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La defensa ambiental y territorial es un ejercicio cotidiano de prácticas y costumbres: herencia inmaterial para las nuevas generaciones que cuidarán el territorio, asegurando que familias y comunidades tengan un futuro.
Foto: Animales de Monte
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Esta forma de vida basada en el cuidado mutuo y con la tierra, muestra que es mucho más que recursos por explotar, sino que la humanidad hace parte de un organismo al que hay que escuchar, entender y defender.
Foto: Animales de Monte
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Así, las comunidades viven en comunión con elementos como el agua, que ocupa un lugar central en sus vidas físicas y espirituales; y en las que los ríos mismos cuentan historias.
Foto: Animales de Monte
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La dimensión espiritual es fundamental para las comunidades, pues el territorio no es simplemente un lugar físico; se trata de un tejido, un conjunto de costumbres, recuerdos y relación con el espacio. Por eso, protegerlo se convierte en un compromiso colectivo.
Foto: Animales de Monte
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Por esto, los defensores no lucha solamente por la conservación, sino por la dignidad, el respeto y autonomía para tomar sus decisiones y construir economías propias, alternativas y comunitarias que no destruyan la naturaleza, sino que la preserven.
Foto: Animales de Monte
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La juntanza es motor del desarrollo comunitario. La unión cementa el amor al territorio y promueve la organización y colaboración entre las personas de la comunidad, para transformar y construir futuro.
Foto: Animales de Monte
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El territorio no es solo el espacio que habitan, sino que forma parte de la esencia de su identidad. Es su hogar, su historia y su futuro. En los espacios que Ambiente y Sociedad ha podido acompañar, mujeres y hombres trabajan conjuntamente para proteger su legado y lograr que este trascienda a las futuras generaciones.
Foto: Animales de Monte
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En este sentido, las aguas y los ríos también se vuelve un símbolo del trabajo y unión entre las personas y la naturaleza y el trabajo colectivo.
Foto: Animales de Monte
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Líderes y defensoras ambientales tejen redes de apoyo, promueven el cuidado de la tierra y fortalecen una cultura de resistencia que permite que los pueblos y territorios se mantengan sus recursos y mitiguen los impactos del cambio climático.
Foto: Carlos Arias
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La armonización, como ceremonia previa a los espacios de diálogo y trabajo colectivo, es una práctica que reafirma la importancia de la conexión espiritual y comunitaria. Antes de iniciar cualquier proceso, es fundamental preparar el espíritu para fortalecer la confianza y alinear las energías.
Foto: Johana Mendoza
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Por eso, para las comunidades es fundamental mantener la conexión con el juego, el gozo y la escucha. Reflexionar y construir a partir de diferentes experiencias y saberes es un pilar para nutrir territorios y futuros sostenibles.
Foto: Johana Mendoza
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Como organización, hemos evidenciado el respeto y guianza que ejercen los sabedores, sabedoras, líderes y lideresas: sus voces trascienden en el tiempo y permean la cultura y formas de vida de las comunidades.
Foto: Johana Mendoza
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Precisamente, es en los más pequeños en quienes estas formas de vida y vínculos espirituales con el territorio más resuenan. Son las niñas y los quienes quienes replicarán al mundo estas maneras de relacionarse con el ambiente.
Foto: Johana Mendoza
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Así, en un abrazo, se teje el arraigo a las comunidades y a los territorios. En ese tejido de lucha, los y las defensoras ambientales son el hilo que mantiene vivo el equilibrio entre la naturaleza y la humanidad.
Foto: Johana Mendoza
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Además, nuestro trabajo conjunto con organizaciones de base refuerza estos espacios de encuentro. Son estas las que permiten recoger las voces del territorio, materializar las ideas y articular acciones que fortalezcan la defensa ambiental. Su labor es imprescindible para garantizar que la protección del territorio no sea solo una idea, sino una realidad.
Foto: Johana Mendoza
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Estamos convencidos de que la acción climática requiere voluntad política y financiamiento suficiente, equitativo y justo para garantizar futuros sostenibles.
Foto: Johana Mendoza
El trabajo colectivo es una expresión que entrelaza saberes y conocimientos para la supervivencia y la protección del lugar donde habitamos. Sin embargo, esta labor implica tiempo, disposición y recursos para garantizar en el tiempo.
A través de la comunicación y la fotografía, esta muestra visibiliza las formas de vida con las que las comunidades y organizaciones locales del país enfrentan los retos cotidianos que impone el cambio climático y crean alternativas de cuidado y resiliencia.
Cada imagen y relato muestran que, aunque las soluciones nacen de la colaboración, de la memoria y de la creatividad de los pueblos, los recursos son limitados y las demandas incesantes. Por eso, desde la Asociación Ambiente y Sociedad promovemos el fortalecimiento de capacidades en temas de financiamiento climático, con el objetivo de concientizar y sensibilizar que estas apuestas no pueden sostenerse sin compromisos claros de los gobiernos y de la comunidad internacional. Estamos convencidos de que la acción climática requiere voluntad política y financiamiento suficiente, equitativo y justo para garantizar futuros sostenibles.
* Esta galería hace parte de una alianza entre El Espectador y Ambiente y Sociedad.
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