Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El sargento Luis Alberto Erazo, único sobreviviente de la matanza de cuatro secuestrados que perpetraron las Farc, encarna el rostro del dolor por el repudiable crimen ejecutado el sábado por esa guerrilla, tras una operación de la Fuerza Pública.
La primera imagen de Erazo, que logró escapar de la tragedia, fue la de un hombre con una mirada perdida de indignación, cansado y envejecido. A las 12:43 de la tarde aterrizó, procedente de Caquetá, la avioneta 0202 de la Policía en la base de Antinarcóticos en Bogotá.
Una comisión del alto mando compuesta por los brigadieres generales Édgar Orlando Vale, inspector general; Gustavo Ricaurte, director del Inpec, y Carlos Arturo Mena Bravo, director de la Dijín, lo esperaban en la pista. Con camuflado nuevo y botas pantaneras, el sargento Erazo bajó de la aeronave, dio un breve saludo a sus superiores y, caminando con algo de dificultad en medio del aguacero que se desgajó justo cuando aterrizó, recorrió casi 30 metros hasta la ambulancia que lo esperaba para trasladarlo al Hospital Central de la Policía, donde fue sometido a una rigurosa valoración médica.
La única señal de la violencia que soportó durante su fuga la tenía en el lado izquierdo del rostro. Al notar la presencia de los medios, los observó de reojo y levantó el brazo derecho para dar un corto saludo, hizo con la mano una señal de que estaba bien y luego otra de victoria.
La ambulancia, escoltada por uniformados motorizados, hizo un breve recorrido hasta el acceso de la Dirección Antinarcóticos. El sargento se bajó un momento y cruzó un tumulto de uniformados. Esta vez, de frente y ya sin gorra, se notaban en su rostro la tristeza y el paso de los años. No pronunció palabra, subió de nuevo a la ambulancia y directo al hospital.
Allí, en compañía de su madre, Blanca, una hermana, dos hijas y un nieto, recibió la visita del presidente Juan Manuel Santos y el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón.
Al término de la reunión, el primer mandatario manifestó que “fue conmovedor ver a este héroe de la Patria en este estado de ánimo, queriendo seguir en su institución, luchando por el país”.
El sargento Erazo, natural de Túquerres (Nariño), iba a cumplir 12 años de secuestro. Su plagio ocurrió el 9 de diciembre de 1999, en Curillo (Caquetá). Fue el único que sobrevivió a la matanza, tras la operación de la Fuerza Pública en zona rural del municipio de Solano (Caquetá). Logró huir cuando comenzó el cruce de disparos. Según el ministro Juan Carlos Pinzón, lo persiguieron los insurgentes y le lanzaron granadas para evitar que escapara con vida. Se mantuvo escondido en la selva hasta que llegaron las tropas.
Ayer, en medio de la tristeza por la muerte de sus compañeros de cautiverio, Erazo regresó a la libertad y podrá relatar cómo sobrevivió a la barbarie de las Farc y cómo murieron el coronel Édgar Yesid Duarte Valero, el mayor Elkin Hernández Rivas, el intendente jefe Álvaro Moreno y el sargento José Libio Martínez, cuyo sepelio colectivo se efectuará mañana en la Catedral Primada de la capital del país, una vez terminen los exámenes forenses que les practicará Medicina Legal.