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El malestar que provocó entre los estudiantes el proyecto de reforma a la educación superior, presentado por la ministra de Educación, María Fernanda Campo, llegó a tal punto durante la última semana, que no le quedó otro camino al presidente Juan Manuel Santos que intervenir en busca de una solución razonable.
El miércoles, en vísperas de un gran paro nacional convocado por los estudiantes y al que ya habían anunciado su apoyo otros sectores sociales, Santos se reunió con parlamentarios de las comisiones Sextas de Cámara y Senado, para evaluar la posibilidades de éxito del proyecto en su trámite legislativo. Al final de la reunión la conclusión fue unánime: no existe el ambiente político adecuado para impulsar la iniciativa. “Entre el Congreso y el Gobierno estamos dispuestos a retirar el proyecto y a comenzar un diálogo constructivo y democrático, siempre y cuando vuelvan los estudiantes a clases y el cese de actividades no opere más”, anunció el mandatario.
Tan pronto se conoció la noticia, en los pasillos de las universidades se avivó el debate. Los líderes estudiantiles aglutinados en la Mesa Amplia Nacional de Estudiantes (MANE), sorprendidos por la “jugada” del Gobierno, rechazaron la fórmula, advirtiendo que el paro programado para hoy en las principales ciudades del país debe realizarse. Otro sector de la comunidad universitaria interpretó el anuncio como un gesto positivo, consideró que es hora de levantar el paro y volver a clases mientras se definen las condiciones para discutir una nueva reforma.
“La jornada de la gran marcha se mantiene. El campamento en la Plaza de Bolívar también. Pero estamos analizando en qué condiciones lo vamos a realizar. Este fin de semana vamos a tener una reunión nacional para definir cuáles son los pasos a seguir y presentar una propuesta metodológica de construcción de nuestra alternativa de reforma. Lo que sí reiteramos es que el Gobierno debe retirar la propuesta sin condicionamientos”, precisó Laura Ligarreto, líder del MANE de Bogotá.
En el mismo sentido, Juan Sebastián López, representante estudiantil de la Universidad Externado, comentó que la razón de ser del paro es la exigencia del retiro del proyecto del Congreso, pero también que existan garantías para la construcción de un modelo alternativo de educación superior.
A diferencia de lo que sucedió en Chile, donde el movimiento estudiantil llegó a comprometer la estabilidad del gobierno del presidente Sebastián Piñera, Santos y los representantes de diferentes bancadas evaluaron el costo político de insistir en una reforma, que a los ojos de los expertos en educación ya era inocua y decidieron frenarla.
Incluso representantes como Mauricio Ospina, senador del Polo Democrático, quien había expresado su total desacuerdo con el proyecto de reforma presentado por el Gobierno, señaló que se sentía absolutamente satisfecho con el mensaje del presidente Santos de retirar el articulado.
Por su parte, John Sudarsky, del Partido Verde, agregó: “El Parlamento en general se dio cuenta de que realmente había mucha oposición al proyecto y mucha molestia por unas posiciones arrogantes por parte de los directivos en la Cámara, pero hubo un sentimiento general de preocupación por los altos costos que estaba pagando gente que no tenía que ver con el paro. Entonces las comisiones le pidieron al presidente que retirara el proyecto para seguir discutiéndolo y se llegó al acuerdo de retirarlo siempre y cuando se levante el paro”.
El representante Wilson Gómez, del Partido de la U, afirmó que “el presidente Santos sigue demostrando que es un hombre de concertar decisiones y, además, les prueba a los muchachos que tiene toda la intención de discutir la reforma a la ley de educación para que les permita a todos los sectores formar parte de ella. Por esta razón enviará al Congreso de la República la solicitud de retiro del proyecto, por supuesto, siempre y cuando los jóvenes regresen a clases”.
Desde el sector académico, el rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y presidente de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun), José Fernando Isaza, afirmó que recibe la noticia “con mucho optimismo, porque demuestra que hay un cambio en las relaciones Gobierno-ciudadanía. Un gobierno que oye, que escucha opiniones y que no tiene ningún problema en cambiar de posición para bien de la sociedad. Se le abre una posibilidad interesantísima para el Gobierno y es construir con la comunidad académica un proyecto de ley que regule no solamente el servicio de educación superior, sino también el derecho de la educación superior”.
