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El martes arrancó el proyecto piloto de BiciBog, el sistema de bicicletas públicas que será implementado en la capital como una medida para contribuir a la solución del caos que se ha vuelto la movilidad bogotana. En medio de la preocupación de algunos expertos en el tema, manifestaciones optimistas de algunos usuarios y reclamos por parte del Concejo, terminó la primera semana de este plan que ha generado inquietudes, no sólo por su operación sino también por el destino de los recursos que fueron previstos para sus estudios.
Al salir de la estación Virrey de Transmilenio, y junto al parque del mismo nombre, los transeúntes se acercaban al parqueadero de las bicicletas para trasladarse desde la Autopista Norte hasta la carrera 11, entre calles 87 y 92. Este proyecto piloto ha permitido que el recorrido hasta el lugar de trabajo de varios ciudadanos disminuya 10 o 20 minutos. Jhon Ruiz lleva dos días utilizando este medio y señala que le parece muy bueno el plan para poder utilizar un medio de transporte alternativo, y por ahora gratuito, que reduzca la distancia desde Transmilenio hasta su trabajo.
BiciBog es fruto de un acuerdo promulgado por el Concejo de Bogotá en diciembre de 2008. El concejal Carlos Orlando Ferreira, del partido Cambio Radical, se declara como el responsable de que esta iniciativa fuera discutida y aprobada en el Cabildo y es uno de los preocupados hoy ante la “improvisación” con la que se ha desarrollado el proyecto.
De acuerdo con Ferreira, la Secretaría Distrital de la Movilidad giró $200.000 millones de anticipo a la Universidad Distrital para realizar un estudio de optimización de la red de ciclorrutas y del Sistema de Bicicletas Públicas. Pese a que el plazo máximo para presentar los resultados era de seis meses, luego de la aprobación del acuerdo en el Concejo, aún no se sabe nada del estudio, como indica Ferreira. Para él, BiciBog fue pensado como una solución al problema de la movilidad, por tal razón “debe implementarse con una estrategia adecuada, como se ha hecho en Barcelona o Ciudad de México”.
Otro de los inconformes con el desarrollo de BiciBog es Carlos Pardo, director de la Fundación Despacio, quien ha realizado estudios sobre los sistemas de bicicletas públicas de otras ciudades. Para él, la responsabilidad es de los encargados en la Secretaría de Movilidad que no “evaluaron el tipo de vehículos que se iban a utilizar ni la infraestructura ni el modelo de operación”. Pardo señala que la calidad de las bicicletas es muy baja y podrían dañarse en poco tiempo.
Ante estas denuncias y reclamos, El Espectador trató de hablar con un representante de la Secretaría de Movilidad. Un vocero de comunicaciones explicó que todavía no se ha hecho el lanzamiento oficial del proyecto y por eso se abstienen de dar declaraciones.
Pardo agregó que él entregó a esta entidad, de manera voluntaria, unas páginas con recomendaciones para el funcionamiento del sistema, pero al parecer no las tuvieron en cuenta.
En medio de los reclamos y desacuerdos, Pardo también resaltó que lo más favorable de las pruebas es la actitud que han tenido los usuarios, quienes están motivados frente al uso de las bicicletas.
Se espera que la Secretaría de Movilidad se pronuncie la próxima semana, no sólo acerca de la presentación oficial de BiciBog, sino también con explicaciones acerca de los estudios y los recursos del proyecto.