Con videos del orgullo gay educan para la inclusión

Con imágenes de las marchas, la Fundación Sergio Urrego busca que estudiantes de universidades y colegios dejen a un lado la discriminación.

Alba Reyes dirige los talleres que son dictados a jóvenes de colegios y universidades del país. / Cristian Garavito
Alba Reyes dirige los talleres que son dictados a jóvenes de colegios y universidades del país. / Cristian Garavito
Foto: Cristian Garavito / El Espectador

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“Al primer desfile al que fui, lloré como tres horas. Era la primera vez que estaba rodeado de gais. Había miles de personas apoyándonos”, dice un hombre en los primero segundos del video 360 de las marchas del orgullo gay, que es presentado a niños y adolescentes en instituciones educativas del país.

Es la última experiencia del taller organizado por la Fundación Sergio Urrego y Google, en el que los asistentes, con cardboards (gafas de cartón de menos de un dolar), observan videos de realidad virtual, en los que no solo se escuchan las voces de personas de la comunidad LGBTI, sino que se aprecian momentos de las marchas en Telaviv, Bruselas, Sao Pablo y Singapur. Allí se puede ver al público apoyándolos, así como a hombres bailando en una tarima o el paso de una drag queen entre la multitud.

No dura más de tres minutos, pero la emotividad que genera hace que quienes vivan la experiencia rían o lloren por su contenido. Por ejemplo, Manuela se sintió emocionada:  “es muy genial ver que no es como te lo pintan. Muchos dicen que en esa marcha hacen desastres y se besan, pero no, esa es una idea errónea de la gente y la iglesia”.

Por su parte Rafael afirmó que “uno no se tiene que quedar callado en todo momento. Uno tiene que decir lo que siente y expresarse, porque callar está mal”. Federico, por su parte, consideró que es una experiencia que le gustaría vivir. “Ese video representa muchas cosas, sobre todo una emoción y un sentimiento tan hermoso y tan grande de lo que es ser feliz”.

Los tres son menores de edad y participaron en uno de los talleres  que desde finales del año pasado dicta en colegios y universidades Alba Reyes, la mamá de Sergio Urrego y directora de la Fundación que lleva el nombre de su hijo. Su intención no solo es hablar de inclusión, sino de discriminación y de cómo evitar el matoneo.

“Lo que se busca es que sin importar cuál es su orientación sexual, sepan que existe una comunidad que está con ellos, que los quiere y entiende, y que pueden salir adelante. Es un poco el mensaje al que queremos llegar con las marchas que mostramos en realidad virtual”, dijo Daniel Castelblanco, uno de los gaygler de Google, la forma como esta compañía denomina a sus trabajadores que hacen parte de la comunidad LGBTI.

Para Alba Reyes ha sido una experiencia motivadora, en medio del trabajo por el que ha encaminado su fundación. Tiene claro que su fin es evitar que menores corran la misma suerte de su hijo, quien se suicidó el 4 de agosto de 2014, luego de ser víctima de homofobia en su colegio. Por ello ve la necesidad de no solo hablar de igualdad de género, sino también de además de no discriminación en general. “Algunos lloran, otros quedan como impactados, otros se te acercan y muchos que han permanecido ocultos hablan de su experiencia”.

En resumen, ha tenido buena acogida, aunque considera  que los más pequeños son más abiertos y curiosos. “Uno pensaría que se quedan quietos, pero no. Eso me pasó en las comunas de Medellín, donde tuve una muy buena experiencia”, dijo Reyes.

La mayoría de las veces es así. A Alba le han hecho carteles en tela agradeciéndole su trabajo, le han escrito cartas y tiene presente a un pequeño de ocho años que le pidió seguir dando su taller por otros colegios, pero en algunos no la han querido recibir, “porque no aceptan que llevemos el video de la marcha del orgullo gay”.

Esta resistencia se debe, según Emily Quevedo, pedagoga de Colombia Diversa,  a que “los ideólogos del género han dicho que se está dando información para que todos se vuelvan homosexuales, pero lo que se busca es mostrar la vida de las personas, cómo se aman diferente y cómo tienen mecanismo y formas de resistencia, como lo es el movimiento social LGBTI”.

Otro punto que preocupa a Quevedo es que culturalmente existen muchas prohibiciones sobre la sexualidad. Siempre se cohíbe al niño o no se le habla del tema”. Y no ve una pronta solución a futuro, pues no cree «que en menos 50 años la sociedad colombiana logre empezar a hablar con naturalidad a los niños sobre la sexualidad. No digo que no exista, porque hay quienes lo hacen, pero no es algo generalizado».

Aunque no hay cifras recientes exactas sobre el abuso escolar a la comunidad LGBTI en el país, de acuerdo con una encuesta realizada el año pasado, por Sentiido y Colombia Diversa, más de la mitad de los casos no son denunciados, principalmente porque no existe confianza de los estudiante para revelar este tipo de situaciones. 

Además determinaron que el 70 % de los encuestados fueron víctimas de acoso verbal por su orientación sexual y por la forma de vestirse o comportarse, mientras que el 67% se sintió inseguro en su colegio y el 43% fue víctima de acoso físico.

En Colombia, el 65 % de las quejas relacionadas con educación, son  por matoneo o acoso escolar, siendo Bogotá, Antioquia y Chocó las zonas donde más casos se presentan según el DANE. Mientras la ONU dice que el 20 % de los estudiantes en el país en algún momento han sentido matoneo.

Es por ello que el taller que realiza Alba Reyes, luego de una breve presentación sobre su activismo, comienza con la explicación de qué es la discriminación y es seguida por actividades con las que pretende visilibilizar las diferencias que se deben respetar, así como aprendan a aceptar. 

Tal vez una de las actividades que más motiva es una en la que deben hablan de por qué se han sentido discriminados. Muchos se refieren a las cosas que los identifican: su corte de cabello, color de piel o gustos musicales, pero hay más: hay quienes hablan de su condición sexual o de cuando los han apartado por creer que tienen otra tendencia sexual, cuando no es así.

Al fin de cuentas hablar de estos temas es cuestión de responsabilidad tanto de padres como de educadores. “En cada contexto es diferente, pero el papel de toda la sociedad con la infancia es el mismo: garantizar los derechos”. dice la pedagoga Quevedo, quien añade que esto se logra enseñando, cuando los menores preguntan sobre el tema; respetando las decisiones de  los niños, e informando sobre cómo tomar decisiones.

Para Alba no se trata de un ejercicio de mostrar o no mostrar este tipo de temas a los menores, “estos talleres hacen lo contrario, logran que haya una especie de acercamiento para  poder empezar a hablar del tema en familia y confrontarlo en familia. Creo que parte mucho del  respeto y la confianza”, asegura.

Por ello también han empezado proyectos con profesores y personas adultas, con el fin de concientizar en la inclusión y la no dicriminación. «Cuando entendemos y valoramos lo que somos como personas y valoramos, no la etiqueta sino el ser humano, es cuando empezamos a trabajar en familia y cuando podemos comunicarnos más fácilmente con nuestros hijos», concluye Reyes.

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