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Bogotá y Cundinamarca se están acostumbrando a empezar el año apagando incendios. Desde 2022 a la fecha, las sequías han adquirido mayor intensidad y se han traducido en miles de hectáreas consumidas por el fuego. Para 2025, bastaron 14 días para que las llamas inauguraran la temporada de incendios de este año, y lo hizo en el corazón del Parque Natural Chingaza, paraíso de osos y venados, que hoy está bajo amenaza por el fuego.
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Sobre las 10:00 de la noche del martes, un centenar de bomberos de varios municipios de Cundinamarca atendieron el llamado desde Fómeque para aplacar las llamas que se propagaban por el parque, en el menor tiempo posible. Gracias a la rápida reacción, tardaron 14 horas en controlar el incendio. No obstante, al igual que en otras oportunidades, el costo de cada victoria sobre las llamas se reflejó en hectáreas de bosque perdidas y un daño al ecosistema, todavía sin cuantificar.
En total, 147 hectáreas del parque se perdieron, aunque el daño pudo ser mayor, según el Ministerio de Ambiente. “Sin una respuesta adecuada hubiéramos perdido 688 hectáreas, por lo tanto, la respuesta y el manejo del protocolo evitaron una afectación potencial de 520 hectáreas. Aquí queremos resaltar la importancia de la articulación y del uso de la tecnología que ha adquirido Parques Nacionales para la previsión, pero, sobre todo, la anticipación”, declaró la ministra de Ambiente, Susana Muhamad.
Pese a la mitigación del incendio, la primera gran emergencia del año saltó las alarmas de las autoridades departamentales y distritales, que apenas lograron superar, con las uñas, el aluvión de incendios del año pasado. Asimismo, la temporada seca con la cual comenzó el año, y que se asemeja a la de 2024, hace más difícil la situación. El intenso sol, capaz de incendiar cualquier residuo dejado en los bosques o de avivar fogatas mal apagadas, es un enemigo. Aunado a lo anterior, la poca conciencia de la ciudadanía (la mayoría de los fuegos fueron provocados) y la ausencia de lluvias hacen que la ecuación para solventar esta temporada parezca de difícil resolución.
Durante 2024 en Bogotá se produjeron 532 incendios forestales, 400 más que los registrados en 2023. Producto de estas conflagraciones, se generó una afectación total de 242 hectáreas. En Cundinamarca, el panorama es todavía más preocupante. El departamento registró 699 incendios forestales y 6.453 hectáreas afectadas. Hubo 99 municipios afectados y, en comparación con 2023, se reportaron 319 incendios más. Tanto para Bogotá y Cundinamarca, la cifra de incendios se ha triplicado desde 2020, cuando en ambas jurisdicciones se tuvo el registro de 120 y 124 conflagraciones respectivamente.
De momento, tras el incidente en Chingaza, la gente se hace preguntas sobre cómo estos incendios pueden afectar el suministro de agua, entendiendo que dicho paraíso ecosistémico abastece el principal sistema de embalses que surte la ciudad. Ahora la preocupación ya no solo radica en el descenso sostenido del nivel de los embalses de Chuza y San Rafael, sino en el efecto de los incendios en la crisis hídrica.
Por otro lado, los cuestionamientos sobre la forma de prepararse para un nuevo ciclo de conflagraciones, con la experiencia de los años anteriores, saltan de boca en boca y apuntan a las autoridades encargadas de la gestión del riesgo. Sobre esta y otras preguntas recopilamos datos que ya son públicos y las probabilidades de lo que puede ocurrir mientras la sequía no dé tregua.
¿Problemas con el agua?
Mientras las llamas se propagaban sobre Chingaza, la primera pregunta apuntaba a los efectos sobre los embalses. Sin embargo, la respuesta inmediata es que ni los embalses ni el suministro de agua, de momento, se verán afectados. Las autoridades ambientales y bomberiles confirmaron que la zona en donde se produjo la conflagración estuvo alejada de la represa de Chuza, que está más adentro del parque.
No obstante, el daño a la flora y fauna sí podría generar efectos adversos. Andrés Mondragón, ingeniero ambiental, especialista en reforestación, explica que cualquier tipo de incendio impacta el equilibrio ecosistémico. “Este parque alberga ecosistema de bosque y páramo húmedos, vitales para el ciclo hídrico de la macrocuenca del Orinoco. Por ende, cualquier afectación produce daños en los sistemas lacustres, ubicados en el sistema de lagunas de Chingaza”. Si bien el incendio “per se” no generará más sequía, a mediano y largo plazo, cuando las lluvias vuelvan, es probable que la vegetación tenga más dificultades para absorber la humedad y propiciar un correcto ciclo hídrico.
¿Estamos preparados?
Desde 2022 los incendios forestales vienen en aumento, así como sus efectos. En 2020, Cundinamarca tenía 1,22 millones de hectáreas de bosque natural, que se extendía por el 50 % del territorio. En 2023, perdió 1.620 hectáreas de bosque natural, equivalente a 1.07 Mt de emisiones de CO2, según Global Forest Watch. Diana Cristina Díaz, directora de ciencias básicas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá y experta en cambio climático, argumenta que el aumento de los incendios forestales en esta zona se debe a la unión de varios factores.
Algo que destaca es que Colombia estaba preparada desde el año pasado para la llegada de este fenómeno. “Las entidades están listas y lo único que nos ayuda es el monitoreo con imágenes satelitales y estar pendientes de las zonas con más anomalías”. Agregó que estar monitoreando constantemente las estaciones meteorológicas y revisar dónde aumentan las temperaturas permite tener alerta a los organismos de rescate. “La preparación ha sido buena, no es la primera vez que nos sucede, hemos tenido fenómenos de El Niño más graves”, mencionó la docente.
Mientras tanto, los departamentos de Bomberos de Bogotá, y los que componen la delegación de Cundinamarca, apuntan a campañas de concientización, en las cuales piden a la ciudadanía no encender fogatas ni disponer de manera inadecuada de los residuos sólidos en zonas boscosas. Aunque es un mantra que se repite cada año, las estadísticas indican que hay una gran parte de la población que no la acata.
Por el lado de Cundinamarca, además de la concientización, voces bomberiles, en cabeza del capitán Álvaro Farfán, abogan por que los municipios cumplan con el requisito del convenio para la conformación de sus cuerpos de bomberos. Asimismo, solicita una mayor inversión en cuanto a equipos y condiciones para los bomberos. De hecho, Fómeque, en donde se produjo la emergencia, no contaba con convenio, lo que motivó un llamado de atención de la Procuraduría al alcalde del municipio, Eduar Acosta.
Por otro lado, para evitar dolores de cabeza, desde el Concejo de Bogotá se ha pedido el cierre de los senderos ecológicos y los cerros orientales en la época de sequía. El ingeniero ambiental Andrés Mondragón está parcialmente de acuerdo con la medida, pero asegura que las campañas de concienciación “deben intensificarse a pesar de las cifras. No todo tiene que ser a las malas u obligado”.
Ya tuvimos el primer aviso. Por tercer año consecutivo el brazo inclemente del cambio climático nos golpea. Y probablemente lo haga con más fuerza. En manos de las autoridades están las herramientas de preservación y restauración, además de una experiencia de mitigación que se labró a punta de desastres y pérdidas irrecuperables. Una nueva temporada de incendios ha comenzado y, cuando la aridez climática se vaya, y vuelvan las anheladas lluvias, podremos evaluar qué tan preparados estuvimos.
Continúe leyendo en la sección: Doce meses para forjar una Bogotá resiliente al cambio climático.
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