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Esta semana, Carlos Vicente de Roux pasa al tablero. Las directivas de la Alianza Verde evaluarán su campaña, su estrategia y su continuidad como candidato de ese partido a la Alcaldía de Bogotá. Estaba previsto, independientemente del aspirante, que la colectividad evaluara este mes el desempeño de quien lleva sus banderas en la carrera hacia el Palacio Liévano. Al menos por las encuestas, esa aspiración aún no coge vuelo, a siete semanas de las elecciones.
Si lograr que lo ungieran como candidato oficial fue difícil para este concejal, tratar de hacerse un espacio entre el ramillete de aspirantes con posibilidades de triunfo se ha convertido en un propósito sumamente complejo. Llama la atención que, a diferencia de quienes están en los últimos lugares, en él se conjuga un amplio conocimiento del sector público y de la ciudad, un perfil progresista de centro-izquierda que encaja en el prototipo del votante bogotano promedio, y su militancia en un partido que, más allá de las diferencias internas, ha ganado reconocimiento a partir de figuras nacionales de prestigio y un peso considerable en Bogotá. ¿Qué ha pasado?
Lo primero es la falta de consenso dentro del partido. Aunque su designación como candidato mediante una encuesta en la que compitió con el concejal Antonio Sanguino fue una decisión oficial, hubo voces en contra hasta último momento de quienes preferían que la colectividad optara por una alianza con Enrique Peñalosa, Rafael Pardo o Clara López, dependiendo de quien la propusiera. Esas disidencias se han notado en la campaña de De Roux que, por ejemplo, no ha contado con el apoyo de los doce concejales de la bancada. “Todos, de manera solapada, se han movido hacia otras candidaturas”, afirma Hosman Martínez, concejal verde y reconocido peñalosista. También lo admite María Fernanda Rojas, cabildante cercana a De Roux: “Buena parte del partido hace lobby en otras campañas. Deja mucho qué decir un partido que se debate entre Peñalosa y Clara, que representan opciones tan diferentes”.
Rojas y Sanguino creen que otro factor es el enorme reconocimiento previo que tenían quienes van en la punta: dos recientes candidatos presidenciales (López y Peñalosa), un exministro (Pardo) y un exvicepresidente (Francisco Santos). A De Roux, quien también ha ocupado cargos nacionales pero no recientemente y en posiciones sin mucha exposición mediática, lo conocen cuatro de cada diez bogotanos, según la más reciente encuesta de Invamer Gallup. Marca mucho menos que los cuatro de adelante e, incluso, que la candidata del petrismo, María Mercedes Maldonado. El bajo reconocimiento, aunque de entrada es negativo, al comienzo de una campaña significa una oportunidad porque permite contar con un margen amplio para darse a conocer. El problema es que ya queda muy poco tiempo.
Las fuentes consultadas también piden tener en cuenta la forma como De Roux ha decidido llevar a cabo la campaña. Por un lado está la concejal María Clara Name, que se queja por considerar que “él está inclinando su campaña hacia unas candidaturas al Concejo como la de María Fernanda Rojas. Eso hace que el porcentaje no crezca y se le ha llamado la atención porque los demás no estamos incluidos”. Rojas contradice esa visión de las cosas: “Él pone la agenda y la gente llega. El que quiera acompañarlo a distribuir su periódico, lo hace. Ha centrado su estrategia en el voz a voz, es pedagógico”. Sanguino agrega: “La campaña se deriva del candidato que tenemos. Él está haciendo una campaña muy a su estilo, no es agresivo ni camorrero. Es reflexivo, responsable. La preocupación por el bajo registro en las encuestas obliga a diseñar decisiones de choque”.
Al consultar a De Roux, responde que ante su bajo registro (más o menos el 1 % de la intención de voto), hay que tener en cuenta dos puntos: primero, que algunas mediciones trabajan con muestras muy pequeñas que pueden distorsionar el desempeño de candidatos con intenciones de voto bajas. Segundo, que en Bogotá se presenta una polarización, por un lado, entre un sector ciudadano que quiere dar un viraje muy fuerte, rechaza los gobiernos de izquierda (de la que él afirma “ha manejado muy mal la ciudad”) y busca dentro de candidatos de centro y derecha a alguien que pueda capitalizar ese sentimiento; y por otra parte, sectores que quieren evitar que la derecha recupere Bogotá y buscan, con un enfoque de voto útil, quién es el más opcionado. “Los candidatos que no nos ubicamos en esa polarización, estamos en una situación complicada”, concluye.
Es posible que su suerte se defina esta semana. Para él, seguir hasta el final es una oportunidad para fortalecer la Alianza Verde e incluso para convertirse en el palo de las elecciones; mientras tanto, otros sectores piden que las directivas dejen a los militantes en libertad de votar, pensando en opciones que consideran más viables.
En época de definiciones, algunos partidos se remecen internamente. He aquí el caso de los verdes, pero los conservadores andan en las mismas después del apoyo que Marta Lucía Ramírez le dio a Peñalosa. Y no paran los rumores sobre la continuidad de la candidatura de Francisco Santos a nombre del Centro Democrático.