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En algún momento el milagro se presenta. Varios niños entran a una fundación como Renacer después de ser rescatados del callejón de ratas, drogas y prostitutas al que llega en cualquier momento un lobo feroz con la promesa del camino más corto. En ese momento se creen culpables y no como las víctimas que son, pero hay que saber que detrás de cada menor que vende su cuerpo hay un adulto que lo explota.
El mercado es amplio: pornografía infantil, turismo sexual y trata de personas. Los hogares desintegrados y la pobreza son las catapultas que impulsan a los pequeños a estos ‘callejones’ de la miseria. Para las autoridades distritales otra puerta para la Explotación Sexual Contra Niños, Niñas y Adolescentes (ESCNNA) es el turismo.
“Es importante decir que este no es causante de la ESCNNA, pero provee de anonimato a potenciales explotadores, cuenta con infraestructura que permite realizar clandestinamente acciones de explotación y aunque muchos turistas no viajan deliberadamente buscando experiencias sexuales, un número considerable de ellos hace uso del sexo comercial infantil, especialmente si el destino lo facilita y lo hace accesible”, apuntó el comunicado oficial del Instituto Distrital de Turismo (IDT), que acaba de lanzar una estrategia —en alianza con otras entidades— para frenar esta creciente problemática.
De acuerdo con Elsa Victoria Muñoz, directora del IDT, las acciones de este programa se resumen en tres puntos. Primero, aliarse con las secretarías de Gobierno, de Integración Social y de Salud para iniciar una investigación con el fin de determinar cuáles son los sectores de la industria turística que más se involucran en la problemática, las prácticas que favorecen la existencia del fenómeno, las prácticas de oferta y demanda y el perfil de las víctimas, los explotadores y los clientes. “Esto permitirá definir estrategias de intervención más efectivas”, aseguró la directora del IDT. Los resultados serán presentados a finales de este año. Segundo, durante cuatro meses circularán 155 buses con televisores plasma en los que se emitirán cortos videos para alertar a la población en general: “Es necesario que todos se den cuenta de que este es un problema real”, dijo Muñoz. Tercero, concientizar a quienes prestan el servicio turístico, incluyendo taxistas y maleteros de las terminales para que se abstengan de dar información de lugares en donde se puede violentar a los menores o facilitar cualquier actividad con fines de explotación sexual.
Explotación por localidades
Los taxistas son los anfitriones de la ciudad. Comida, bebida, baile o visitas patrimoniales, todo lo saben, incluso en dónde se consigue sexo fácil y a bajo costo. “En la Avenida Primero de Mayo con 68, en la calle 49 con 13, en el Chicó y en el 7 de Agosto se consigue de todo: niños, ancianos, travestis… Eso sí, cuando me han pedido especialmente que los lleve a donde haya niños, me niego a prestar el servicio”, declaró un taxista de Bogotá que pidió reserva de identidad.
Según un estudio realizado por la Fundación Renacer y la Secretaría de Integración Social, las localidades en las que más se registra este delito son Los Mártires, La Candelaria, Santa Fe, Chapinero y Usaquén. Estas zonas tienen en común la afluencia de extranjeros que están de paso por el país y la presencia de lugares de tolerancia y transgeneristas.
“Cerca de Unicentro hay lugares reservados para extranjeros”, denunció Muñoz. El problema también está en que hay sitios de rumba en los que no hay restricción en la entrada de menores de edad. El caso del Parque Lourdes es especial, pues fue la zona en donde más se identificó la presencia de niños.
Aunque la explotación sexual de menores es un delito castigado por la ley, la clandestinidad, el apoyo de los prestadores de servicios turísticos que quieren ganar más dinero y la falta de unión entre los entes de control perpetúan este flagelo en el que los niños son obligados a caminar entre callejones sin salida.