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Hay niños de tan sólo un año que le prestan atención, entusiasmados, a cada uno de los movimientos que realiza Dora la exploradora mientras recorren el mundo en su compañía. En cambio hay otros que bailan al ritmo de la música de las canciones de Hi-5. Y no puede olvidarse el bebé que toma su tetero mientras lo arrulla el sonido de la televisión o el que se queda absorto ante las propagandas de Discovery kids.
Hoy, los menores de tres años cuentan con un privilegio que no tuvieron otras generaciones: programas pensados y dirigidos exclusivamente para ellos. Una oferta que se ha ampliado en los últimos años y que, en general, sigue el formato de los Teletubbies, la exitosa serie inglesa creada en 1997 y transmitida en 120 países, gracias a la cual las programadoras comenzaron a interesarse en esta franja y a crear nuevos contenidos como Pocoyó, un niño muy curioso que recorre el mundo con sus amigos y en el que predominan los colores y los movimientos alucinantes. .
Ya para el año 2003 se lanzaron canales dedicados las 24 horas a entretener a los menores de tres años al estilo de Baby Tv. Una propuesta televisiva que ha tenido contentos tanto a los padres como a las programadoras. A los primeros porque sienten cierto alivio y seguridad de que sus hijos vean programas avalados por educadores y psicólogos y a los segundos porque se ha incrementado significativamente el rating.
Sin embargo, existen voces de protesta en contra de estas series. La más radical fue la de la ministra de Salud de Francia, Roselyne Bachelot, quien en abril de este año se pronunció en contra de la emisión de programas dirigidos para los menores de tres años y sugirió a los padres no dejar que sus hijos vean televisión. La recomendación se convirtió en ley el pasado primero de noviembre, cuando el Consejo Superior Audiovisual (CSA) francés, entidad que protege a los televidentes, prohibió que las cadenas francesas editen, difundan o promuevan programas dirigidos al público infantil.
La norma, además, obliga a que los canales de cable o de televisión digital informen de forma legible que la televisión puede frenar el desarrollo de los niños menores de tres años, aún cuando los programas estén dirijidos a ellos.
¿Qué llevó a que el Ministerio de Sanidad francés y la CSA impulsaran esta medida? Sus argumentos son una serie de estudios que contrataron y que fueron realizados por médicos pediatras y expertos en comportamiento infantil, en los que se advierte que por debajo de los tres años el intercambio y estimulación son indispensables para el crecimiento de los niños y no deben ser reemplazados por la televisión. Además, los expertos alegaron que ésta disminuye el desarrollo de los preescolares y favorece la pasividad, los retrasos en el lenguaje, la agitación, los problemas de sueño y de concentración, así como la dependencia a la pantalla.
A esta investigación la respaldan varias publicaciones de la revista Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine de 2006 que confirman algunos efectos negativos, como la relación entre el aumento de las horas que pasa un niño viendo sus programas favoritos y el riesgo de que sufra de obesidad, incluso cuando el aparato sólo está encendido.
¿La TV, un enemigo?
Una decisión como la que tomó el gobierno francés genera dudas sobre si efectivamente la televisión infantil es tan perjudicial como para suspenderla. Según Rafael Vásquez, psiquiatra infantil y docente de la Universidad Nacional, “en Francia crearon la norma porque aseguran que la televisión afecta el desarrollo de los niños, lo cual es difícil de comprobar de forma experimental. Además, tomaron una medida de acuerdo a un estudio ideológico, es decir, según lo que ellos creen y asumieron que todo el mundo debe acoplarse a eso”.
Para Liliana Anzola, coordinadora de preescolar del colegio The Victoria School en Bogotá, no es tan fácil llevar a la práctica este tipo de normas porque la televisión ocupa un lugar muy importante en las actividades cotidianas de los niños. Por su parte, Martha García, psicóloga del mismo centro educativo, aclara que, en cierta medida, entiende la decisión de Francia, debido a que los padres se desentienden de ellos y los dejan ver televisión sin preocuparse por lo que puedan estar aprendiendo.
