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Tres minutos es el tiempo asignado para que cada jefe de Estado hable en la Cumbre de Cambio Climático. Como si lo hubiera ensayado con reloj en mano, 180 segundos se tomó el presidente Álvaro Uribe para exponer sus ideas en Copenhague.
“Estamos cerca de la meta a la que quieren llegar muchos países”, dijo en la primera parte de su discurso cuando explicó que Colombia es responsable tan sólo del 0,37% de las emisiones globales de CO2 y produce apenas 250 toneladas de este gas por cada punto del PIB (menos de la mitad del promedio mundial).
Luego, recalcó que el 85% de la energía del país es limpia, porque proviene de las hidroeléctricas y que como segundo productor de etanol del continente, Colombia se comprometía a crecer en este sector sin derribar la selva, cuidando la seguridad alimentaria y garantizando la absorción de C02 con sus plantaciones.
Al referirse a un acuerdo mundial para frenar el calentamiento global, el presidente Uribe señaló la necesidad de contar con reducciones en los costos para adquirir tecnología, así como financiación para masificar el uso de nuevas fuentes de energía. “Esta reunión necesita verificación y sanciones para los que incumplan. Eso hace la diferencia entre lo retórico y las obligaciones serias”, dijo Uribe.
También apoyó la idea de crear fondos públicos para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse al calentamiento global, así como un fondo para detener la deforestación. A diferencia de las palabras exaltadas y combativas de presidentes como el de Venezuela, Hugo Chávez, quien invitó a acabar con el capitalismo, o el de Bolivia, Evo Morales, quien propuso un “referendo mundial” para preguntar cosas como, por ejemplo, si la gente está de acuerdo en destinar lo que se gasta en guerras al cambio climático; el tono de Uribe fue moderado.
Al final de su discurso se limitó a decir: “La discusión ideológica debería superarse ante la amenaza climática”. Mañana se espera con gran expectativa la llegada del presidente norteamericano, Barack Obama, y en la noche del viernes o la madrugada del sábado se sabrá si los líderes del mundo lograron ponerse de acuerdo para combatir los efectos devastadores del cambio climático.
El optimismo por ahora renació luego de que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, pusiera sobre la mesa la carta escondida estas dos semanas: Estados Unidos está dispuesto a participar en un fondo de US$100 mil millones anuales de ayuda a los países pobres. Hasta ahora la bolsa de dinero entre los países ricos no pasaba de los US$10 mil millones. En la rueda de prensa Clinton citó un proverbio chino, un claro guiño a su gran oponente en esta cumbre: “Cuando estás en un bote común debes cruzar el río en paz”.