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Algunos ven como poco propicio el ambiente que se vive por las nuevas tensiones entre Colombia y Venezuela por cuenta de la muerte de nuestros compatriotas en territorio venezolano y las acusaciones recíprocas de espionaje.
Si bien hay afinidades innegables entre los gobiernos de Quito y Caracas, no hay duda de que existen notables diferencias que ameritan caminos independientes. Darle un tratamiento homogéneo, como un bloque, sólo contribuye a cerrar las posibilidades de la normalización de las relaciones colombo-ecuatorianas.
La principal diferencia que se ha visto recientemente es la voluntad del gobierno ecuatoriano de avanzar constructivamente en el mejoramiento de las relaciones exteriores. Iniciativa que tomó por sorpresa a muchos de nosotros durante la pasada cumbre de Unasur. Paralelamente, Caracas mantiene la misma retórica altisonante mientras se agudiza la crisis económica interna.
El reto para Colombia y Ecuador está en lograr que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la construcción de confianza sean una política de Estado. En este sentido, es indispensable que las tres ramas del poder público en ambos países orienten sus acciones con ese propósito, aplicando los mecanismos existentes en su legislación o introduciendo aquellos necesarios para el efecto; asimismo, los gobiernos deberán privilegiar los canales diplomáticos antes que el uso de los medios masivos de comunicación para mantener un fluido diálogo bilateral.
Los únicos que salen fortalecidos de la división entre Colombia y Ecuador son la pobreza y el crimen organizado. A este último le interesará ahondar las diferencias con el único propósito de hacer menos eficaz la acción del poder estatal a cada lado de la frontera.
* Senador liberal