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¿Prenderá su ventilador Giorgio Sale?

Rindió indagatoria en la Fiscalía. Comisión de Acusación busca también su testimonio.

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Entre las pesquisas del DAS a la Corte Suprema de Justicia existe un reporte anónimo —no se sabe si elaborado por el organismo de inteligencia— que hoy cobra relevancia tras la captura del testaferro de Salvatore Mancuso, el italiano Giorgio Sale. Se trata de un documento en el que aparecen nombrados varios magistrados de la Corte Suprema de Justicia, quienes tendrían una relación con Sale y habrían asistido a viajes en Sincelejo, Barranquilla y otros lugares de la Costa.

En el documento se pide averiguar por el reloj Rolex del magistrado Yesid Ramírez, efectivamente regalado por Sale; también que se indague si algunos magistrados de la Corte Suprema en el año 2006 fueron a un viaje a Coveñas (Sucre) o Isla Margarita, y quién costeó esos desplazamientos. En específico se habla de que el 18 de enero de 2005, en el Club Sincelejo, se le hizo un homenaje al presidente la Corte de la época, Carlos Isaac Náder. Al evento habría asistido Sale y allí se habría hecho “su presentación formal”.

En el reporte se afirma que para asistir a ese evento era necesario presentar una invitación por escrito de la presidencia de la Corte. También se mencionan otras reuniones con Sale y magistrados como Yesid Ramírez, “departiendo con asombrosa familiaridad, al punto de que jueces despistados y personajes invitados creían que se trataba de un magistrado más”. Incluso, se asevera que Sale durmió en una ocasión en una casa de verano del magistrado Carlos Isaac, “ubicada en un sitio llamado Boca de la Ciénaga, en Coveñas (Sucre)”.

Y, claro, también refieren que en la inauguración de la Enoteca en Barranquilla, con la asistencia de más de 1.500 personas, habrían ido 18 magistrados de altas cortes en el segundo piso del establecimiento, invitados al salón VIP. Nunca se supo si el DAS constató esas averiguaciones ni hasta dónde realmente llegaron los vínculos entre altos dignatarios de la justicia con ni más ni menos que el lavador de Mancuso. En cambio, sí se probó que en esas vueltas el DAS desplegó toda una operación de descrédito contra la Corte.

Por esa razón, entre los llamados blancos políticos incluyeron al magistrado Yesid Ramírez, con quien el expresidente Uribe tuvo ácidos enfrentamientos públicos y privados, al punto de llegar a los estrados judiciales. De él averiguaron que había nacido en Chaparral y que, según consta en un documento del DAS del 2 de julio de 2008, como esa zona era de influencia guerrillera, había que rastrear su pasado. Los magistrados Sigifredo Espinosa, Mauro Solarte, César Julio Valencia Copete, Iván Velásquez, entre otros, también fueron objetivo del DAS.

Tanto así que el exsubdirector de Contrainteligencia Jorge Alberto Lagos les pidió perdón en desarrollo del preacuerdo al que llegó con la Fiscalía. En esencia, dijo que se utilizó como excusa la presencia de Sale y de otro polémico personaje, Ascencio Reyes, por los pasillos del Palacio de Justicia para desbordar toda actividad legal con el fin de desprestigiar a la Corte. Y, por supuesto, se logró. Sin embargo, quedaron muchos cabos sueltos de las reuniones, eventos o cocteles y catas de vino a los que invitó Sale a magistrados de altas cortes, y regalos y viajes que les habría dado.

Ayer mismo, en una diligencia que empezó pasada la una de la tarde ante el fiscal octavo de la Unidad de Lavado de Activos, Giorgio Sale comenzó a dar su versión sobre su pasado. En ese mismo expediente ya fue condenado su jefe, Salvatore Mancuso, quien vía Sale tuvo contacto con la denominada mafia ‘Ndrangheta, que en palabras del expresidente de la Comisión Antimafia del Parlamento italiano, Francesco Forgioni, es la más poderosa organización de droga en el ámbito mundial, “es el ‘broker’ internacional de la cocaína en el mundo”.

