Las aguas residuales de la cárcel de San Andrés que van a dar a un arroyo de la isla

Desde hace más de 15 años, la cárcel de San Andrés, que, como todas las del país, tiene sobrecupo, ha vertido parte de sus aguas residuales a un arroyo. Aunque se creía que las aguas venían de la planta de tratamiento, parece ser que las aguas salen de dos tuberías de las que nadie conoce su origen.

La cárcel Nueva Esperanza, en San Andrés, fue construida en 1994. Según la USPEC, no cuentan con los planos del edificio, por lo que no tienen claro cómo están diseñadas las redes sanitarias.
La cárcel Nueva Esperanza, en San Andrés, fue construida en 1994. Según la USPEC, no cuentan con los planos del edificio, por lo que no tienen claro cómo están diseñadas las redes sanitarias.
Foto: USPEC

Los habitantes de Schooner Bight, un barrio al occidente de San Andrés, han vivido temporadas en las que les cuesta describir el olor del ambiente. “Hay turistas que vienen y se van contentos; pero hay otros que al irse preguntan ‘¿a qué huele?’. Da hasta vergüenza recibirlos así”, señala un comerciante de la zona. Es una mezcla entre el hedor de la comida en descomposición y de una cañería taponada, que durante los días de lluvia se hace más evidente.

Andrés Mauricio Díaz Páez

Por Andrés Mauricio Díaz Páez

Periodista y politólogo enfocado en temas ambientales, transición energética y educación. diazporlanoche amdiaz@elespectador.com
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