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Las críticas a la administración actual de la capital son duras y siguieron aumentando después del atentado ocurrido el martes 27 de enero, en la tienda Blockbuster de la carrera 9na con calle 82; se ahondarán los ataques a la ineficiencia en términos de seguridad y también de movilidad, argumentando la percepción de la capital que tiene el actual Gobierno Distrital y su ignorancia sobre la realidad de la ciudad. ¿Y entonces volverá la capital a asumir el tradicional papel negativo y defensivo en frente de cualquier propuesta oficial por parte de la alcaldía? ¿Nuevamente, la actitud de los bogotanos se dispondrá para hacer lo más fácil, evitar a como de lugar cualquier responsabilidad y compromiso con la ciudad?
No se trata de defender al Alcalde de las duras críticas a las cuales ha sido expuesto, pero sí se trata de defender la idea de una ciudad más autónoma, más libre, con mayor identidad. Los resultados entregados por Corpovisionarios, la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte, la Cámara del Comercio de Bogotá, la Fundación Terpel y Fenalco Bogotá, para establecer un diagnóstico sobre los avances y retrocesos que ha sufrido Bogotá desde el 2003 al 2008 en materia de Cultura Ciudadana, demuestran que es un proyecto que está de acuerdo con las percepciones que tienen los ciudadanos para lograr un espacio de convivencia agradable en el que las personas cumplan las normas por la buenas; lastimosamente, muestra grandes retrocesos en la consolidación de este espacio. Falta mucho todavía por lograr.
Según ese informe, las justificaciones para violar la ley han aumentado; el uso de la violencia como medio para resolver problemas es más común de lo que era en el 2003; la confianza en los funcionarios públicos sigue siendo baja; la desconfianza en los medios de comunicación sigue siendo alta; la tolerancia al porte de armas como medio para enfrentar la inseguridad en la capital ha aumentado en un 16 por ciento en comparación con Cali, Santa Marta, Medellín y Barranquilla, así como otras ciudades de la América Latina como Ciudad de México y Belo Horizonte, y Bogotá es la segunda ciudad del país en donde más se presencian riñas callejeras o peleas entre borrachos en los barrios. No se puede negar a la luz de los problemas de seguridad y de movilidad, a los que hoy se enfrenta la ciudad, que la actual administración tiene unas grandes dificultades para ser eficiente en la construcción y ejecución de las políticas públicas. Pero no por eso esta ciudad debe olvidar que muchos de los problemas a los que se enfrenta día a día son causados por su propia cultura ciudadana.
La transformación de la mentalidad de los ciudadanos se da a través de pequeños detalles que construyen como un todo la verdadera esencia de una cultura que respeta las instituciones y las normas como un medio para conseguir sus objetivos; es por eso que no debe desaprovecharse ningún esfuerzo en la institucionalización de un proyecto Distrital de cultura ciudadana a largo plazo, que permita a los ciudadanos asumir con mayor propiedad y compromiso los problemas a los que la ciudad se enfrenta. Y las tareas para construir una política verdaderamente Distrital y no de Gobierno deben ser impulsadas por los gobiernos distritales y ciudadanos que quieran encontrar una ciudad más amable, más organizada; una relación cívico-institucional de peso, que permita asumir las leyes como un estilo de vida y no como un castigo.
Construir este espacio, ciertamente, lleva tiempo y necesita mucha disposición y compromiso, no sólo por parte de la administración sino por cada uno de los bogotanos; pero una metrópoli que logre esa unidad, que prefiera regularse por la admiración de la ley, por el deber y el reconocimiento y no por el miedo a ser encarcelado o agredido por los demás, tendrá más claro el lugar al cual quiere llegar no solamente ella misma sino las otras grandes ciudades del país, y por tanto, será más fácil resolver el problema de percepción que tanto usan los gobiernos como argumento para evadir sus responsabilidades: por eso es la importancia de continuar con una política educativa de cultura ciudadana para una Bogotá Positiva.