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Más cerca de la vida artificial

No todos están de acuerdo en que la bacteria creada por Craig Venter y su equipo en el laboratorio se pueda llamar vida artificial.

21 de mayo de 2010 – 10:53 p. m.

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Arthur Caplan, profesor de bioética en la Universidad de Pensilvania, no tuvo reparos en colocar al polémico Craig Venter, el hombre que primero secuenció el genoma humano y ahora sorprendió con el anuncio de la primera célula que funciona con material genético artificial, al lado de grandes nombres como Galileo, Copérnico, Darwin y Einstein.

“Venter y sus colegas han demostrado que el mundo material se puede manipular para producir lo que reconocemos como vida. Al hacerlo han puesto fin a un debate sobre el origen de ésta que ha durado miles de años”, comentó el experto norteamericano.

La hazaña de Venter comenzó a gestarse hace 15 años. El biólogo, nacido en 1946 en Salt Lake City y veterano de la guerra de Vietnam, ya se había convertido para entonces en una especie de vedette en el mundo de la ciencia. No sólo había sido el primero en secuenciar el genoma de una bacteria, sino que se atrevió a desafiar a todo el establecimiento prometiendo que descifraría el genoma humano antes que el consorcio público que recibía millones de dólares del gobierno americano.

Con una metodología novedosa se adelantó a sus contrincantes. Para evitar un cisma en la comunidad científica, la vergüenza del esfuerzo público liderado por Francis S. Collins y que el genoma humano quedara en manos de una empresa privada, al entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, no le quedó mas remedio que mediar en la disputa.

Pero Venter no quedó satisfecho con escribir su nombre en la historia. Quería más. A través del J. Craig Venter Institute y Synthetic Genomics, dos de sus empresas, se embarcó en lo que por siglos no había sido nada más que una lejana quimera de científicos soñadores y escritores de ciencia ficción: crear vida artificial.

Ayer su fotografía volvió a las primeras páginas de los medios en todo el mundo. En la revista Science describió junto a sus escuderos Clyde Hutchison y Hamilton Smith la forma de “crear una célula bacterial controlada por un genoma químicamente sintetizado”. La comunidad científica aún no se pone de acuerdo en si lo logrado por Venter es o no vida artificial, pero en lo que está de acuerdo la mayoría es que se trata de un hito. Más de 40 millones de dólares se invirtieron a lo largo de una década de trabajo y un selecto equipo de 20 expertos se consagró al proyecto.

¿Cómo lo hicieron?

En 1995, Venter y sus colegas trataron de establecer cuáles eran las mínimas instrucciones que se necesitaban para crear vida. Para esto tomaron el genoma más pequeño que se conocía, el de la bacteria Mycoplasma genitalium, que contenía tan sólo 500 genes. Luego de borrar diferentes partes de éste, establecieron que sólo eran necesarios 100 genes.

Tendrían que esperar hasta 2007 para avanzar un poco más. Ese año lograron trasplantar cromosomas (paquetes de genes) de una especie a otra y al año siguiente fabricaron un cromosoma artificial de una bacteria.

El paso siguiente era armar un código completo. Primero unieron 10.000 bases, luego 100.000 y luego un genoma completo. Esto equivalía a tener un programa de computador sobre el funcionamiento de la célula.

Después, el reto consistió  en tomar la bacteria Mycoplasma capricolum, extraer su material genético natural e insertarle el genoma artificial. Si la célula se reproducía, significaba que su Frankenstein microscópico estaba listo. Las primeras pruebas fallaron pero al regresar de un fin de semana al laboratorio, descubrieron que la bacteria había comenzado a reproducirse. El líder del proyecto, Daniel Gibson, envió de inmediato un mensaje a Venter advirtiéndole del éxito. “Tomé mi cámara de video y filmé el plato (donde crecía la bacteria)”, relató Venter.

Comienza la polémica

La idea de que el ser humano pueda crear vida artificial no sólo sacude nuestras más profundas convicciones religiosas y culturales, también alienta oscuros temores de lo que podría desencadenar un poder semejante en manos equivocadas.

Ante la noticia, el presidente Barack Obama se pronunció diciendo que “se debe analizar las implicaciones éticas de este descubrimiento”. Del lado de la comunidad científica las opiniones abarcan un amplio espectro. Mientras personajes como Martin Fussenegger, profesor de biotecnología en Zurich, catalogan el esfuerzo como “un logro fenomenal”, otros como Jim Collins, ingeniero biomédico en la Universidad de Boston, han llamado a la calma: “Relájense, los reportes de los medios diciendo que se trata de un paso alarmante hacia la creación de vida artificial, se pueden dar por descontados. Francamente, los científicos no saben lo suficiente acerca de la biología como para crear vida”.

Lo que nadie puede arrebatarle a Venter es que una vez más llegó primero .

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