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Parece que ya casi nadie tiene paciencia para esa vieja costumbre de dar a luz a un bebé de manera natural. El informe que cada año realiza la Veeduría Distrital de Bogotá, sobre la salud de los ciudadanos, reveló que año tras año ha aumentado el porcentaje de bebés que nacen por cesárea.
En 2006 los partos por cesárea representaron el 34% del total nacimientos, en 2007 el 35,06%, en 2008 el 35,83% y en 2009 el 37%. La cifra llama la atención si se considera que la Organización Mundial de la Salud viene alertando de tiempo atrás sobre la importancia de utilizar este procedimiento quirúrgico sólo en los casos en que por razones médicas sea necesario. Los estimativos del organismo multinacional señalan que en una población las cesáreas no deberían exceder el 10% del total de partos.
En el informe de la Veeduría Distrital también se hizo evidente que las instituciones privadas concentran el mayor número de cesáreas (30.881 en 2009 frente a 11.319 en las públicas), pero en una línea de tiempo se observa un descenso en el número de cesáreas realizadas en clínicas privadas y un aumento en las de los hospitales públicos.
¿Qué hay detrás de este gradual incremento en el número de cesáreas? El médico Álvaro Muriel, quien participó en la elaboración del informe y hoy es miembro de la Comisión de Regulación en Salud, cree que una serie de causas se combinan para dar cuenta de este fenómeno.
Por un lado, los controles prenatales y una mejor atención médica permiten detectar con más precisión los casos de mujeres que deben someterse a este procedimiento para evitar riesgos. Es el caso de las pacientes que sufren de preeclampsia, toxemia gravídica, entre otras condiciones clínicas, o cuando el feto presenta malformaciones y corre riesgos de presentar algún sufrimiento intrauterino.
Pero esas razones explicarían tan sólo una tercera parte de las cesáreas. Las otras dos terceras partes corresponden en su opinión a que cada vez son más las mujeres que quieren evitar las molestias de un parto natural y a que muchos médicos prefieren programar cesáreas para evitar esperar hasta altas horas de la noche y tener más control de sus cronogramas.
“Otra cosa que llama la atención en el estudio es el crecimiento de cesáreas en instituciones privadas. Esto podría estar relacionado con el costo de un procedimiento frente al otro”, comentó Muriel. Aunque en general a los médicos se les pagan los mismos honorarios, sin importar que se trate de un parto o una cirugía, lo cierto es que esta última implica algunos gastos complementarios. Por ejemplo, el tiempo de estancia en el hospital suele aumentar.
Para Juan Carlos Ramírez, ginecólogo de Profamilia, sin duda se trata de un tema complejo, pero no exclusivo de Bogotá ni de Colombia, muy asociado con factores culturales. Recordó que mientras en Inglaterra la tasa de cesáreas no sobrepasa el 12%, muy cerca de la ideal, en países como Brasil roza el 85%.
Ramírez reconoce que “hay un interés de la OMS para bajar los índices. Es un procedimiento quirúrgico, invasivo, y que le ha quitado la naturalidad al parto. Muchas personas piensan que la cesárea es menos riesgosa, pero no es verdad”. Las estadísticas hablan de una posibilidad del 2 al 3% de que un parto natural se complique y de 5 a 7% de que salga mal una cesárea. No es muy significativa la diferencia, pero existe y contradice la creencia cada día más popular.
“El problema es más cultural”, insiste Ramírez a la hora de señalar las causas. “El parto es un evento médico, pero antes que nada hay que entender que es un momento social muy importante”. En ese sentido uno de los debates en los que médicos y ginecólogos no logran un consenso es si la decisión de que sea parto natural o cesárea debería recaer exclusivamente en los galenos y no en las pacientes.