“Aunque no comparto la decisión, entiendo que fue una especie de ultimátum. Sin embargo, pienso que antes de crear una medida tan radical se tendría que hacer un trabajo con los colegios y los padres, en donde se demostrara a estos últimos cómo el problema no es si la televisión es perjudicial o no, sino su responsabilidad alrededor de esta práctica”.
Una postura que comparte Sandra Vernaza, directora del jardín infantil Cometas, quien explica que los niños creen todo lo que ven, incluido lo que se les muestra en los programas especialmente diseñados para ellos. Por eso es fundamental que el pequeño vea televisión acompañado de un adulto responsable, que pueda resolver sus inquietudes y cerciorarse de que vea programas acordes con su edad.
El problema, según este grupo de pedagogos, radica en que en nuestro país los padres trabajan hasta altas horas de la noche, por lo cual los niños no tienen otro remedio que ver televisión, ya que no hay un adulto que los incentive a realizar otro tipo de actividades. Entonces, “lo malo no es la televisión sino el entorno de crianza”, argumenta Vásquez.
Katerine Moreno, asesora de la dirección de comunicaciones del Ministerio de Cultura, sin embargo, cree que la responsabilidad no sólo recae en los padres, sino también en los productores, quienes deben asegurarse de ofrecer entretenimiento a los niños con un contenido educativo. Esto ha hecho que “tengan cuidado al hacer programas para los preescolares, porque son conscientes de la posibilidad que da la televisión para reforzar el aprendizaje. Por eso todas las series tratan de estimular los sentidos de los niños”.
Cuestión de tiempo
El psiquiatra Rafael Vásquez es enfático al afirmar que no considera que la televisión afecte el desarrollo de los menores, pues ésta “no produce ni avance ni retroceso en el niño, simplemente lo entretiene”. Sin embargo, asegura que lo que sí está comprobado es que los niños comen más cuando están sentados viendo series televisivas, por lo cual corren un riesgo mayor de sufrir de obesidad. Así que para él resulta de vital importancia que los padres, además de verificar qué programas
ven sus hijos y comentarlos con ellos, establezcan un tiempo límite para ver televisión que, según la Academia Americana de Pediatría, no debe superar las dos horas diarias.
Para Juanita Gómez, comunicadora social y madre de familia, los padres deben hacer que los niños intercalen otro tipo de actividades con la televisión. “Yo dejo a mis hijos ver programas y después los saco al parque. A veces, son ellos quienes se acercan a la puerta para que los lleve a jugar”.
Lo cierto, es que a pesar de la polémica que se ha generado en la comunidad francesa por la prohibición del gobierno de emitir estas series infantiles, los expertos colombianos aseguran que ésta no es la forma más indicada de manejar la situación, pues cuando a un niño no se le permite hacer algo, es bastante probable que busque, a como dé lugar, hacerlo. Por eso, coinciden en que deben ser los padres quienes decidan si convierten la televisión en un enemigo o en un aliado. “Sólo en la medida en que se tomen el tiempo de revisar lo que sus hijos están viendo, pueden convertir este medio en una herramienta benéfica para su desarrollo”, concluye Anzola.
Recomendaciones para los padres
Acompañe a su hijo mientras ve televisión y comente lo que ven.
Si usted no lo acompaña, cerciórese de que un adulto responsable lo haga.
Establezca normas en cuanto al tiempo diario para ver los programas. No deben ser más de dos horas, según la Academia Americana de Pediatría.
Enséñele a ver televisión sentado, con la espalda recta.
Busque que no se siente demasiado cerca al aparato.
Invite a su hijo a hacer otro tipo de actividades, como ir al parque, después de que ve televisión.
No deje que su hijo coma mientras ve los programas infantiles. Invítelo a pasar un rato agradable con toda la familia en la mesa.
Busque que el televisor esté en un estudio o un corredor, pero nunca en la misma habitación del niño.
Trate de que no vea televisión inmediatamente antes de dormirse, para impedir que tenga un sueño intranquilo.