, mayo 10 de 2009.
Noticia de última hora. El funcionario de la Fiscalía seccional de Antioquia Jairo Obando le reconoció por fin ayer a su esposa que tiene un tic nervioso.
Medellín, noviembre 20 de 2010. Ayer al mediodía un perro de raza beagle, llamado Tony, se comió el almuerzo de José Daniel Echavarría, su amo. Según se pudo establecer, el animal, de siete meses, subió hasta la mesa del comedor valiéndose de una silla que le sirvió como escalón.
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No, no es una broma. Se trata de algunas de las noticias que publica Agencia Pinocho, un informativo virtual de Medellín en el que tres reporteros vigilan los episodios más intrascendentes de la realidad para construir, con éstos, hechos noticiosos que sorprenden y divierten a los lectores.
Si usted está interesado en saber en qué anda el Congreso, el último escándalo de la farándula o los pormenores del último desastre, Agencia Pinocho es el lugar equivocado. Si en cambio busca retornar a la simpleza de la vida cotidiana, esta Agencia es el sitio correcto.
Cuando Juan Miguel Villegas, Gloria Estrada, David Guzmán o cualquiera de los colaboradores externos a la Agencia llegan a reportear un suceso, nunca se encuentran con colegas.
Las horas muertas, que le sacan canas a los periodistas tradicionales, porque no aparecen chivas ni extras, son el mejor terreno para ellos.
Los tres son modelo 76, se formaron en periodismo y pasaron de los treinta convencidos del placer de leer la realidad siguiendo otras líneas, las que nunca serán noticia en los medios y pasan inadvertidas todo el tiempo.
Es claro que sus noticias no serían publicadas en los tradicionales medios de comunicación en ninguna circunstancia. De hecho, ese rechazo es la premisa desde la cual la peculiar agencia se interesa en las historias. Lo demás es olfato, pura intuición.
No tienen horas de cierre, no les preocupa ser los dueños de grandes primicias, actualizan los contenidos a diario con la tranquilidad de haberse tomado el tiempo necesario para hacer las noticias sin la dictadura de una agenda informativa.
Desde la universidad, a Juan Miguel Villegas lo cautivaron siempre los temas irrelevantes para los sedientos de primicias. Esa curiosidad que lo hacía abandonar las ruedas de prensa y ‘el lugar de los hechos’, para cubrir otros asuntos, lo llevaría a concebir el proyecto de la Agencia Pinocho.
Los primeros ensayos los hizo en un grupo de Facebook, luego las micro noticias pasaron a un blog que creció rápidamente, hasta convertirse, desde diciembre de 2009, en un portal que hoy recibe casi 20 mil visitas al mes.
A su idea se unió David Guzmán, también comunicador, amante de lo audiovisual y amigo desde el colegio. Seducido por esta peculiar forma de hacer periodismo, regresó desde Argentina para hacer reportería sin afán por las calles de Medellín.
Después llegaría al grupo Gloria Estrada, una lectora que se convirtió en colaboradora informando acerca de la experiencia de un tío panadero al que le habían robado su bicicleta y terminó como parte del equipo.
“No estamos inventando nada nuevo, estamos retomando a cronistas memorables que han utilizado temas cotidianos y sencillos para hacer buenas historias”, dice Juan Miguel Villegas acerca del diario.
En Agencia Pinocho no hay testimonios de famosos. Las fuentes son los protagonistas de los asuntos menos sensacionales. ¿A quién le interesaría saber la historia de alguien que descubre su tarjeta débito en una alcantarilla o de una mujer que se quema las pestañas prendiendo un cigarrillo? En poco tiempo, este diario ha demostrado que hay más curiosos de los que se pensaría.
“Ponemos el periodismo al servicio de pequeñas historias y, con el uso del lenguaje, se convierten en hechos extraordinarios”. Así revela David Guzmán la fórmula para que asuntos que parecían no inquietar a nadie, tengan hoy tantos seguidores. Además, agrega: “Ponerles toda la pirotecnia de la información a las historias totalmente intrascendentes produce un efecto cómico”.
Los colaboradores habituales de este medio están al acecho de cualquier asunto ‘apinesco’ que pueda aparecer en anécdotas propias o en historias prestadas. ‘Apinesco’ es todo aquello que le da dignidad o brillo a una historia mínima. Con esa hipótesis los reporteros hacen sus publicaciones.
