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Si Gilberto Idárraga, 43 años, no hubiera decidido dar clases gratis de baile a sus vecinos, sobre todo a los niños y jóvenes, hoy no sería uno de los 21 personajes más famosos del nororiente de Medellín. Decenas de vecinos lo felicitan y le hacen chistes por una fotografía suya pintada en una lona, de dos metros cuadrados, que hay puesta en una terraza, a la vista de los cientos de usuarios que utilizan a diario la línea de K de Metrocable, muchos de ellos turistas que van hacia el Parque Arví.
Un día de 2011, un fotógrafo llegó hasta su negocio de verduras, en el primer piso de su casa y le tomó la fotografía. Gilberto sabía que le tomaba la foto porque 50 estudiantes de la Institución Educativa Nuevo Horizonte lo habían elegido como uno de los habitantes más carismáticos del barrio, pero no sabía con certeza a dónde iba a parar la imagen.
Desde 2010, el programa de Paz y Reconciliación de la Alcaldía de Medellín había elegido a ese colegio para ejecutar el proyecto “Promoción de relaciones no violentas”. La Administración sabía que los estudiantes de allí, por estar en medio de grupos armados ilegales enfrentados, tenían el riesgo de ser reclutados por los combos y que por ello era necesario realizar un trabajo con los alumnos, cuenta Juan Pablo Estrada, coordinador psicosocial del Programa.
Allí encontraron dos problemas: los estudiantes tenían cierta admiración por el jefe del combo y entre ellos mismos había rechazo hacia los alumnos que vivían en los sectores donde estaban los grupos enemigos. Los muchachos habían creado en el colegio sus propias fronteras invisibles y no les hablaban a los que vivían en otros sectores.
El grupo de trabajo recordó al fotógrafo francés conocido como JR, quien ha desarrollado alrededor del mundo un proyecto en el que captura imágenes de rostros anónimos, destaca sus sonrisa, la tristeza y los expone en un tren o en otros espacios públicos, así como cuando exhibió en la favela de Morro da Providencia, en 2008, fotos gigantes de rostros de mujeres.
Juan Pablo y su equipo se pusieron en contacto con el artista, le pidieron autorización para reproducir en Medellín su idea y le solicitaron apoyo para ayudar a construir el proyecto ‘Héroes sin Fronteras’. Echaron a rodar entonces la iniciativa y encargaron al fotógrafo Felipe Mesa de captar la esencia de 21 rostros elegidos por los estudiantes.
Para los muchachos, ellos son los verdaderos modelos del barrio. Son los que, pese a que durante “20 años han estado sometidos a los imperios de las muerte, -así lo relató un líder de la Comuna 2 el 19 de julio de 2011, cuando Jean Vandoorme, embajador de Francia en Colombia, visitó la zona-, han dado ejemplo con su trabajo diario.
“Gilberto convoca a la comunidad, hace coreografías, da clases gratis. Es un símbolo de resistencia a la violencia. Muestra que hay otras opciones”, dice Estrada. Gilberto, con su vos humilde y pausada, se siente halagado, pero aclara que él no movió un dedo para que su foto estuviera allí como la de un modelo de ropa, que fueron los niños.
Jader García Patiño, 45 años, destacado por trabajar junto al párroco Federico Carrasquilla en la gestión de casas dignas para los habitantes, también dice que su foto está allí por designio de la comunidad. Agrega que su familia es la más orgullosa y que sus hijos se han convertido en sus principales fan y han regado el cuento por Facebook, comentando que la foto de su papá está en una terraza cercana a una estación de Metro. Allí estará por mucho tiempo. La Alcaldía no le puso límite a la exposición.