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En 2013 se inició una investigación cuyo objetivo era determinar cuál era la forma como debía realizarse la delimitación de humedales en Colombia y hacer pruebas en diferentes tipos de ellos para recomendar a las autoridades ambientales cómo emprender este gran reto.
Este tema se volvió una prioridad nacional, dado a que el país había pasado en 2010 y 2011 por una catástrofe humanitaria y económica donde grandes inundaciones se presentaron durante el fenómeno de La Niña. Se hacía urgente construir una estrategia nacional para la gestión de los territorios del agua que debía estar soportada en el levantamiento de información actualizada y útil para la toma de decisiones. Como consecuencia de esta preocupación nacional, en el plan de desarrollo para el período 2010-2014, quedó consignada una meta relacionada con la delimitación de humedales.
Fue así como el Fondo de Adaptación, el Instituto Alexander von Humboldt, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible , el Ideam y el IGAC se asociaron para levantar la información necesaria y poder preparar al país en futuros eventos de cambio climático extremo. Eso incluye no sólo la determinación de los criterios para entender los límites de un ecosistema tan dinámico como los humedales, sino también insumos para entender su dimensión en nuestro territorio y las implicaciones de una delimitación que excluyera actividades económicas. Yo fui convocada a hacer parte del equipo que lideraría, desde el Instituto Humboldt, el levantamiento de esta información.
Este gran desafío no podíamos emprenderlo solos. Muchos investigadores y gestores de diferentes instituciones llevaban años aprendiendo y entendiendo los humedales de sus regiones. La estrategia que diseñamos estuvo basada en el trabajo colaborativo, donde además de las instituciones líderes participaron las Corporaciones Autónomas Regionales; institutos de investigación como el Sinchi, el Invemar y el IIAP; investigadores de universidades nacionales e internacionales, y organizaciones no gubernamentales, organizaciones comunitarias e instituciones internacionales, como la Agencia Aeroespacial Japonesa.
Como resultado de una gran alianza, hoy, el país cuenta con un mapa de humedales que nos permite entenderlos en su dimensión más amplia, incluyendo las áreas transicionales que los conectan con los ecosistemas estrictamente terrestres, evidenciando que el 26% del territorio nacional corresponde a áreas de humedal. La inclusión de la dinámica de inundación en este mapa fue posible gracias a un insumo que nos muestra cómo se expanden y se contraen estos ecosistemas en períodos de sequía e inundación. Esto se logró gracias a las imágenes tomadas por un radar, cuya gran ventaja es que no importa si hay nubes o no, o si la inundación está debajo de los árboles.
Además de este producto, se elaboró un mapa de suelos de humedales, un inventario nacional de humedales, el análisis sobre la percepción de los humedales elaborados con las personas que habitan en ellos, análisis de las transformaciones de las áreas de humedal, análisis de servicios ecosistémicos prestados por los humedales, clasificación nacional de humedales, estudios de la distribución de las especies que habitan en ellos y una guía conceptual y metodológica para la delimitación de los ecosistemas de humedal desde una perspectiva socioecosistémica.
A nivel local se levantó información sobre el límite funcional de tres humedales (Ciénaga de la Virgen en Cartagena, Ciénaga de Zapatosa en la desembocadura del río Cesar en el Magdalena y las planicies inundables en el departamento del Casanare), con lo cual se buscaba contrastar el ejercicio de determinación de un límite funcional en humedales diferentes tanto a nivel ecológico como sociocultural. Esta comparación fue fundamental para entender que la gestión de los humedales en Colombia requiere lineamientos diferenciados que tengan en cuenta las características estructurales que determinarán diferentes posibilidades de uso en cada uno de ellos.
El mensaje que resume todos los productos que se elaboraron en el marco de este proyecto es que vivimos en un territorio que está inundado en unos períodos y seco en otros, es decir, somos un país de humedales, somos un territorio anfibio. El reconocimiento de esta condición y su inclusión efectiva en la planificación territorial es la única estrategia posible de adaptación frente al cambio climático. De lo contrario estaremos pasando, año tras año, de catástrofe en catástrofe, de la sequía a la inundación.
Toda la información levantada está consignada en artículos e informes científicos que buscan que los tomadores de decisiones y los colombianos puedan acceder a la publicación Colombia anfibia, un país de humedales, un libro de dos volúmenes que serán lanzados en el país en febrero de 2016. El primer volumen fue presentado el pasado mes de diciembre en la conferencia de cambio climático que se realizó en París.
Descargue el tomo 1 en: http://www.humboldt.org.co/es/component/k2/item/802-colombiaanfibiav1
* Bióloga del Instituto Humboldt y coordinadora de esta investigación.