Carlos Prieto deleitó con su sazón a 12 presidentes

Este soachuno, que se ganó la fama de preparar la mejor carne de ternera de Colombia y atendió a personalidades de todo el país durante casi 60 años, falleció el 16 de diciembre, a sus 86 años.

Su esposa, sus hijos y sus nietos dicen que  conservarán el legado de Prieto y sus secretos.   / Gustavo Torrijos
Su esposa, sus hijos y sus nietos dicen que conservarán el legado de Prieto y sus secretos. / Gustavo Torrijos
Foto: GUSTAVO TORRIJOS

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Tras deleitar por sesenta años el paladar de los hombres más poderosos del país, de futbolistas y celebridades, falleció a sus 86 años Carlos Adolfo Prieto Mora, famoso, según muchos, por cocinar la mejor carne de ternera del país. Su legado, que nació y aún permanece en el municipio de Soacha (Cundinamarca), le sirvió para ser el chef de cabecera en eventos campestres de 12 presidentes de la República. ¿Cuál era su secreto? ¿Por qué los presidentes eligieron su mesa?

Prieto aprendió las artes culinarias de su abuela y luego les puso su toque personal. Un día corrió con la suerte de ser contratado para atender el evento social después de la posesión del entonces presidente Carlos Lleras Restrepo y desde entonces se convirtió en un asiduo invitado a eventos presidenciales. Según su nieto Mauricio Prieto, desde Lleras hasta el actual presidente, Iván Duque, todos degustaron su sazón.

Doña Teresa Cantor, esposa de Carlos, recuerda con amor los 67 años que estuvo a su lado. Se conocieron en Soacha y, tras un año de noviazgo, se fueron a vivir juntos. Aunque nunca se casaron, tampoco se separaron y desde que Prieto empezó a cocinar, cuando tenía 25 años, siempre estuvo a su lado al calor de las brasas.

Los Prieto son conocidos por todos en el vecino municipio. Vivían en una de las casas esquineras del parque, donde este reconocido chef presenció la muerte de Luis Carlos Galán y hay una placa que dice “La cuna de la familia Prieto”. Después se fueron a vivir a unas cuantas cuadras de allí, porque Carlos perdió el interés de vivir en un lugar que ya no era el mismo de antaño.

Sus familiares atribuyen gran parte del éxito de Prieto a Alberto Martínez Sáenz, quien fue su entrañable amigo desde que tenía veinte años y desde entonces nunca dejó de tenderle la mano. Él, hijo de un carnicero, y Martínez, hijo de un ganadero, se conocieron en la década de los 50 gracias a la relación comercial de sus padres.

Y fue en la finca de los Martínez donde Prieto descubrió el valor de su talento culinario. En una ocasión le pidieron que preparara una ternera en esa hacienda. Su temor por ser principiante se disipó cuando empezó a ver el rostro de gusto de los comensales. Desde ese momento empezó un camino que le permitió codearse con personalidades públicas.

En sus 62 años de labores culinarias se dio el gusto de atender a 12 presidentes de la República y en más de una ocasión ver a presidentes y expresidentes haciendo fila para recibir uno de sus platos. También fue contratado para atender eventos en colegios como el Marymount y el Gimnasio Moderno, que consideró la preparación de la ternera de Prieto como una de las mejores del país, o para servir a los jugadores de la selección Colombia en 2002, entre los que estaban figuras como Óscar Córdoba, Mario Alberto Yepes, Juan Pablo Ángel y Faustino Asprilla.

Fueron muchas las anécdotas que vivió, pero una de las que más recuerda la familia fue cuando atendió una reunión de políticos conservadores, liderada por el presidente Belisario Betancur, en la hacienda El Escondite de José, en Soacha. “El único liberal en ese sitio era mi papá. El presidente le hacía comentarios jocosos: ¿cómo así que un liberal aquí con nosotros? Lo abrazaba y todo, por la forma en que mi papá lo atendía”, recuerda Armando Prieto.

Para llegar al sabor característico de su famoso plato, Prieto tardó alrededor de diez años. Así lo asegura Armando Prieto, quien —curioso y fascinado por el oficio de su padre— lo acompañó desde temprana edad para aprender de su talento. Era riguroso a la hora de elegir los terneros, que debían tener menos de dos años para garantizar la jugosidad en su preparación. Después maduraba la carne, la tasajeaba y la pasaba por un adobo especial, que es secreto de familia. Finalmente era cuidadoso al momento de poner la carne al fuego. Esa era su rutina cada vez que debía atender cualquier evento y así la mantuvo hasta sus últimos días.

“Las últimas semanas se portó muy amoroso y mantuvo su humor característico, sarcástico de hecho. Me repetía el valor de la honestidad, el mismo que representa a la familia Prieto”, comenta Richard, uno de sus nietos, quien ahora es el encargado de seleccionar el ganado que será para muchos el festín de fin de año.

A pesar de su muerte, sus hijos mantendrán viva la pasión y el amor que les transmitió Carlos a sus hijos, nietos y cuñadas durante estos sesenta años, quienes seguirán honrando la calidez y la fraternidad que les inculcó, no solo a ellos, sino a quienes pudieron conocer en persona el hombre que supo preparar una de las mejores tradiciones culinarias de la sabana de Bogotá: la ternera de Carlos Prieto.

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