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En el mes de julio del año 2008 la Secretaría Distrital de ambiente (SDA), realizó un informe donde se estipula que Bogotá es una de las ciudades mas contaminadas del país y a su vez de Latinoamérica.
Esto se debe, según la SDA, a que esta ciudad aloja la cuna del sector industrial mas grande de Colombia, el cual está ubicado en la localidad de Puente Aranda donde actualmente se alojan 14 mil industrias que producen toneladas de residuos anuales y generan dicha contaminación.
Al realizar un acercamiento a esta problemática, nos encontramos con que lo que se ignora, o más bien, a lo que se le da poca importancia en este asunto, que son las formas de supervivencia que se generan a través de la reutilización de los residuos sólidos. En Bogotá existen cientos de personas que rebuscan el dinero por medio del reciclaje y literalmente viven de las basuras.
Este es el caso de Antonio Olivares, un reciclador del sector de Paloquemao, quien desde hace nueve años se dedica a este oficio. Él no mendiga, no roba y no le hace daño a nadie; ya que entendió que cualquier medio de trabajo no es deshonra y que mientras unos se deshacen de sus deshechos, otros como él, viven de ellos.
Antonio inició en la actividad del reciclaje desde hace nueve años, época en la que ya vivía en las calles, antes de esto era una persona del común y trabajaba como mensajero para una empresa; pero después de un suceso que desestabilizó su vida, recurrió a las drogas, perdiendo con ello a su familia, trabajo, amistades y hasta su propio ser. “Vivo en la calle por malas decisiones que tomé en la vida, pero hubiera podido ser peor. Estoy vivo, tengo salud gracias a Dios y por plata no me varo, siempre me la rebusco”.
A pesar de todo siempre se ha caracterizado por ser un hombre trabajador, sus días inician a las 5:00 a.m. y debido a la llamada guerra del centavo, debe estar atento de donde y cuando hay basuras para ser el primero en recogerlas. Su recorrido inicia en el sector de Paloquemao, pasando por Teusaquillo hasta llegar a Galerías, donde con su carro de balineras recoge cartón, vidrio, papel, latas y todo aquello que pueda ser de utilidad. Luego de recoger las basuras, se dirige nuevamente al sector de Paloquemao, donde en una cuadra ubicada en la carrera 22 con calle 27 ubica sus basuras para seleccionarlas; lo curioso de este lugar, es que la pared junto a la cual Antonio trabaja, posee un aviso pintado por los policías que dice “prohibido botar basuras”.
En este lugar él expande todos los desechos que ha recolectado para separar lo que sirve en distintas bolsas y lo que no le sirve lo quema con el objetivo de no dejar los deshechos a la vista pública por mucho tiempo. “La policía dice: ¡desde que trabajen y no hagan reguero!, entonces yo cojo y lo incinero de una vez para no tener problemas” afirma Antonio. Una vez que ha hecho la selección se dirige a cinco cuadras para llegar a un establecimiento donde compran el reciclaje. Esta labor le proporciona un promedio de 30 a 40 mil pesos diarios.
Es paradójico que en un país donde existen altos estándares de desempleo, un reciclador que vive en la calle gane un promedio de $1’200.000 mensuales, en este punto queda claro que vivir en las calles ya no es por necesidad, ya es otra forma de vida a la que cientos de personas se han acoplado y que lastimosamente a pasar de sus ingresos, ya no pretenden dejar atrás; como dice Antonio: “La calle es mi hogar, mi trabajo y mi sustento”.
Personas como Antonio viven literalmente de los desechos, sus fuentes de dinero están ubicadas en las esquinas de los parques, en los postes de las casas y en las fachadas de las tiendas, haciendo del espacio urbano su única provisión y el factor más importante de su día a día. “Yo salgo a ganarme mi platica dignamente sin tener problemas con nadie, y la gente ya me conoce y me busaca para que yo les saque las basuras”.
Por Jessicadoes, colaboradora de Soyperiodista.com