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El padre Camilo Bernal Hadad apenas conoció al presidente Juan Manuel Santos el 22 de diciembre del año pasado. Ese día el primer mandatario recibió de una firma multinacional cazatalentos su hoja de vida, seleccionada para ocupar el cargo de la dirección del Sena.
Durante el mes anterior, el padre, quien era el rector de la Corporación Universitaria Minuto de Dios (Uniminuto), tuvo que realizar pruebas y entrevistas que corroboraran que su nombre era el indicado para dirigir una de las instituciones más importantes del país. Varios domingos, mientras tenía que resolver algunos de estos exámenes, el padre Bernal recuerda que se preguntaba a sí mismo cómo había terminado en ese rollo, si no estaba buscando trabajo.
Entonces venían a su mente las reflexiones acerca de lo importante que es aprender a desarraigarse y de que el futuro es producto de la providencia divina, que a lo largo de sus 56 años lo ha llevado por caminos distintos —algunos dolorosos, como cuando sintió el llamado para hacerse sacerdote y se encontraba cursando la maestría de sus sueños en Francia, que finalmente dejó para vincularse con la comunidad eudista a la que perteneció el padre Rafael García Herreros—, pero eso sí, siempre ligados al terreno de la educación.
En realidad la llegada del padre Bernal a la dirección del Sena sí fue fruto del azar. En octubre de 2010, cuando estaba en el aeropuerto de Washington de regreso al país, después de participar en un evento de la Corporación Financiera Internacional (adscrita al Banco Mundial), se encontró con el director de Planeación Nacional, Hernando José Gómez, y con el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry.
Después de conversar un rato acerca del posicionamiento que estaba logrando la Uniminuto, Gómez y Echeverry le preguntaron si no se le mediría a convertirse en la nueva cabeza administrativa del Sena. Luego, el padre Bernal supo que ese mismo comentario se lo hicieron al presidente, a quien le sonó la idea. Para curarse en salud, pues desde hace algún tiempo dirigentes sindicales han denunciado que el Sena se había convertido en un fortín político, el primer mandatario decidió el pasado 25 de noviembre iniciar un proceso meritocrático que concluyó esta semana con el nombramiento oficial del padre Bernal.
La era del cambio
A pesar de que reconoce que su antecesor, Darío Montoya, fue un gran innovador al implementar las aulas móviles, los tecnoparques y el Sena en red, además de realizar un magnífico esfuerzo que se vio reflejado en el significativo aumento de cupos y en consolidar una cobertura nacional, el padre Bernal confiesa que durante su gestión habrá cambios significativos.
Aunque asegura que no ha llegado el momento de hacer anuncios y que necesita tres meses para conocer a profundidad la entidad y repensar algunas cosas, le anunció a El Espectador que la transformación del Sena se dará en varios aspectos. En primer lugar, se realizará una revisión de los programas, con miras a mejorar su calidad y lograr que sean competitivos a nivel internacional.
También se evaluará la gestión de los instructores y se doblarán los esfuerzos para conseguir colaboración del sector empresarial, pues a comparación de la cantidad de cupos disponibles (más de ocho millones), los contratos de aprendizaje que se han firmado y que le dan la oportunidad a quienes estudian en el Sena de formalizar su situación laboral, son muy pocos, no superan los 130 mil.
Otro de los aspectos será el de combatir lo que bautizó como la enfermedad de la doctoritis. “Todo el mundo quiere ser doctor. Si no tienen un título de cinco años, alguna especialización o maestría, sienten que no son profesionales respetables”. Este es uno de los factores por los cuales, asegura, tenemos un 30 por ciento de formación técnica y tecnológica y un 70 por ciento de formación universitaria. “Y a eso hay que darle la vuelta”.
¿Cómo? El padre Bernal explica que para conseguirlo hay que garantizar la calidad de la formación y del trabajo de quienes se gradúan en el Sena, para “contribuir a modernizar el capital humano de las empresas de tal manera que éste sea más productivo y le genere mayor riqueza a la sociedad”.
Y en este punto, advierte, hay un largo camino por recorrer. Al igual que para lograr contribuir a la formalización del empleo en Colombia, acelerar la transferencia de tecnologías a otras naciones y posicionar los programas de la institución para que sean competitivos con países como Australia.
En medio de la emoción por comenzar este nuevo reto, el padre Bernal confiesa que aún no lo tiene todo claro y que esta etapa que viene será para escuchar y analizar los pasos a seguir. Citando a San Pablo, es enfático al decir que “hay que recoger lo sembrado y cuidarlo, pero también es necesario que haya cambios e innovaciones”.