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Las palabras jamás serán suficientes para describir lo que se siente que le quiten a uno a alguien así. Las vidas de Mateo y Margarita eran invaluables, no por lo que eran ni dónde estudiaran, sino por su interés de sembrar semillas de amor en Colombia, una tierra resentida y árida por el rencor, donde la pasión es semblante y el verdadero riesgo es ser biólogo en este país de envestiduras y cargos encorbatados que jamás entenderán la riqueza étnica y biológica de nuestro país. Mateo y Margarita luchaban era por la vida misma y les fue tan fácil arrancárselas de las manos. Perdónalos Padre, porque jamás tendrán conciencia de lo que hicieron.
Juan Salvador Mendoza, amigo.