Tienen diferentes secciones, que van desde las pequeñas historias que han llamado microficción periodística, pasando por fotonoticias, videos, y frases de la semana. Hay espacio para poemas informativos, personajes de la semana y hasta para un comic donde una adaptación de Pinocho merodea por la ciudad.
También hay columnas de opinión donde las ventajas de dormir en cine o el drama de llevar la maleta abierta pueden ser algunos de los temas propuestos para reflexionar.
Hoy, a través de Twitter, hacen cubrimientos en directo de los principales encuentros culturales en la ciudad y quieren seguir apostándoles a secciones de televisión y radio. Un impreso de la Agencia está en sus planes y más adelante quieren publicar un libro con las historias más destacadas.
Controvertir los principios de la noticia, poder hacer reportería, viajar y tomarse el tiempo para conversar hasta de los más mínimos detalles les permitió encontrarse con una nueva forma de contar historias y con una empresa que empieza a salirse de las manos. Sin embargo, los tres tienen claro que lo que les interesa es divertirse con el oficio y hacer reír a los lectores.
Por el momento la idea es poder cubrir grandes eventos. En mente tienen llegar hasta los camerinos y las tribunas de la Copa América y, sobre todo, seguir sorprendiendo a los lectores con cada una de sus noticias.
“Buscamos invitar a que la gente mire por una ventana nueva y seguir cultivando ese paisaje de nuevas perspectivas que se alcanza a ver, ponerles un reflector a las cosas pequeñas, que no es otra cosa que un periodismo diferente”, concluye David Guzmán.
Rescata aguja atrapada en teclado
Ayer en la tarde, María Elizabeth Acevedo, estudiante de Diseño de Modas, dio feliz término al operativo de rescate de una aguja atrapada dentro del teclado de su computador, ubicado en la sala de una casa en Manrique. La diligencia fue motivada por accidente ocurrido mientras la implicada enhebraba la aguja en cuestión: “Me dio dizque por adelantar trabajo mientras chatiaba con mi novio, y en esas se me cayó la aguja entre las rendijas del teclado”, dijo la causante del hecho. Segundos después, la mujer, de 22 años, procedió a zarandear y golpear el teclado, sosteniéndolo “con las teclas mirando hacia abajo”, según aseguró el novio, quien por webcam* presenció toda la escena. Tras veinte minutos de maniobra, finalmente la aguja fue recuperada al caer al piso desde la grieta ubicada entre el borde superior de la barra espaciadora y las teclas “n” y “m”. “Cayeron hasta migas de tostada pero valió la pena”, aseguró la rescatista. Por su parte, el profesor encargado de la materia recomendó concentrarse siempre en una sola actividad, para que no se repitan incidentes como éste.
Segundo puesto en el Primer Premio Gran Pinocho de Microficción Periodística.
Poema informativo
Cambia chatarra por biciclet de niña
Nelson venía por la carrera Bolívar
Una de las zonas más caminadas
Del centro de Medellín
Llamaba la atención
Por su camisón amarillo casi reflectivo
Desplazándose ágil por plena calle
En tenis sin medias
De cachucha
Y la sonrisa del hombre que va en paz.
* * *
Manejaba una carreta el tipo
Y encima de ella
Una bicicleta rosada
De niña
Amarrada con una cinta azul
A una cadena que rodeaba
El guardabarros frontal
De ese carro no motorizado.
* * *
“Me la dieron por chatarra”
Fueron quince mil pesos
En hojalata
En lata
En cacharros y pedazos de hierro
Sí
Nelson entregó eso y le dieron a cambio
Una bicicleta
Con las dos llantas desinfladas
Los rines oxidados
Los cables de los frenos
Sueltos.
“La arreglo y la dejo para mí”
O para sus hijas, pienso yo
Sus dos hijas
Que a propósito
No le están pidiendo nada
Al niño Dios.
* * *
Nelson espera a que cambie el semáforo
De la calle Colombia con Bolívar
Viene “de por ahí de La Alpujarra”
“De La Alhambra”
Lugar donde usted consigue
Chécheres viejos
Chatarra y cocos de teléfono
Juguetes que buscan una segunda vida
Otra oportunidad antes de morir.
* * *
Nelson sostiene la carreta
Los brazos se le templan
Sonríe con sus músculos tensos
Mirando calle arriba los buses bajar
Esperando para poder cruzar
La calle Colombia
Mientras la gorda de Botero
Lo mira todo de reojo.
Encuente más información en www.agenciapinocho.com