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El temor de que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, diera vía libre a la invasión de tierras en la Amazonia, la tala y la quema se ha vuelto realidad. Las últimas cifras sobre deforestación en esta región muestran un incremento en la pérdida de bosque por encima de tres campos de fútbol por minuto. Esto significa que esta problemática, que acaba con la selva más grande del mundo, está acercándose a un punto de inflexión más rápido de lo pensado. (Lea: Parques Nacionales e indígenas de la Sierra Nevada dan un paso hacía el ecoturismo en el Tayrona)
La tasa de deforestación en el país, que registra aumentos cada mes, llegó a abarcar un total de 1.345 kilómetros cuadrados de pérdida de bosque en julio. Es decir, a falta de unos días para terminarse el mes, esta cifra ha superado por un tercio el récord mensual desde que se monitorea esta problemática bajo el sistema satelital Deter B, que arrancó hace cuatro años.
El mayor peligro, consideran los expertos, es el punto de inflexión al que se está acercando la Amazonia. Se trata de una degradación tal que la erosión termine por acabar con la cubierta arbórea, debilitando a su vez el rol de esta selva, imprescindible para la salud ambiental del planeta. Así pues, el riesgo está en que la Amazonia se transforme en una sabana, perdiendo su capacidad de absorber carbono.
El problema radica lejos de la selva, entre las casas de gobierno bajo la administración de Jair Bolsonaro, quien fue apoyado desde el principio de su campaña por empresarios de negocios agrícolas y mineros. Ese apoyo deja entrever las políticas del jefe de Estado, que ha criticado en distintas ocasiones las cifras de monitoreo de deforestación.