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Como todos los años por esta época, miles de personas que residen en las riberas de los ríos Cauca, San Jorge, Magdalena y Mojana —en La Mojana bolivarense y sucreña— se preparan como pueden para afrontar los embates del invierno que, sin lugar a equívocos, siempre los ataca.
Se trata de poblaciones, como Majagual, Achí y San Jacinto del Cauca, que por encontrarse levantadas sobre terrenos anegables resultan inundadas con las lluvias de abril y diciembre, sin importar las medidas que para evitarlo tomen autoridades y habitantes.
Así las cosas, a estos últimos no les queda más remedio que alistar sus pertenencias y mudarse temporalmente hacia las zonas más altas. Muchos de estos poblados durante invierno se convierten en pueblos fantasmas, especialmente en sus áreas rurales.
Este año, los residentes tienen una preocupación adicional: la mayoría de jarillones —muros de bolsas de tierra— que instalaron en las orillas de los ríos para protegerse se erosionaron debido al fuerte verano de 2009, razón por la cual temen que los días pasados por agua se les hagan aún más interminables.
Por ejemplo, en el municipio de San Cristóbal, Bolívar, prácticamente se perdieron los $1.872 millones que invirtió la Corporación Autónoma Regional del Río Grande de la Magdalena (Cormagdalena) en la construcción de un jarillón y en obras de impermeabilización y empedrado. Todo se ha ido deteriorando.
Por ese motivo, Cormagdalena anunció una inspección a la erosión de los trabajos para contrarrestar el invierno en algunas poblaciones del norte del departamento y prometió dragados en varias zonas del Canal del Dique. Esto no tranquiliza muchos habitantes, que esperan que el río no los alcance.