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De pronto un día la luz dejó de llegar. Eran las 6:00 p.m., la hora en la que religiosamente Nuquí (Chocó) empezaba a contar con el servicio de energía, y no funcionó ni la licuadora ni la lavadora. Al día siguiente fue la misma historia. Y al siguiente. Y al siguiente. Entonces la gente se enfureció. Salió a las calles. Se tomó el aeropuerto. Protestó porque ni siquiera les estaban cumpliendo con las seis horas diarias de energía a las que tenían derecho (de 6:00 p.m. a 12:00 p.m.).
Se volvió noticia nacional porque era Semana Santa, temporada de vacaciones, y en esa época Nuquí sí es noticia. Y claro, porque se había bloqueado el aeropuerto y decenas de turistas estaban allí varados. Finalmente se llegó a un consenso, con el Ministerio de Minas y Energía, con el alcalde, con el gobernador: se les restablecería el servicio de energía en las seis horas reglamentarias. Pero la promesa fue más allá. Se les informó que con los meses aumentarían las horas diarias en las que tendrían luz: a partir de junio serían ocho; en agosto, diez; en octubre, doce, y en diciembre, 15. El paro se levantó y Nuquí volvió a su realidad: a esperar que a las 6:00 p.m., esta vez sí, se pueda licuar el jugo y lavar la ropa.
Los días sin luz le dejaron al municipio el reproche de decenas de turistas, un temor permanente en la comunidad de que la seguridad se viera afectada ante tanta oscuridad, cantidades de pescado y mercado descompuestos y un cargamento de pollos, que había llegado desde Buenaventura al único colegio del municipio, podrido.
Este fue apenas el último episodio de una lucha histórica que ha dado Nuquí por la luz. Por tener luz las 24 horas del día. El alcalde Edwar Sucre se pregunta por qué en municipios vecinos como Acandí hay servicio de energía hasta 18 horas, “¿y el derecho de igualdad?”, dice Sucre desde su despacho, en una entrevista telefónica.
La luz en Nuquí es escasa y costosa. Costosísima. El municipio tiene una sola planta diésel, que funciona con el combustible que la empresa de energía eléctrica (Electronuquí) transporta en barco desde Buenaventura. Al mes la planta utiliza 4.500 galones de acpm que cuestan cerca de $43 millones (eso sin contar el transporte y el mantenimiento). El compromiso del Gobierno es subsidiar el 86% de ese servicio para las personas estrato 1 y 2 (que son el 90% de los nuquiseños), pero a veces, como en la pasada Semana Santa, los giros se retrasan y Nuquí queda en la oscuridad.
Como el problema son los costos altísimos, se han buscado alternativas. El IPSE (Instituto de Planificación y Promoción de Soluciones Energéticas) hizo un estudio en 2008 en el que recomendó: primero, seguir un “plan de eficiencia energética” para reducir las pérdidas de energía y bajar el consumo.
Segundo, se pensó en la posibilidad de crear un sistema híbrido que combinara la energía tradicional con la solar, pero los estudios dictaminaron que la radiación solar en este lugar era muy baja y los costos de esta opción no serían tan bajos como se esperaba. Tercero, y la única opción que quizá se hará realidad, es una interconexión eléctrica (entre Nuquí, Pizarro, Cértegui y Alto Baudó), lo que representa la construcción de un corredor en la selva.
Se espera que en 2014 sea una realidad. Odimar Hinestroza, gerente de Electronuquí, confía en que sea así. “La energía permite el desarrollo de una comunidad”, dice con un esbozo de optimismo.