El ministro del Interior, Germán Vargas, comentó que la “propuesta de retirar la reforma a la educación es un acto de generosidad con quienes quieren culminar su semestre”.
El primer problema que tendrá que resolver el Gobierno, y los rectores, es la financiación de las universidades públicas para el próximo año. El proyecto que está tambaleando consideraba incrementos presupuestales que resultan vitales para las instituciones públicas, que durante los últimos años han visto crecer sus obligaciones, pero no sus fondos.
Por su parte, los estudiantes tienen una dura tarea por delante. Aunque el resurgimiento de un movimiento estudiantil fue aplaudido por muchos, también se hizo evidente que estaban desenfocados en sus argumentos, pues convirtieron en eslogan de la protesta la privatización de las universidades y la pérdida de autonomía, cuando los dos aspectos habían desaparecido del proyecto. Además, nunca consideraron la urgencia de los nuevos recursos que necesitan sus propias instituciones y los aspectos positivos incluidos en la propuesta.
En cuanto a la ministra de Educación, María Fernanda Campo, tendrá que buscar una solución inteligente que permita capitalizar la importancia que cobró el debate en la agenda pública. Anoche, ofreció garantías a los actores del sector para conformar una mesa de diálogo.
Los seis errores del Ministerio de Educación
Primera infancia
Pese a que es necesario reformar la educación superior, existe cierto consenso entre expertos en que la gran apuesta del gobierno entrante debía ser la primera infancia. Como lo señaló el premio Nobel de Economía James Heckman, no existe una inversión más rentable: por cada peso invertido en la educación de un menor de cinco años, se obtiene una ganancia ocho veces superior. Gran parte de las reformas universitarias urgentes se podían lograr con una ley menos pretenciosa.
Reforma sin consulta
Pretender una reforma sin el respaldo de los rectores es nadar contra la corriente. El Ministerio optó por el camino de redactar con sigilo un proyecto de ley. Sólo hasta marzo lo sacó a la luz y comenzó la discusión con el cuerpo académico. La decisión sorprendió a los rectores y generó sospechas y malentendidos. Aunque la mayoría de los rectores hoy están de acuerdo con el borrador presentado al Congreso, los siete meses de debate desgastaron al Gobierno.
Una excusa perfecta
El 2011 será recordado como el año en que los movimientos sociales cobraron un nuevo protagonismo gracias, en parte, a las redes sociales. En África cayeron dictaduras porque los ciudadanos encontraron canales de comunicación que aglutinaron sus fuerzas. En Chile, un movimiento estudiantil logró poner contra las cuerdas al presidente Piñera. Una reforma a la educación superior fue la excusa perfecta para revivir un movimiento estudiantil colombiano al que la mayoría de estudiantes le había dado la espalda durante años.
Ánimo de lucro
La idea de permitir la entrada de las universidades con ánimo de lucro, con el objetivo de aumentar la oferta y la cobertura, tocó fibras sensibles. Tanto los rectores como los estudiantes se mostraron en desacuerdo, argumentando que el lucro convertiría a las universidades en una “mercancía”. Al final, la propuesta fue excluida del proyecto de ley, pero opacó las bondades de la reforma. Además, es una de las puntas de lanza del movimiento estudiantil, que insiste en que aún es posible esta figura.
Alumnos del futuro
Los jóvenes que en los próximos años ocuparán las aulas universitarias, y que se beneficiarían de una ampliación de cobertura del 37 al 50% y del aumento presupuestal hasta 2022, no saben que la ley los favorece. Los estudiantes de estratos 1, 2 y 3 que hoy están en los colegios y que recibirían un subsidio económico para su mantenimiento durante el semestre, préstamos con interés cero o condonación de deudas hasta por un 25%, dependiendo del desempeño, tampoco tienen claro que es una ley para ellos.
Falta de información
Quien haga el ejercicio de sentarse a hablar con un estudiante universitario descubre rápidamente lo poco que conoce los detalles de la reforma. A pesar de debatir con los estudiantes, el Gobierno no se movió de su posición y en vez de encauzar al movimiento estudiantil decidió hacerle frente. Pocos saben que al retirar la reforma del Congreso las perjudicadas son las universidades, que, con las pérdidas por el paro, tendrían que esperar más de un año para solucionar sus problemas financieros.