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Con la circulación de un video en el que un grupo de encapuchados aparecía formado portando insignias de la guerrilla del Eln (Ejército de Liberación Nacional) se vuelve a prender el enfrentamiento entre quienes defienden la autonomía universitaria y aquellos que consideran que ésta no se puede oponer a los principios de la seguridad democrática.
En el video, grabado en la Plaza Che Guevara de la Universidad Nacional de Bogotá, uno de los miembros de esta formación apareció con una subametralladora, lo que disparó las alarmas acerca de la infiltración de organizaciones al margen de la ley en las universidades públicas.
El ministro de Defensa, Gabriel Silva, expresó que “en Colombia no hay territorios vedados para la ley y la autoridad (…) estamos identificando a estos grupos milicianos porque son agentes del terrorismo y los vamos a perseguir”.
Según el rector de la Universidad, Moisés Wasserman, lo realizado por este movimiento constituye “actos de pura violencia contra todo lo establecido”. Y añadió: “Su interés no es defender la educación pública, sino deteriorarla”.
El debate tiene raíces profundas y una situación similar se había presentado en la Universidad Distrital en septiembre de 2008, cuando alumnos, también con capuchas, hicieron una serie de manifestaciones públicas en el campus de la institución.