En noviembre de 2006 Giorgio Sale fue detenido en Italia en el marco de la operación ‘Galloway’, junto con sus tres hijos: Cristian, Stéfano y David. El tribunal de Reggio Calabria descubrió la gigantesca operación de lavado de dineros en las que incurrió Sale, apalancada en testaferros del paramilitarismo. Tan sólo en el negocio de la Enoteca se habrían lavado 600.000 euros producto del narcotráfico. Ese inmueble fue entregado por Mancuso para reparar a las víctimas y se calcula que vale unos $6.000 millones. A través de sus testaferros Celso Alfredo Salazar y Francisco Obando, la dupla Mancuso-Sale blanqueó mucho dinero.

Además de reportes de la Unidad de Investigación y Análisis Financiero (UIAF) sobre las empresas de Sale La Enoteca, Made In Italy, Vinería Italiana o Inculsol, a la dirección de estupefacientes le fueron entregados predios urbanos, edificios, locales y 30 cuentas bancarias del clan de Giorgio Sale. Todo ello, además, reforzado por una investigación que conoció este diario del tribunal de Reggio Calabria en el que en 19 mil folios se documentan los nexos entre el italiano y el extraditado jefe paramilitar.

No son los únicos nexos de Sale y Mancuso con la mafia calabresa. Una investigación de la Unidad Antimafia de la Fiscalía, adelantada en paralelo por el fiscal italiano Salvatore Curccio, descubrió otro socio inédito de Mancuso: el capo Santo Scipione. En la llamada ‘Operación Degollo’, de octubre de 2001, se cruzó toda la información que conectaba a una sofisticada organización de droga que enviaba narcóticos a Grecia, Holanda, Bulgaria, España y Australia, con conexiones con Carlos Castaño y Salvatore Mancuso. Ambos tenían nexos con los mafiosos Scipione y Scali Natale.

Más adelante se supo que los negocios entre la mafia italiana y la colombiana tuvieron diferencias de dinero y hubo un secuestro de por medio hasta que el propio Natale pagó la diferencia en millones de dólares y se conjuró la crisis. Lo que sí quedó en evidencia fue que desde hace 12 años el nombre de Mancuso ha salido a relucir en distintos procesos en Italia y que sus vínculos con Sale comenzaron a formalizarse en 2003, es decir, un año antes de desmovilzarse con el bloque Catatumbo, con el fin de que el dinero que construyó alrededor del narcotráfico pudiera ser trasladado a Italia.

De hecho, en una grabación del tribunal de Reggio Calabria se oye que Giorgio Sale le confiesa a su hijo David: “Él está al final del proceso de paz. Seguramente después le darán un par de años presos y luego se viene a Italia (…) Él debe preparar la casa, tenemos una gran oportunidad, pero yo no puedo trabajar gratis”. Durante más de cuatro años Sale estuvo detenido en Italia y hace algunos meses salió de prisión, trasteó algunos negocios a Panamá y el viernes pasado, sin que nadie sepa cómo entró al país, fue detenido en el búnker de la Fiscalía cuando revisaba si tenía antecedentes. Fuentes consultadas por El Espectador sugieren que no fue una captura sino una entrega.

¿Estará dispuesto el italiano a contarle a la justicia todo cuanto sabe de Mancuso, sus negocios y cómo llegó a codearse con la crema y nata de la justicia? Ayer comenzó por la Fiscalía, pero la Comisión de Acusación busca entrevistarlo pronto para evaluar si hay mérito para abrir investigación en contra de los exmagistrados José Alfredo Escobar Araújo —a quien le regaló unos botines y una cartera para su esposa—, Yesid Ramírez o Carlos Isaac Náder. El representante investigador Augusto Posada le dijo a El Espectador que desde hace un buen tiempo esa célula legislativa tiene interés en conocer el testimonio de Sale.

Uno de los testaferros de Sale, condenado por el delito de lavado de activos, Francisco Javier Obando, le dijo a este diario en junio de 2008 lo siguiente: Giorgio Sale era un hombre carismático y de excelentes relaciones. A sus restaurantes iba la clase dirigente, empresarial y política. Puedo decir que los engañó a todos, incluyendo a sus magistrados amigos”. ¿Realmente fue así?

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