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Dicen que al ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio, sólo le hizo falta la batuta para parecer un perfecto director de orquesta durante la sesión extraordinaria de la Cámara de Representantes, a la que el Gobierno convocó en la madrugada de ayer para lograr la aprobación del referendo reeleccionista.
Valencia Cossio manoteaba, hacía señas —se mostraba desesperado si no le entendían—, alzaba los hombros. Hablaba alterado por celular y, cada cierto tiempo, susurraba al oído de los representantes Germán Varón y Odín Sánchez, quienes alternadamente presidieron el debate, para darles indicaciones. A la hora de los votos se le veía mucho más agitado. Por ejemplo, en el momento en que se abrió la discusión para decidir sobre los impedimentos que declararon algunos congresistas, el Ministro, desde el atril, alzaba las manos y abría bien los ojos para hacerles entender a los miembros de la bancada uribista cómo tenía que ser la votación.
Cuando el opositor liberal Guillermo Rivera le exigió que cumpliera el reglamento retirándose de la mesa directiva —por ser Valencia Cossio un funcionario del Ejecutivo y no un legislador—, el jefe de la cartera política sonrió, miró distraídamente hacia otro lado y continuó su tarea para sacar adelante la propuesta que por ahora aseguraría la reelección del presidente Álvaro Uribe hacia 2014.
El Ministro tampoco prestó mayor atención cuando varios representantes, incluidos uribistas como Carlos Motoa, de Cambio Radical, le solicitaron a Varón la presencia inmediata de Luis Guillermo Giraldo, promotor del referendo, como un requisito indispensable para seguir debatiendo, pues las normas así lo señalan en los casos de las iniciativas populares —Giraldo se hizo presente en el recinto, pero por pocos minutos—. Y mucho menos atendió las peticiones de algunos legisladores en el sentido de parar la discusión hasta que se conozca el resultado de la investigación que adelanta el Consejo Nacional Electoral (CNE) sobre presuntas irregularidades en las cuentas de la recolección de las firmas que avalaron el proyecto.
No era para menos. Con los votos garantizados de las mayorías uribistas, Valencia Cossio debía de estar muy seguro del éxito de su labor. Debido a eso, a lo mejor, se dedicó únicamente a tratar de dirigir muy bien la ‘orquesta’, marcando el camino exacto que cada quien tenía que seguir. Al menos, ese fue el sabor que quedó después de casi 17 horas seguidas de debate que, a decir verdad, no resultaron ser muy productivos —la única iniciativa tramitada fue el referendo.
El Gobierno sólo se vio en aprietos ante el final inminente de las sesiones ordinarias del Congreso, que oficialmente terminaron el 16 de diciembre a las 12 de la noche en punto. La oposición —Partido Liberal y Polo Democrático— no había escatimado esfuerzos para dilatar el debate, de manera que, una vez concluida la labor legislativa de 2008, el referendo quedara aplazado para el próximo año en marzo. La discusión había comenzado a las 10:30 p.m. Una hora después, el Ejecutivo empezó a “advertir” que, si no se le pisaba el acelerador al trámite, convocaría a extras.
Dicho y hecho: unos cinco minutos después llegó desde la Casa de Nariño el Decreto 4742, firmado por el presidente Uribe, en el que se llamaba a los congresistas a legislar en sesión extraordinaria el 17 de diciembre, es decir, después de las 12.
“El referendo merece ser tramitado… me parece que éste era el tránsito normal”, explicó minutos después a los periodistas Valencia Cossio.
Así, de madrugada, en medio de los cuestionamientos de la oposición, que cree que la convocatoria incurrió en vicios de procedimiento, el referendo terminó por ser aprobado cuando el reloj estaba por marcar las 4 de la mañana. 86 votos a favor y ni uno en contra.
El recinto de la plenaria, cosa inusual, estaba repleto. Pocos bostezos y mucha comida en los escritorios de los 166 representantes. La aplanadora uribista decidió no aceptar los impedimentos de los miembros de la coalición —entre ellos algunos integrantes de la Comisión de Acusación, encargada de investigar al Primer Mandatario—, pero sí aprobó las inhabilidades de los opositores.
Antes de la votación definitiva, la bancada de Cambio Radical, que según los rumores no quiere la reelección de Uribe, estuvo reunida en una sala aparte definiendo lineamientos. En los pasillos del Congreso se alcanzó a escuchar que a última hora estarían pensando en retirar su ponencia.
Pero al final, Valencia Cossio salió triunfante, en medio de algunos vítores y aplausos. A su alrededor, altos funcionarios, como los ministros de Protección Social, Diego Palacio; Andrés Felipe Arias, de Agricultura, y hasta la directora del ICBF, Elvira Forero, sonreían. Buena parte de la oposición se había marchado. “Uribe hasta 2080”, gritó alguien. Mientras el país dormía, el Presidente había salvado su posibilidad de ser reelegido.