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La imponente cordillera de los Andes, que extiende sus pies hasta el extremo sur del continente y cuyos brazos rodean a Colombia y Venezuela, nació a lo largo de varias decenas de millones de años y no de manera abrupta como hasta ahora lo sostenían algunos científicos.
Un estudio divulgado esta semana por la revista Science aporta pruebas para reconsiderar el origen de la cadena montañosa más extensa del planeta. Según el climatólogo, Christopher Poulsen, científico de la Universidad de Michigan, y uno de los líderes de la investigación, la teoría del crecimiento violento de los Andes se basa en datos que no han sido interpretados correctamente.
Poulsen, quien junto a otros geólogos analizaron vieja y nueva evidencia, comentó a la prensa internacional que “lo que algunos geólogos interpretan como signos de una elevación repentina son en realidad indicaciones de antiguos cambios climáticos” .
Para calcular la verdadera fecha del nacimiento de los Andes y el tiempo que tardó en alcanzar su altura promedio de 3.950 metros, los científicos recurrieron a un complejo sistema que implica medir los isótopos de oxígeno (oxígeno 18 y oxígeno 16) depositados en las rocas.
El científico explicó que el isótopo oxígeno 18 es más pesado y por lo tanto es el primero en caer con la lluvia sobre las montañas. Así, cuanto más alta es la montaña menor es la proporción del isótopo oxígeno 16. En su opinión, el mal cálculo hecho por sus antecesores se debió a que no consideraron algunos cambios climáticos a la hora de fechar el nacimiento de las montañas.
Según Poulsen, las conclusiones de que la elevación de las montañas fue un fenómeno gradual que se extendió a lo largo de varias decenas de millones de años, y no sólo tres millones de años, están comprobadas por los datos geoquímicos y sedimentarios.
El estudio fue financiado por la Fundación Nacional de las Ciencias de Estados Unidos y contó con la colaboración de científicos alemanes de la Universidad de Tübingen.