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Los muertos también son saqueados en Bogotá. En el último año los robos a mausoleos en el Cementerio Central se incrementaron significativamente, pasaron de 23 en 2009 a 76 en 2010, eso, sin contar los que se han presentado este año.
La denuncia de hurtos en ese camposanto no es nueva. Desde el año pasado el Ministerio de Cultura alertó la situación a la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP); sin embargo, los robos no cesan y cada día las sepulturas siguen perdiendo sus objetos decorativos, pues por estar hechos en bronce resultan atractivos para los ladrones.
Ernesto Convers, un ciudadano que desde hace tres años visita a su papá en el Cementerio Central, ha sido uno de los afectados con los constantes robos que se registran en el lugar. Él, quien ha cuidado su mausoleo con esmero, se siente impotente frente a la falta de seguridad. Ha buscado todos los mecanismos para hacerle el quite a los robos. Pero ni con vigilancia privada, única y exclusivamente para la tumba de su padre, ha logrado impedir los hurtos.
“Yo compré hace 10 años, en seis millones de pesos, el mausoleo en donde tengo enterrado a mi papá. Hace seis años lo legalicé y desde ese momento pedí una autorización para que me permitieran hacerle una restauración que me ha costado 28 millones de pesos, pues el estado en el que me lo entregaron era terrible, estaba muy descuidado. El pasado domingo 27 de febrero llegué a visitar a papá y me di cuenta que habían sido robados ocho botones de bronce que estaban puestos en ese mausoleo desde hace 60 años y que según tengo entendido fueron traídos de Europa de la Primera Guerra Mundial”.
Con la voz entre cortada cuenta que su lucha por lograr que se aumente la seguridad en el cementerio ha sido en vano, pues por más derechos de petición que ha instaurado y por más quejas que ha presentado, nadie le responde. Según él, lo han tenido de un lado para otro.
“Del Ministerio de Cultura me mandan al Instituto de Patrimonio Histórico, de allá me mandan a la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP) y nadie hace nada. Yo he venido denunciando esto desde el año 2006”.
Según Juber Martínez, director de Estrategia de la Uaesp, los robos son efectuados por drogadictos que merodean el sector y que buscan hurtar ese tipo de piezas para luego comercializarlas y así conseguir su dosis diaria.
Las partes que han sido robadas se van a reponer a mitad de año, una vez finalice el contrato con el consorcio Nuevo Renacer, actual operador del cementerio central y quien ha estado a cargo del lugar desde el año 2002.
“Nosotros hemos venido haciendo un inventario de todas las tumbas que han sido hurtadas, tenemos videos que nos muestran el estado de los mausoleos, esta herramienta nos va a ser útil para reponer esas piezas”, señaló Martínez, quien agregó que la falta de presupuesto es uno de los mayores inconvenientes que tiene el cementerio para incrementar la seguridad en el lugar.
Seis vigilantes son los encargados de cuidar el camposanto, tres permanecen en las porterías y otros tres haciendo rondas, acompañados de una bicicleta, un bolillo, un radioteléfono y un pito.
Los guardas no están armados y para la Uaesp es mejor que no lo estén, pues aseguran que para eso los apoyan los uniformados de la Policía Metropolitana de Bogotá que si pueden portar armas.