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De las horas posteriores a los intensos bombardeos efectuados en la noche del jueves por la Fuerza Aérea en el sur del Tolima, los autoridades castrenses deducen que el máximo comandante de las Farc, Alfonso Cano, estuvo muy cerca de ser blanco de las bombas lanzadas desde el aire. Es más, según informaciones conocidas por El Espectador, las coordenadas del campamento donde se encuentra el jefe guerrillero en el Cañón de las Hermosas ya están establecidas, aunque ese lugar es muy tupido de vegetación y no se puede ver desde el aire.
Por eso, a esta hora las operaciones continúan en busca del jefe guerrillero y de su séquito de seguridad conformado por no menos de mil hombres en cinco anillos, que quedaron dispersos y aislados como consecuencia de los bombardeos aéreos.
De uno de esos anillos, y pieza clave en la comunicación entre ellos, formaba parte Jerónimo Galeano, de 50 años, cuyo nombre verdadero, al parecer, era Secundino Montiel, quien sería uno de los 40 muertos que dejó el ataque militar cuyo epicentro fue el sitio Gaitania, en inmediaciones del municipio de Planadas, Tolima, el pasado jueves.
Miembro del comando conjunto central de las Farc, asumió tras la muerte de Adán Izquierdo y durante la época de la zona de distensión (1999-2002) fue el encargado de coordinar las tomas guerrilleras en el departamento del Tolima. Reseñado en circular roja de la Interpol, era comandante de los frentes 25, Daniel Aldana y Héroes de Marquetalia, así como uno de los diez hombres de confianza de Cano. El del jueves fue el tercer bombardeo que sufrió. La gigantesca operación se inició hace seis meses en un plan coordinado entre la Policía, el Ejército y la Fuerza Aérea.
Lo primero que tenían claro los organismos de seguridad era que los recientes golpes a las Farc han llevado a que los subversivos limiten sus comunicaciones por medios electrónicos para evitar ser objeto de interceptaciones. Por eso, en un plan que retomó antiguas estrategias de detección y búsqueda del enemigo, y que utilizó pocas herramientas de última generación, la Policía infiltró las cadenas de abastecimiento (alimentos, víveres y medicinas) y comunicaciones con correos humanos de las Farc en esa zona.
Una vez se determinó la ubicación de algunos de los anillos de seguridad (que a veces desconocen lo que hacen los demás), el Ejército fortaleció el cerco y la Fuerza Aérea (con las coordenadas suministradas por la Policía), con helicópteros Arpía y Black Hawk, inició los bombardeos que causaron el elevado número de muertes entre los guerrilleros.
Pero como si fuera poco, esta operación reveló que Alfonso Cano tiene varios campamentos móviles en la región, por los que se desplaza con mucha frecuencia, al igual que el también jefe subversivo Pablo Catatumbo, debido a la intensa persecución militar. El objetivo es que los cabecillas guerrilleros se muevan y abandonen sus refugios tradicionales, para impedir que estén tranquilos, y así hacerlos más vulnerables, según manifestaron fuentes castrenses.
“Esta operación es muy similar a la que se efectuó en contra del Mono Jojoy hace algunos meses en los departamentos del Meta y Caquetá, y que luego trajo como consecuencia la muerte de uno de sus sobrinos. Se busca ir concentrando a esos cabecillas en la región limítrofe entre Meta, Tolima y Cundinamarca”, señaló un portavoz militar.
Para las Fuerzas Armadas, esta es la operación en la que se ha estado más cerca de la ubicación de Alfonso Cano, quien siendo uno de los tres miembros del Secretariado que se encuentran en Colombia, se ha convertido en objetivo número uno de la ofensiva que busca seguir diezmando a las Farc.