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“Que la historia me califique”

La educación que recibieron varios millones de colombianos en la última década, con sus aciertos y fallas, se debe en gran parte a las decisiones que tomó Cecilia María Vélez durante sus ocho años al frente del Ministerio de Educación.

03 de abril de 2010 – 04:59 p. m.

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En promedio, durante las décadas de los ochenta y noventa, un ministro de Educación escasamente duraba un año al frente del Ministerio. Entre los paros de maestros, los escándalos de corrupción, la presión del sindicato, la politiquería, los funcionarios caían uno tras otro como cartas de una baraja.

Pasar ocho años timoneando la educación del país, como le sucedió a Cecilia María Vélez, no sólo es una excepción en la historia del país sino una tarea cuyos resultados se irán revelando poco a poco. “Dejemos que la historia me califique”, dice la Ministra al final de esta entrevista en la que cuenta cómo manejó la relación con Fecode, qué hizo para granjearse la simpatía de la oposición y por qué la calidad sigue siendo un objetivo móvil.

¿De estos ocho años cuál es su mayor orgullo?

Creo que lo más importante es dejar una institucionalidad moderna, efectiva, que permitió y va a permitir cambios permanentes.

¿Y una derrota?

Siempre hay cosas individuales que no funcionan. Se amplía la cobertura, pero siempre hay alguien que no le llega. Apuntas a la calidad, pero la calidad no aparece. Siempre son más las cosas por hacer.

Y en cuanto a lo personal, ¿qué cambió en todo este tiempo?

Fue una oportunidad maravillosa de realización personal. El conocimiento que uno adquiere del país es enorme. Gané en seguridad de que las cosas se pueden hacer. Soy más optimista.

Más que crear un modelo particular de educación, usted se dedicó a ordenar todo lo que estaba por hacer. ¿Ese fue su sello?

Hay una claridad del modelo educativo que se gestó en los 90, con la Comisión de Sabios y las leyes de esa época. Lo que logramos fue hacerlo realidad y articular todo el sistema.

Hay una tarea que pasó desapercibida y fue su intento por frenar la politiquería en universidades públicas.

Creo que, en general, del sector. Yo le agradezco mucho al Presidente y al Congreso que hayan respetado que en el sector educativo no entrara la politiquería y que las decisiones se tomaran con razones técnicas. De todos modos hay muchas presiones y nunca se puede cantar victoria.

¿Hay alguna manera para blindar los Consejos Superiores de las universidades y evitar la influencia de gobernadores?

No pienso que una universidad regional pueda estar totalmente ajena de las gobernaciones. Lo que creo es que se deben dar las discusiones con altura. Más difícil, y es un problema que tenemos, es el chovinismo en las regiones que hace muy difícil que gente que no se educó en su región llegue a altos cargos.

Esta semana va a presentar un proyecto de ley de financiación para universidades, pero ya surgen críticas. Dicen que es un esquema de pago por demanda que terminaría como las EPS…

No es exacto. Dejamos vigente la Ley 30. Hay un porcentaje de la plata que se va por el mismo esquema y es la decisión de las universidades de aumentar o disminuir su oferta. Si seguimos con el mismo esquema, van a aumentar los recursos sin que aumenten los estudiantes.

¿Qué tanto renovó la planta de maestros?

Tenemos 52.000 maestros que entraron con nuevo escalafón de 310.000 que hay en la planta. En este momento entran otros 20.000. Vamos a dejar 70.000 con nuevas reglas del juego.

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¿Cree que los maestros en Colombia sí están bien formados?

Diría que tenemos que trabajar mucho. No estamos vinculando a la mejor gente. Todavía tenemos una formación muy tradicional. En el cambio de modelo educativo una cosa es la que se dice y otra la que se hace. A un maestro le pueden decir que trabaje a partir de lo que el niño sabe, que no dé cátedras magistrales, que fomente el trabajo en equipo pero cuando el maestro sale a enfrentar un grupo repite lo que le enseñaron en su facultad.

¿Quién tenían la razón, Peñalosa con los colegios en concesión o Lucho al encargarlos a la administración local?

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Creo que los colegios en concesión tienen algunas ventajas y están dando mejores resultados en el Icfes. Sin embargo, también creo que todo el esfuerzo de Garzón por invertir en infraestructura fue muy importante aunque eso no es lo que da calidad.

¿Cómo empezó y cómo terminó su relación con Fecode?

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Siempre fue una relación muy lejana, pero de respeto. Tuvimos muy poquitas movilizaciones nacionales. El discurso de ellos no se mueve un ápice aunque se están renovando a través de la política. Más que un sindicato, son una organización del Polo, y esa es una opción. A mí lo que me parece raro es que cambien las actitudes y no cambien el discurso.

Usted se la lleva bien con la oposición. ¿Cómo hizo?

La independencia. Eso es algo que le agradezco al Presidente. Tratamos igual a un gobernador del Gobierno que al de la oposición.

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¿Es cierto que esa independencia se la ganó renunciando varias veces ante el Presidente?

Creo que sabían que en situaciones críticas no tengo compromisos políticos. Eso te da autonomía. Yo soy radical, pero soy razonable.

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¿Pero Uribe le tenía miedo?

Creo que respetaba la independencia. Él cree mucho en el trabajo que hacemos en el Ministerio. Hubo temas en los que teníamos diferencias pero llegamos a  acuerdos.

¿El Sena ha sido un protagonista a veces a costa del propio Ministerio en este gobierno?

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Para mí el Sena es un actor fundamental de la Revolución Educativa. Con diferencias y discusiones hemos ido articulando todo el sistema educativo. Obviamente su protagonismo está dado porque ejecuta directamente. Pero eso está bien. Le ha dado fortaleza para jalonar regiones aisladas.

¿Está de acuerdo con la crítica al Sena en que aumentaron cursos y cupos, pero no es educación formal?

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Ellos aumentaron mucho el número de personas vinculadas en carreras. Pasaron de 50.000 a 200.000 o incluso muchos más. Diría que probablemente hay muchos cursitos, pero también creció la parte profesional.

¿Qué dilema le resultó más difícil de manejar, el de estudiantes informantes, el participar de un gobierno que enfrentó escándalos como los falsos positivos o aceptar el control policial en las universidades?

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En esos dilemas mi posición era clara. Frente a las universidades no tuve ninguna duda de que si había problemas de orden público, había que entrar. Cuando me enfrente a la red de informantes, ahí sí no estaba de acuerdo. Llamé al Presidente y le dije mi posición. En el caso de los escándalos, uno lo que ve es un problema social complicado. El reto no es calificar o descalificar sino que con la educación cambiemos esos comportamientos. No creo que ningún gobierno pueda sustraerse a casos de corrupción con la sociedad actual.

¿Qué tareas quedan pendientes para el próximo gobierno?

Hay retos inmensos en coberturas y generalización del modelo de primera infancia. El otro reto es rápidamente llegar a 50% de educación superior.

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¿Pero no le duele que el país invierta más en seguridad que en educación?

No hay que equivocarse. En términos reales de plata crecimos mucho y este año es el primer año que los recursos de educación son mayores que gasto militar.

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Hagamos una autoevaluación como en el colegio y póngase una nota.

Creo que en este caso uno no se califica, lo califican. Dejemos que la historia me califique.

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