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Hace treinta años nació en Estados Unidos un formato que cambió el mundo de la divulgación del conocimiento. Ante la necesidad de encontrar un espacio para difundir de manera entretenida la inevitable convergencia entre tecnología, entretenimiento y diseño, el arquitecto y diseñador Richard Wurman citó a un par de expertos conocidos a la que sería la primera conferencia TED que se realizó en California. Un espacio en el que obligaba a sus oradores invitados a explicar, en menos de 20 minutos y de manera inspiradora, ideas difíciles y revolucionarias.
Con el tiempo la metodología TED, caracterizada por ese fresco y exitoso formato en el que destacados especialistas utilizaban palabras simples para hablarle al público de temas complejos, terminó permeando los auditorios del mundo.
En 2005 otra necesidad impulsó a un grupo de curiosos colombianos a consolidar uno de los más interesantes espacios de difusión científica del país. Un año antes de que fuera construido el Parque Explora, en Medellín, su primer director, Rafael Aubad López, y la comunicadora Ana Ochoa inauguraron Ciencia en Bicicleta, un espacio para sacar a los científicos de los laboratorios, invitarlos a abandonar por una hora sus batas y juntarlos en un mismo espacio con la gente que se moría de la curiosidad de saber qué era lo que ocurría en el mundo de los investigadores y para qué le servía eso a un colombiano común.
“El nombre surgió un día en que esperábamos al médico Luis Fernando Tintinago, quien realizó el primer trasplante de tráquea en el mundo y venía a dirigir un viaje al fondo de la voz. Tintinago llegó a la conferencia de morral y montado en su bicicleta. Eso era precisamente lo que queríamos: hablar de ciencia desde la calle, los jeans y los tenis”, dice Ana Ochoa, quien casi nueve años después sigue coordinando este espacio.
Por aquí han transitado todo tipo de científicos. Desde los nobeles Martin Chalfie, de química, y Richard Roberts, de medicina, pasando por los expertos colombianos más destacados en diferentes disciplinas. La bióloga Brigitte Baptiste y el botánico Santiago Díaz Piedrahíta, la pintora Beatriz González Aranda y el astrofísico antioqueño Jorge Iván Zuluaga son sólo algunos de los que se han dispuesto a conversar sobre lo que les apasiona.
De las 230 conferencias que se han citado, al menos 80 están consignadas en video en la plataforma web del parque, para que cualquier curioso se acerque a aprender.
La más reproducida sumó en dos años 140.500 visitas y reveló uno de los secretos más atractivos de la arqueología nacional: el descubrimiento en La Guajira del fósil de la titanoboa, una serpiente gigante que vivió hace 60 millones de años en Colombia, considerado el fósil más grande de los trópicos. Las conversaciones sobre Einstein, el vínculo entre la música y el cerebro y las preguntas sobre la selva colombiana también se cuelan entre los temas más taquilleros.
Pero este espacio ha propuesto además otro tipo de acercamientos al conocimiento científico desde la cotidianidad. Cuando el Banco de la República puso a circular las nuevas monedas, Ciencia en Bicicleta explicó la importancia de cada una de las especies grabadas en el metal. También se arriesgó a invitar expertos para explicar por qué las cucarachas, los murciélagos, las chuchas y las pirañas son fundamentales para los ecosistemas que habitamos, en una serie que llamó “Maravillosos perseguidos”, e invitó al biólogo Alejandro Rojas a conversar sobre la ciencia de la “asquerosología”, a propósito de la actual generación, que suele reaccionar con repulsión hacia muchas cosas.
Hace tan sólo ocho días, para celebrar los treinta años del Planetario Jesús Emilio Ramírez, el programa invitó a la Orquesta Filarmónica de Medellín a musicalizar un viaje por el universo que 800 personas pudieron disfrutar en un concierto memorable.
“La curiosidad es el capital más promisorio con el que cuenta un lugar como Explora. La idea es no dejar de alimentarla”, concluye Ana Ochoa.
acuevas@elespectador.com
@angelicamcuevas