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¿Qué preservaremos para los próximos 500 años?

Según este colombiano, director de Wildlife Conservation Society, esa es la gran pregunta que debe responder la humanidad. Para eso, dice, hay que trabajar para concretar el acuerdo climático de París.

Sergio Silva Numa
19 de diciembre de 2015 – 09:00 p. m.

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Una de las primeras veces que el rostro de Cristian Samper le dio la vuelta al mundo fue a finales de la década del 80 cuando investigadores de National Geographic lo retrataron trepado en la copa de un árbol en Nariño. Desde ese instante, su nombre empezó a ser mucho más usual: él, biólogo, fue uno de los fundadores del Instituto Humboldt, presidió el órgano científico de la ONU para la biodiversidad y aconsejó a la mesa del Caguán en temas ambientales.

Pero quizá el mayor logro de este colombiano que en verdad nació en Costa Rica y que tiene un doctorado en Ecología Vegetal de Harvard, es haber llegado en 2003 a la dirección del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, acaso el más reconocido por su colección de 125 millones de especímenes. De ahí saltó a Wildlife Conservation Society (WCS), una de las organizaciones más antiguas en temas de conservación. Fue creada en 1895 y hoy está en 65 países. Samper es su director desde 2012.

Desde su oficina en el Zoológico del Bronx en Nueva York, conversó con El Espectador sobre uno de los temas que más lo inquietan: el cambio climático. Dice que es esencial entender lo que vendrá luego de la cumbre de París. Para él lo que se logró es histórico aunque sea el inicio de un camino lleno de obstáculos. “El reto de Colombia”, cuenta, “será frenar la deforestación y pensar en un nuevo ordenamiento territorial con otro modelo de desarrollo que no dependa de las energías fósiles”.

Usted es el director de WCS, una de las organizaciones más importantes en conservación. Teniendo en cuenta que el cambio climático es uno de sus adversarios, ¿cómo analiza el acuerdo de París?

Gran parte de la Cumbrede Parísestaba enfocada en la mitigación del cambio climático. Lo fundamental es que diferentes países hicieron compromisos individuales sobre qué porcentaje de sus emisiones reducirán. Durante el último año 190 naciones ya habían planteado de manera voluntaria sus metas. Hay algunos muy importantes, pero no va a ser suficiente. Se van a necesitar compromisos adicionales. Pero eso y la voluntad política de reportar los resultados es un avance en la dirección correcta.

Justamente una de las críticas es que los compromisos son insuficientes para evitar que la temperatura sobrepase los 2°C. ¿Qué opina?

Es una crítica válida. La comunidad científica ha hecho una recomendación con base en los modelos. La meta global que planteamosera que la suma de esos compromisos debía permitir que el calentamiento fuera menor a los 2 grados centígrados. Y en efecto, los compromisos no son suficientes para alcanzar esa meta. Lo interesante es que en el acuerdo también se menciona el compromiso para no sobrepasar 1,5°C. Es una meta más ambiciosa.

Aunque desde hace más de un año se habla de ese límite de 2°C, no somos muy conscientes de lo que sucederá si lo sobrepasamos…

Todavía estamos tratando de entender cuáles serán los impactos. Pero una de las consecuencias es el derretimiento de las zonas polares. En la medida en que se derritan esos grandes cuerpos de hielo, se incrementará el nivel del mar. Será suficiente para que muchas naciones y zonas costeras se vean impactadas. Entonces, para países del Pacífico como Bangladesh, se trata de un tema de supervivencia. Colombia también está teniendo un impacto muy fuerte. Lo vemos de manera muy clara en el caso del nevado del Cocuy. Se ha derretido muy rápido y los páramos se están calentando. Eso impacta en su habilidad de proveer de agua a ciudades como Bogotá.

En París se logró por primera vez un acuerdo jurídicamente vinculante y eso significa un cambio en la posición de países como EE.UU. ¿Pero sí implica un verdadero compromiso de las potencias?

