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Biodiversidad, más que un simple orgullo

A pesar de que la mayoría de cifras ubican al país entre aquellos con más potencial biodiverso, aún no se ha descifrado cómo usar esas ventajas a nuestro favor.

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Colombia es el primer país en diversidad de aves y orquídeas, el segundo en plantas y especies, el tercero en reptiles y palmas, y el cuarto en diversidad de mamíferos. Sin embargo, aparte de mencionarlo con orgullo en nuestras conversaciones, no hemos descifrado muy bien qué hacer con esos datos. Por eso en el encuentro “Biodiversidad y desarrollo, un reto para Colombia”, convocado por El Espectador, Isagén, WWF, Colciencias, EPM y el Instituto Humbolt, los expertos discutieron los retos del país para que el crecimiento económico y la biodiversidad no tomen caminos contrarios.

“¿La sostenibilidad es incompatible con el modelo de crecimiento y consumo o con todos los modelos de desarrollo?”, se preguntó Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt. Según explicó la experta, la relación no es tan simple, pues en ella se atraviesan factores tan importantes como la seguridad alimentaria, la erradicación de la pobreza y la justicia social. Los efectos de la pérdida de la biodiversidad no siempre tienen un impacto directo en las comunidades que la transforman, por esto hay que empezar a pensar en una justicia ambiental.

“Esto tiene un trasfondo fundamental de carácter social, porque no sólo estamos afectando las funcionas ambientales del planeta, sino que estamos andando por un límite fuera de la seguridad. Vivir en estos límites no es equitativo, sino que suele afectar a los más pobres”, agregó.

Para Luis Germán Naranjo, director de conservación de WWF, el problema radica en que hay una “amnesia colectiva” que olvidó la relación entre biodiversidad y bienestar humano. “La biodiversidad es una matrioska y las muñecas que tiene dentro están quedando invisibles. Se nos olvida que abarca desde los genes, porque no los vemos, hasta los grandes paisajes que por su extensión invisibilizan las partes que los componen”, explicó.

Por eso el experto propuso hacer un “recorderis” del potencial que está allí. Las 7.000 especies que se han aprendido a cultivar sólo representan el 3% de lo que se podría sembrar para consumo y las 35 especies animales domesticadas sólo son el 0,002% de las especies conocidas. En la medicina tradicional hay entre 50.000 y 70.000 plantas que no hemos aprovechado y se ha olvidado que los murciélagos, aves y abejas inciden sobre el 35% de la producción agropecuaria mundial.

Además, tener mayor biodiversidad es un seguro de vida. “La naturaleza es redundante en el sentido de que muchas especies cumplen funciones parecidas, pero si no existieran esas llantas de repuesto las funciones y regulaciones básicas estarían amenazadas”, concluyó el experto.Lo importante, resolvió Albeiro Lopera, coordinador de BanCO2 Cornare, es que la biodiversidad no se nos quede en orgullo, sino que existan proyectos de conservación y producción que la hagan rentable. Por ejemplo, la iniciativa BanCO2 ha protegido 7.300 hectáreas a través del pago por conservación que se da a familias que antes vivían de la tala. “Aquí lo curioso es que la calidad de vida de los campesinos, que tienen una huella ambiental baja, es precaria frente a las ciudades que pueden acceder a todos los servicios básicos, con una huella mucho más alta”, agregó.

Uno de los principales retos que tiene la biodiversidad en el país es la agricultura, pues al ser considerado uno de los sectores que más contaminan y deforestan, puede aliarse con la biodiversidad para encontrar nuevas estrategias. Para Luz Stella Barrero, jefa del departamento de biodiversidad de Corpoica, la clave de este sector es garantizar la seguridad alimentaria a través de la sostenibilidad a 2050. ¿Cómo lograrlo? A través de la biodiversidad genética que es útil ante las plagas, la variabilidad climática y la salud del suelo que puede afectar cultivos.

Biodiversidad como parte del desarrollo

“La biodiversidad es a Colombia lo que el petróleo a Arabia Saudita”. Con esta frase, Javier Sabogal, coordinador del programa de preparación del Fondo del Clima Verde del PNUD, resumió el debate: la biodiversidad tiene un alto potencial económico.

Aunque de acuerdo con el capitán Francisco Arias, director de Invemar, al país se le ha olvidado que es marítimo, la mayoría de procesos que ocurren en el mar son necesarios para el bienestar humano y económico. “Las corrientes marinas son las que garantizan el clima del planeta, el mayor productor de proteína es el mar y sólo las funciones de los arrecifes de coral podría pensarse que equivalen a 9,5 billones al año. El mar es un sistema olvidado, pero es vital”, aclaró.

No obstante, el mar no es el único olvidado, pues, según explicó Carlos Rodríguez, director de Tropenbos Internacional Colombia, el conocimiento local y tradicional ha acumulado información que la ciencia formal no ha querido validar. “Hablamos mucho de biodiversidad, pero poco la conocemos, por eso no sabemos aprovecharla. El problema es que ese conocimiento no está en nosotros, sino en las comunidades”, agregó el experto.

De hecho, en el Amazonas se consumen 170 especies de pez, 230 especies de fauna silvestre y se han identificado 250 variedades de yuca.

Por esa misma línea va la idea de Clara Ligia Solano, subdirectora de conservación e investigación de la Fundación Natura, quien aclaró que para cualquier proyecto de conservación se deben incluir tanto el conocimiento como el ingreso que reciben las comunidades locales.

Ante esto, Felipe García, director del proyecto BIO de Colciencias, aclaró que se está haciendo un esfuerzo por aterrizar el conocimiento científico a las empresas, pues es un sector que no sólo está desconectado del desarrollo, sino del conocimiento tradicional. “Hay un tema de conocer a nuestros pueblos tradicionales, pero queremos que ese conocimiento tenga una fuerza muy estratégica”.

Lo que hay que entender, en palabras de María Claudia García, directora técnica de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente, es que “la biodiversidad no es un estorbo para el crecimiento económico, sino su base”. El potencial genético que esconde podría ocultar la cura para próximas enfermedades, los servicios ecosistémicos que da permite que se mantengan todas las industrias, y, a nivel de paisaje, no hay quien se niegue a afirmar que recrea la mente.

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