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Que exista vida en otro planeta del universo depende del tipo de vida que se esté buscando. Los astrobiólogos pueden estar buscando la forma más primitiva de vida, un coctel de hidrógeno, oxígeno y carbono, o seres inteligentes —no necesariamente de carne y hueso—, pero sí con una tecnología superavanzada, una civilización posbiológica, tal vez.
Lo que sí es seguro es que hay millones de planetas parecidos a la Tierra en la Vía Láctea, en los que podría establecerse alguna forma de vida. Si es así, ¿qué tipo y en qué etapa del desarrollo estaría?
Hay varias maneras de buscarla. Una sería a través de misiones espaciales, pero en la actualidad no se están haciendo, dice Paul Davies, director del Centro de Investigación de Conceptos Fundamentales en Ciencias, Instituto Beyond, de la Universidad Estatal de Arizona. Davies estuvo en Bogotá invitado por la Universidad de los Andes.
“En 1975 la Nasa envió la misión Vikingo a Marte, con el fin de buscar vida”, dice, pero los resultados fueron contradictorios: por un lado, el ingeniero Gilbert Levin, hoy profesor de Beyond, aseguró que sí, basado en un experimento en el cual expusieron un poco de suelo marciano en un medio radioactivo y obtuvieron CO2, lo que significa que allí había microorganismos. “Los otros experimentos fueron ambiguos o negativos”, le contó Davies a El Espectador, así que no hubo consenso.
Han tratado de replicar el experimento con arena del desierto chileno de Atacama (muy parecida en su composición a la que se encuentra en Marte), e idealmente repetirlo en el propio planeta rojo, pero eso valdría mucho dinero. “Creo que no quieren hacer una expedición muy costosa que deje la pregunta sin respuesta”.
Otra manera de hallar vida en otros planetas es captar señales alienígenas desde la Tierra, pero tampoco se ha escuchado nada.
¿Qué es lo que queremos encontrar? Cuando niño, Davies miraba las estrellas desprevenidamente y se preguntaba cómo sería un ser inteligente si existiera en alguno de esos puntos luminosos. Finalmente resolvió estudiar física y astronomía para tratar de hallar una respuesta. Con ese propósito ha visitado el desierto de Atacama, en Chile, o las colinas Pilbara, en Australia, buscando restos de fósiles que lo ayuden a descubrir si existe algún tipo de vida extraplanetaria. Así es. En la Tierra, buscando vida extraterrestre.
Partió de una teoría: si hace miles de millones de años, por la actividad de asteroides y cometas que chocaban contra Marte y la Tierra, se generaron explosiones que provocaban que fragmentos de un planeta llegaran hasta el otro, era muy probable un intercambio de vida que viajaba adherida a esas rocas. “Llegué a la conclusión de que como aquí en la Tierra hemos encontrado rocas de Marte, era posible que la vida hubiera empezado en ese planeta”.
Pero nadie le paró bolas. Ahora su pregunta es más profunda: ¿cuál es el origen de la vida? “Es un problema complicado. Si la transición de la ‘no vida’ a la vida es algo extremadamente raro, es probable que estemos solos en el universo; pero si concluimos que es fácil hacer vida, entonces podemos esperar que la haya”.
Entonces, ¿qué es vida? La respuesta, según Davies, es que definitivamente no es de lo que estamos hechos. El punto es cómo esos componentes están dispuestos y la manera como se organizan las moléculas. “Esa es la magia de la vida”. Y una característica es que los seres vivos, desde una cianobacteria hasta el ser humano, procesan información. Aunque se sabe que la información es importante para la vida, aún no hay una teoría que describa cómo es su relación con la materia, porque la información existe como un ente abstracto. “Cuando entendamos la información, creo que entenderemos el concepto de vida”, dice Davies.
Búsqueda de vida inteligente
¿Cuántas civilizaciones hay en el universo enviando señales hacia nosotros? Las respuestas van desde las más optimistas, que dicen que al menos diez mil, y las más escépticas, que responden cero.
Los ojos y los oídos terrestres que están expectantes a cualquier movimiento no natural en el espacio se encuentran en California, donde está la Matriz de Telescopios Allen, que cuenta con cerca de 40 antenas de radiotransmisión.
El programa estadounidense que lidera el proyecto Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI, por sus siglas en inglés) lleva 52 años esperando alguna señal de radio u óptica proveniente de un ser inteligente del espacio. Hasta ahora lo único verdaderamente real que ha recibido es Un silencio inquietante, como lo describe Davies en su libro así titulado.
El planeta más cercano con potencial de albergar una civilización que posea radiotecnología está ubicado a mil años luz de la Tierra. Imagínese esa civilización enviando una señal a la Tierra… llegaría dentro de mil años, y si para ese entonces los terrícolas tenemos la tecnología para recibirla y contestar, duraría otros mil años luz en volver al emisor.
Davies hace otra propuesta: la huella alienígena. “No busquemos alienígenas enviándonos señales sino signos de tecnología alienígena donde sea”, dijo, asegurando que no sería muy costoso. “Debemos buscar cualquier cosa que demuestre que es artificial; puede ser en los genes, artefactos en la Luna, cosas peculiares en el espectro de las estrellas, cualquier cosa que no sea natural”.
Huellas, evidencias que pueden ser de hace tres o cuatro billones de años. “No es que vayamos a encontrar a ET en la Luna”, remató, “pero el silencio demuestra que no hay vida inteligente cerca del planeta Tierra… o que al menos no está haciendo ruido”.