Parte de lo que pasó con el Protocolo de Kioto es que pese a que era jurídicamente vinculante y dejó por fuera muchos de los países en desarrollo como China e India y nunca fue ratificado por Estados Unidos. Así que el hecho de que esta vez todas las naciones estén planteando de manera voluntaria cuál es su propia meta, es un elemento importante. El problema es que los países están en diferentes puntos de desarrollo. Hay algunos que ya están reduciendo sus emisiones y hay otros que todavía están en esa curva ascendente. Entonces, el momento histórico de cada nación es distinto y los aportes que pueden hacer son distintos

Eso hace pensar que el camino para concretarlo será muy difícil…

Todos los caminos tienen obstáculos. Lo que se hizo en París es un acuerdo político. Ahora hay que implementarlo. Llegar a cumplir las metas va a requerir mucho trabajo de cada nación. En el caso de Colombia, para llegar a reducir las emisiones en un 20% debemos reducir las tasas de deforestación. Y eso es fácil de decir pero muy difícil de concretar. Pero el trabajo comienza por lo importante, y es que hay compromisos de los países, un mecanismo transparente para reportar los avances y también una intención de reunirse cada cinco años para ajustar esas metas.

¿De qué manera el acuerdo firmado en París incluyó la biodiversidad?

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Tiene dos implicaciones: la mitigación y la adaptación. Mitigación tiene que ver con el hecho de que las emisiones están ligadas a la deforestación. Calculamos que el 15% de las emisiones globales están directamente relacionados con la tala de bosques y esa cifra equivale a lo que genera el sector de transporte mundial: carros, buses, aviones. Entonces, reducir las tasas de deforestación ayudará al cambio climático pero tiene un beneficio enorme en la conservación de biodiversidad.

Otro de los puntos recurrentes en estas discusiones son los océanos, uno de los puntos claves que ha trabajado Wildlife Conservation Society. ¿Cómo dimensionar sus riesgos?

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Sí. Otra de las consecuencias es la acidificación de los océanos. A medida que se incrementan los niveles de carbono en la atmósfera, estos niveles pueden generar un cambio en la acidez de los océanos. Las consecuencias de un océano más acídico es que puede tener impactos sobre todo el funcionamiento de los ecosistemas marinos, principalmente en el plancton. Y muchos de esos microorganismos son el motor de los ciclos de vida del océano. Es algo que todavía estamos tratando de entender, pero hay que tener un mecanismo de precaución.

¿Cómo cree que el acuerdo afectará a Colombia? Gran parte de nuestros ingresos provienen del petróleo y del carbón…

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En países como EE.UU. hay un movimiento de transformación de combustibles fósiles hacia fuentes de energía limpia. Alemania, que ha avanzado de manera impresionante en el uso de energía solar y eólica, es una evidencia de ello. Y eso podría impactar especialmente la producción de carbón. Es una tendencia global de reducción que veremos en las dos próximas décadas. Colombia tendrá que adaptarse.

En ese punto el Gobierno parece contradictorio: mientras en París se muestra como un abanderado en la lucha contra el cambio climático, busca incrementar la producción de carbón. ¿No caminamos en el sentido equivocado?

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Eso es parte del debate que tiene que dar Colombia en su modelo de desarrollo. De lo que no hay duda es que a corto plazo Colombia tiene unas necesidades de desarrollo económico y el carbón y el petróleo son elementos fundamentales. Lo que hay que hacer es diversificar la economía porque esos mercados se van a reducir. Colombia tiene que llegar a ser neutral en emisión de carbono.Es decir, a pesar de que contribuya a las emisiones de CO2 con carbón, puede tomar otras medidas que puedan reducir el carbono. A esa meta tenemos que apuntarle.

Nuestra meta es reducir las emisiones en un 20% para 2030. ¿Seremos capaces de cumplirla?

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Es una meta ambiciosa pero no imposible. Es importante que Colombia muestre esa voluntad. Uno de los elementos fundamentales es reducir las tasas de deforestación. Es un tema clave en las emisiones de CO2. Países como Brasil lo han logrado: su tasa de deforestación en la Amazonia se ha reducido en un 80%. Entonces sí se puede.

