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Como promedio, dice el informe presentado por la Unicef, los niños de las zonas urbanas suelen vivir más allá de la primera infancia, gozar de un mejor estado de salud y contar con más oportunidades educativas que los niños y las niñas de las zonas rurales. A este fenómeno los expertos lo han bautizado “la ventaja urbana”.
Eso explica en parte por qué miles de familias en el mundo prefieren cambiar un rancho en medio de la selva por un pedazo de casa construida con cartones y latas en algún cinturón de miseria de una metrópoli en Asia, África y Latinoamérica. Aun en los suburbios de las urbes los campesinos encuentran más esperanzas para sus hijos que en la inmensidad y la soledad del campo. (ver infografía).
Pero la realidad es engañosa y cuando las cuentas se hacen sumando y restando para sacar promedios, las grandes injusticias suelen quedar ocultas. En “Estado mundial de la infancia 2012”, el tradicional reporte en el que la agencia para la infancia de las Naciones Unidas hace un balance de la situación de la niñez en el mundo, se hace evidente que el destino de millones de niños también corre peligro en las ciudades.
Con la creciente urbanización del planeta, se calcula que al menos 1.000 millones de niños y niñas viven actualmente en las ciudades. Pese a las ventajas en términos de educación, salud, entretenimiento y cultura que ofrecen las ciudades, el informe concluye que “las diferencias entre los pobladores ricos y pobres de los pueblos y ciudades suelen igualar y a veces superar las de las regiones rurales”.
Un ejemplo. En Benin, un pequeño país de África occidental, las niñas que pertenecen al 20% más pobre de la población urbana reciben nueve años menos de educación que los niños de las familias más ricas. Una disparidad que se repite en países asiáticos y latinoamericanos.
En la presentación del informe, Anthony Lake, director ejecutivo de Unicef, explica el significado de todas estas cifras abrumadoras: “Todos los niños desfavorecidos son el testimonio de una afrenta moral; a saber, la incapacidad de asegurar su derecho a sobrevivir, a prosperar y a tener un lugar en la sociedad. Y cada niño excluido representa una oportunidad perdida”.
No importa cuál sea el indicador al que se le eche un ojo. Todos apuntan al mismo lado: ciudades que crecen y crecen abriendo brechas entre los más pobres y los más ricos, sin que importe mucho que gran parte de estos problemas podrían prevenirse con voluntad política y mejores estructuras sociales.
En términos de salud, no deja de ser infame que cada año mueran 8 millones de niños antes de cumplir los cinco años por enfermedades para las que la medicina actual encontró respuestas hace muchos años: diarrea, neumonías y complicaciones durante el parto. Tanto o más escalofriante es la revelación de que en todo el mundo más de 200 millones de niños menores de cinco años no logran alcanzar su pleno potencial cognitivo. ¿Qué significa esto en términos reales? Que antes de comenzar a tener plena conciencia de sí mismos, este ejército de niños y niñas ya está condenado a deambular por el mundo en desventaja.
No puede pasarse por alto otro dato revelador del informe presentado por la Unicef: todos los años el aire contaminado en el interior de las viviendas es responsable de casi dos millones de muertes de menores de cinco años. Un descuido demasiado costoso para la sociedad.
Desastres ambientales, violencia de pandillas, crisis económicas, agua insalubre, saneamiento deficiente y condiciones antihigiénicas, así como desnutrición, forman parte de la larga lista de amenazas que rondan a los niños de las ciudades.
Pero las cifras son lo de menos, como lo recuerda la reina Rania Al Abdullah de Jordania, promotora de la Unicef, “ocultos en el interior de las ciudades, envueltos en un manto de estadísticas, hay millones de niños que luchan para sobrevivir. No se encuentran ni en las zonas rurales ni en los barrios genuinamente urbanos”.
Buenos ejemplos
Por fortuna, a la lista de penurias y cifras desesperanzadoras se le oponen otras iniciativas que en distintas ciudades del mundo buscan un mejor futuro para los niños y niñas. En Marruecos, el programa “Ciudades sin barrios marginales” espera mejorar la vida de aproximadamente 300.000 personas. En la India un simple mensaje, que todos los niños y niñas tomen dos gotas de la vacuna contra la poliomelitis, ha salvado centenares de vidas.
En Manila (Filipinas), para hacer más ágil la atención en salud a los menores de edad, los trabajadores de la salud deben informar sobre la incidencia de enfermedades mediante mensajes de texto a centros informáticos.
Según el informe, en 2050, el 70% de todos los seres humanos vivirán en zonas urbanas. Hoy, uno de cada tres habitantes de las ciudades vive en un barrio de tugurio. De las soluciones que cada ciudad y comunidad inventen hoy para superar sus problemas depende el futuro inmediato.