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Sí, es una discusión que el país se debía hace muchos años acerca del tema más importante para el futuro de Colombia. Pero al mismo tiempo es la manifestación de un pulso político entre el Gobierno y el movimiento estudiantil en el que todos salieron ganando.
Por el lado de los universitarios, es un hecho que hasta antes de las protestas del último mes muy pocos creían que los estudiantes alcanzarían tal grado de cohesión como para poner contra las cuerdas a un gobierno tan popular como el de Juan Manuel Santos. Menos aún eran quienes le apostaban a que la presión estudiantil obligaría al retiro del proyecto de reforma a la Ley 30 presentado al Congreso para cambiar las reglas de juego de la educación superior en el país. Y más escasas eran las voces de quienes le apostaban a que las manifestaciones tendrían lugar en un ambiente de paz, como aquel en el que se dieron.
Pero con la oficialización ayer del retiro del cuestionado proyecto el Gobierno ratificó que también salió ganando. Falló en su empeño por la aprobación de la reforma, pero eso no significa que la Ley 30 sea inmodificable. De hecho, ahora concita la atención nacional y con tantos ojos encima lo más seguro es que el país tendrá al final del camino una reforma mejor que la que se acaba de sepultar (que, dicho sea de paso, se convirtió en inocua al decir de los expertos, desde el momento en que el Ejecutivo le quitó el artículo que daba vía libre a la educación con fines de lucro).
Santos también gana porque desactiva, o por lo menos le quita los argumentos fundamentales, una bomba de tiempo que al paso que iba podría habérsele salido de las manos. Y de allí se deriva otra ganancia: el cariz de conciliador con que quedó al final de la jornada de ayer.
“Esta es una demostración más de nuestra buena fe y esperamos que los estudiantes así lo entiendan”, dijo tras anunciar que la ministra de Educación, María Fernanda Campo, había enviado al Congreso la carta para retirar el proyecto. Y a renglón seguido les pidió a los rectores que faciliten las condiciones para que los estudiantes puedan terminar su semestre.
Con llamados como este el presidente pasó de contradictor de los manifestantes a socio de éstos para evitar que se retrasen en sus estudios. Por supuesto que dicha preocupación parte también de los costos que tendría para el país la cancelación de los semestres académicos. Suficiente se tiene ya con los $150 mil millones que costó el mes de inactividad académica cumplido ayer.
Ahora es momento de mirar hacia delante y por eso los estudiantes se reunirán hoy en La Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE), que sesionará en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional, sede Bogotá. Entre dos mil y tres mil estudiantes definirán el futuro del movimiento.
Laura Ligarreto, una de las 11 líderes de la MANE en Bogotá, contó cómo será este día definitivo: las decisiones se tomarán por consenso, como ha ocurrido desde 2010, cuando empezaron a organizarse.
¿Qué se juega el movimiento estudiantil con esta decisión? Óscar Ortiz, uno de los promotores de la histórica séptima papeleta (1990), que le abrió el camino a la Constitución que hoy rige al país, asegura que la indignación es un motivo de movilización, como se está viendo hoy en Colombia, “pero ese es sólo el primer escalón, ahora deben pasar a las propuestas o si no el movimiento corre el riesgo de diluirse. Según la decisión que tomen los estudiantes, la ciudadanía los va a identificar como rebeldes con causa o rebeldes sin causa. No pueden caer en la trampa de la arrogancia ni de la irracionalidad”.
Óscar Guardiola Rivera, también gestor de la séptima papeleta, opina que los estudiantes podrían responder con una contrapropuesta: “El Gobierno debe atender el llamado de la Mesa Estudiantil para discutir en ese escenario un nuevo proyecto construido junto con los estudiantes, los expertos y el sector. Los escenarios de la democracia son la calle y la plaza pública, de un lado, y el Congreso del otro. Pero la primera tiene prioridad sobre el segundo. Ese es el legado del movimiento del 91: democracia participativa”.
Y Mauricio Archila, experto en movimientos sociales, dice que algo se ha ganado con esta gran movilización y que “los estudiantes van a proceder inteligentemente, la sensatez se va a imponer”. Como dijo Archila minutos antes de que Santos oficializara el retiro del proyecto, es posible que en la reunión de hoy los estudiantes no acuerden un cese total de las manifestaciones porque “todavía hay un proyecto que deben construir de manera conjunta”.
Ese es su reto, demostrar que su unión no fue pasajera y que la presión social no sólo es válida, sino útil, en una democracia que de a poco les está cerrando espacios a los métodos de los violentos.
Reacciones
Mauricio Archila, Experto en movimientos sociales
“No creo que los estudiantes vayan a regresar a clase como si nada. Hay propuesta por construir y en eso se tendrán que concentrar ahora”.
Óscar Ortiz, Promotor de la séptima papeleta
“Los estudiantes ya cumplieron con protestar. Ahora deberán tener toda la capacidad imaginativa y propositiva para construir su propia reforma”.
Carlos Amaya, Representante a la Cámara
“El presidente tuvo una actitud democrática, ahora sigue el paso más importante: construir con los estudiantes una ley concertada”.
Ángela María Robledo, Representante a la Cámara
“Es urgente hacer un acuerdo nacional sobre cuál es la educación que estamos soñando para reconstruir el país”.