Una de las buenas noticias de la cumbre es que Colombia va a recibir US$100 millones si en cinco años reduce a cero la tasa de deforestación en la Amazonia. Pero sólo el año pasado arrasamos con 140.356 hectáreas por la minería y tala ilegal en todo el país. ¿Ve posible esa meta?

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Es un gran reto del país. Sabemos que la minería ilegal está destruyendo los bosques. Pero requiere de recursos y de una real voluntad política. Hay que darle incentivos a la gente, porque muchos de los que viven de la minería ilegal lo hacen como un mecanismo para sobrevivir. Por lo general, son comunidades marginales que están haciéndolo porque no tienen alternativa. Hay que impulsar un modelo diferente para regiones como la Amazonia, Chocó u Orinoquia. Y detrás de todo esto hay un tema claro de ordenamiento territorial. ¿Cuáles son las zonas que se van a desarrollar? ¿Cómo? ¿Cuáles se van a conservar? Lo importante es que el Gobierno hoy ve este elemento ligado al proceso de paz.

Precisamente usted estuvo en la mesa de negociación en el Caguán. ¿Qué les recomendaría a quienes están sentados en La Habana?

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Tuve la oportunidad de participar en el Caguán en la mesa sobre los temas ambientales. Lo que vi es que alrededor del tema ambiental había una convergencia de intereses. Es claro que los diferentes actores reconocen que la biodiversidad de Colombia es una de las grandes riquezas; que hay que protegerla para generaciones presentes y futuras, y que hay que usarla como un motor de desarrollo. Es uno de esos temas en los que hay que unir esfuerzos. El medio ambiente es uno de los puntos que pueden ayudar a lograr un acuerdo. Creo que los distintos actores están interesados en un futuro donde realmente haya un modelo de desarrollo sostenible que incluya protección ambiental y desarrollo económico.

WCS tiene presencia en 65 países. ¿Cuál le quita el sueño?

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Trabajamos en muchas zonas con conflictos políticos muy serios. En El Congo, en África, estamos trabajandoel tema de conservación pero es una zona muy violenta. Lo que me quita el sueño es la seguridad de mis colegas y la capacidad de tener realmente un impacto. Lamentablemente son sitios donde ocasionalmente tenemos ataques; donde hay conflictos sociales que han llevado, incluso, a la muerte de funcionarios.

¿Cuál es el gran reto de la humanidad para conservar la biodiversidad?

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El impacto de la huella humana ha sido enorme. Ya hemos transformado más del 70% de los ecosistemas naturales. Creo que esta generación es la que tiene el reto de decidir cuáles espacios naturales vamos a preservar para los próximos 500 años. Esa es la gran pregunta. Y la única manera de superar ese desafío es cambiando el modelo de desarrollo. Con 7 mil millones de personas a nivel mundial, cada una con aspiraciones legítimas, con pobreza y con necesidades, la demanda sobre los recursos naturales va a ser mayor.

Uno de sus sueños es volver a La Planada, esa reserva natural que creó en Nariño. ¿Qué tan distante ve ese regreso?

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No tan distante. He seguido de cerca el proceso. Lamentablemente esa región de Nariño, La Planada, que fue la primera reserva natural privada en Colombia, se ha visto muy afectada por los temas de orden público. Creo que la zona se ha estabilizado mucho más. Lo veo entonces más cerca de lo que creía. Espero volver. Allá fue donde nací como biólogo. Es un sitio muy cercano a mi corazón. Lo más importante es que se pueda conservar para que mis hijos y mis nietos tengan la oportunidad de conocerlo.

Sergio Silva Numa

Por Sergio Silva Numa

Editor de las secciones de ciencia, salud y ambiente de El Espectador. Hizo una maestría en Estudios Latinoamericanos. También tiene una maestría en Salud Pública de la Universidad de los Andes. Fue ganador del Premio de periodismo Simón Bolívar. SergioSilva03 ssilva@elespectador.com
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