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En la madrugada de este miércoles, una llamada despertó a Íngrid Betancourt en un hotel de Nueva York. Estaba allí, junto a su hija Melanie, porque era una de las participantes en el Foro sobre Víctimas del Terrorismo que organizó Naciones Unidas. Desde el seno de la organización internacional, Íngrid clamó porque se reconozca mundialmente a los secuestrados y su sufrimiento no caiga en el olvido.
Sus palabras tuvieron una respuesta casi inmediata. Horas después de su intervención, su familia le contaba, desde París, que había sido la ganadora del premio más prestigioso que se concede en España: el Príncipe de Asturias, por haberse convertido en el rostro de quienes están privados de la libertad. “Es un galardón que no me merezco, pero que recibo con mucho respeto y humildad”, fueron las primeras palabras de Betancourt.
Vicente Álvarez Areces, presidente del jurado, fue el encargado de leer el acta del premio. “Íngrid Betancourt personifica a todos aquellos que en el mundo están privados de libertad por la defensa de los derechos humanos y la lucha contra la violencia terrorista, la corrupción y el narcotráfico”, leyó junto a los otros miembros del jurado.
El grupo encargado de elegir al ganador subrayó en su acta que, “al destacar la fortaleza, dignidad y valentía con las que Íngrid Betancourt se enfrentó a seis años de injusto cautiverio, quiere solidarizarse con todas aquellas personas que padecen las mismas dramáticas e inadmisibles condiciones que ella ha sufrido, así como con aquellos gobiernos que, al igual que el de la República de Colombia, trabajan por la consolidación del sistema democrático y las libertades cívicas”.
El Premio Príncipe de Asturias de la Concordia se concede desde 1981 “a quienes con su labor contribuyan de forma ejemplar al entendimiento, la paz y la convivencia; a quienes luchen contra la injusticia, la pobreza, la enfermedad, la ignorancia, así como a quienes trabajen por la defensa de la libertad o que abran nuevos horizontes al conocimiento”, según reza en el reglamento.
Betancourt compitió con 51 candidaturas procedentes de 21 países, pero el jurado escogió tres finalistas. Los otros dos favoritos eran el Colegio de Europa -prestigiosa institución universitaria de posgrado-, con sede en Brujas (Bélgica), y el jesuita español Enrique Figaredo -conocido como el “obispo de las sillas de ruedas”-, que trabaja en Camboya desde 1991 y ha hecho de su vida una cruzada contra las minas antipersonas. El apoyo internacional y político que tuvo la nominación de Íngrid inclinó la balanza a su favor.
Desde que fue liberada, el pasado 2 de julio junto con otros 14 secuestrados en la polémica “Operación Jaque”, Íngrid se convirtió en una celebridad. De la selva, en donde permaneció desde el 23 de febrero de 2002, saltó a los más diversos escenarios internacionales. Ingrid, de 47 años, abandonó el horror de más de seis años de cautiverio para moverse como pez en el agua en los ambientes diplomáticos, que le son conocidos desde sus años juveniles.
Es hija del ex ministro de Educación, Gabriel Betancourt, y de la ex congresista, ex reina de belleza y ex embajadora en Guatemala, Yolanda Pulecio. Estudió Ciencias Políticas en Francia, donde su padre desempeñaba el cargo de embajador ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
Su secuestro tuvo una gran repercusión en el mundo y generó una movilización internacional sin precedentes a favor de su liberación. Fue nombrada Ciudadana de Honor en varias ciudades de más de 20 países, y en el 2004 se le otorgó el Premio Holandés a la Resistencia. Por eso, que haya sido galardonada con el Premio Príncipe de Asturias no sorprende.
El heredero de la Corona española, Felipe de Borbón, y su esposa, Letizia Ortiz, así lo confirmaron. En un telegrama que enviaron el miércoles a la colombiana, le expresaron su admiración y aprecio. “Este premio supone un reconocimiento a su extraordinario coraje en la lucha por la democracia y contra toda forma de represión, por el que se ha convertido en símbolo de libertad y de esperanza para millones de personas en todo el mundo”.
El presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, se unió a la voces de felicitación: “Es un símbolo la doctora Íngrid, que se convierte en la referencia para que todos los gobiernos democráticos del mundo tengamos que librar esta batalla contra el secuestro. El premio nos llena de orgullo”.
La más premiada
Íngrid Betancourt se convirtió desde su liberación en la mujer más premiada del año, con posibilidades incluso de ganar el Premio Nobel de Paz. Dos días antes del Príncipe de Asturias, Íngrid fue nombrada “Mujer del Año 2008“ por la organización Women’s World Award, cuyos promotores son el ex presidente soviético Mijail Gorbachov y el periodista austríaco Georg Kindel.
También el 4 de septiembre, Betancourt recibió en la ciudad italiana de Pisa el premio Mujeres para la Solidaridad. Precisamente durante esta visita, las autoridades italianas dieron su apoyo a la candidatura del Nobel de la Paz, después de que el propio ministro italiano de Exteriores, Franco Frattini, dijera tras su liberación que Betancourt sería “una excelente candidata” a ese reconocimiento. A su propuesta se unió la presidenta de Chile, Michelle Bachelet.
Betancourt es además firme candidata al Premio Sájarov, que cada año concede el Parlamento Europeo a defensores de los derechos humanos. Su candidatura cuenta con el aval de los socialistas europeos y de varias personalidades del mundo.
Apoyo internacional
La candidatura de Íngrid Betancourt llegó a la dirección de los Premios Príncipe de Asturias hace varios meses, avalada por el ex presidente colombiano Belisario Betancur. A esa propuesta se unieron voces internacionales como la ex presidenta irlandesa Mary Robinson y el cineasta Woody Allen. Luego recibió otros apoyos importantes como Vaclav Havel, Jacques Delors, Fernando Henrique Cardoso, Simone Veil, Mario Soares, Javier Pérez de Cuéllar y Nicolás Castellanos, todos ellos merecedores de este galardón.