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¿Acaso no andamos en crisis? Eso puede preguntar con todo derecho el hombre de la calle, al hojear los carteles de la temporada colombiana. Y sí señor, le responderían desde el fondo de esas páginas, como para hacerle entender que frente a lo peor no hay camino diferente a ese de hacer lo mejor.
Por supuesto que no son estos buenos tiempos. Y Colombia no tiene por qué ser excepción. Al temporal que sopla desde fuera, se le suman las tormentas internas. Pero es ahí, en medio de las dificultades, que la Fiesta saca raza para ponerle el pecho a la brisa y armar, al final, un ciclo hecho con figuras y muchas ilusiones.
En Cali, por ejemplo, donde decidieron volverse a echar los largos, dignos de una plaza llena de historia y categoría. La Feria que se viene en Cañaveralejo tuvo como preludio la incertidumbre y la zozobra. Las diferencias intestinas, de vieja data, hicieron temer incluso por el cumplimiento de la cita anual, pero al final, con el aporte de componedores (como Felipe Negret, gerente de la Corporación Taurina de Bogotá) y la incidencia de autoridades locales, pudo haber humo blanco, y no cualquier humo blanco.
Ahí están, para la muestra, los botones de una pieza confeccionada con sumo cuidado de detalles y remates: un mano a mano entre Sebastián Castella y Luis Bolívar, que reúne no sólo a dos toreros de primera categoría, sino a los protagonistas de la historia contemporánea de Cañaveralejo.
Plaza que volverá a ver a Enrique Ponce, en un regreso que coincide con el pleno ejercicio de la sapiencia excelsa de un maestro. Y junto al valenciano, otra figura de pies a cabeza, la de Julián López El Juli, capaz de poner en las taquillas el ido “no hay billetes” que los caleños volvieron parte de su paisaje taurino en los años de gloria.
Pero sin ir más allá —a Miguel Ángel Perera, el mismo Luis Bolívar, Daniel Luque o Antonio Ferrera— vale la pena detenerse en el propio Castella, de quien nadie como el coso de la Calle Quinta puede dar testimonio de una evolución que ahora mismo lo pone en la cumbre del escalafón luego de un año formidable.
Cali camina en pos de recuperar la grandeza. Y la Feria tiene cómo responder a esa expectativa. Aquí lo importante no será volver sino mantenerse, pero cada momento tiene su afán y el inmediato tiene un punto de largada: hoy, cuando, además, se jugarán sus mejores cartas las ganaderías locales y otras invitadas a la fiesta, como las de El Paraíso, Juan Bernardo Caicedo y La Carolina.
Por el contrario, Manizales disfruta de una larga luna de miel con una afición que le brinda respuesta sostenida. Los viejos abonados se mantienen y los nuevos cada vez llegan de más lejos, hasta convertir hoy a la ciudad en el epicentro de una cita que convoca a todas las nacionalidades del planeta del toro bravo. Además, el ciclo de novilladas de noviembre ya no da frutos sueltos sino una auténtica cosecha de jóvenes que crecen con el aroma del café y de las corridas de toros.
Para paladares tan exigentes están, además de Ponce, El Juli, Castella, Perera y Luque, la cotizada largura torera de Uceda Leal y la presencia de Álvaro Montes, a quien también verá Cali. Y si bien se sentirá la ausencia de Morante de la Puebla (en Manizales se transpira morantismo) se espera que en Cayetano, quien lo sustituye, hay cómo y con qué responder a los alegres tendidos.
Y Medellín, en la pelea de mantener arriba una Feria a la que han intentado, en vano, hacerle daño desde los movimientos que intentan sepultar lo que jamás va a morir. En La Macarena, junto a Ponce, El Juli, Castella y Bolívar, otros como Rubén Pinar y un hombre con sitio propio en la capital de Antioquia: Víctor Puerto.
Y el torero nacional. Como protagonista. Con Bolívar, como punto máximo, y varias generaciones dispuestas a un mismo fin: el de triunfar. Pepe Manrique, Sebastián Vargas, Diego González, Paco Perlaza, Guerrita Chico, Cristóbal Pardo, Guillermo Perlaruiz, Andrés de los Ríos, José Arcila, ´Ramsés´, Manuel Libardo, Jorge Enrique Piraquive, entre otros. Y los que cumplirán su sueño de la alternativa: Moreno Muñoz, Juan Solanilla, César Manotas y José Fernando Alzate, más los novilleros que apostarán todo en los prólogos.
Una temporada que pareciera hecha para otros tiempos. Pero he ahí está el secreto de la grandeza.
Bogotá, en mayúsculas
El prestigio ganado y su confirmación en los carteles hacen de La Santamaría un imperdible de la temporada de comienzos de 2010. De nuevo, José Tomás planta su bandera en lo alto de la plaza mudéjar para llamar a las aficiones a defender la fiesta, más allá de todas las definiciones de valor que se dejan ver en los ruedos.
Al lado del de Galapagar, una auténtica constelación. Enrique Ponce, en una misma tarde con El Juli. El regreso de El Fandi a la primera plaza de Colombia. La vuelta de un triunfador que no olvidará jamás el eco de una tarde histórica: José María Manzanares. Y la de otro que ya conoce el camino de la puerta grande: Uceda Leal. Una tarde de rejoneadores, encabezados por Montes. Y mucho más, con el sello del olé bogotano, tan único, tan torero.