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La historia de Bogotá pasa por los ojos de la prensa, la crónica roja que registró los hechos sangrientos del 9 de abril y que aún hoy escribe el relato de un hombre que asalta una sucursal bancaria con una granada o aquel otro que conservó a sus padres en la sala de la casa largo tiempo después de que éstos hubieran muerto hasta que el mal olor alertó a los vecinos.
La historia de Bogotá pasa por el devenir de la arquitectura, primero rural, casi incipiente, hasta elevarse a las alturas del acero reforzado y las fachadas de cristal que cuentan con el indeleble sello del mundo corporativo.
La historia de Bogotá pasa por los cafés del centro en los que durante tantos años departieron y se enfrentaron intelectuales, poetas, políticos, periodistas; en los que durante un buen tiempo, tal vez demasiado largo, se decidieron los destinos del país al vaciar una taza de tinto antes de que los presidentes se escondieran detrás de los vidrios blindados y los jefes de prensa.
Bogotá está hecha de historias mínimas, pequeños relatos humanos que terminaron construyendo edificios, ilusiones y forjando revoluciones. Este es el cuento que le interesaba contar a Jorge Alí Triana y a Carlos José Reyes cuando atendieron la convocatoria de la Alcaldía Mayor y el Archivo Distrital para realizar una serie de documentales que contara el pasado de la ciudad, con motivo de la celebración del Bicentenario y que se llama Memoria Viva.
Son 10 episodios que empezarán a ser emitidos a partir de este domingo (todos los domingos a las 11:00 a.m. a través de Canal Capital), en los que se explora la ciudad a través de la mirada nostálgica y crítica de Clímaco Urrutia Urrutia, el entrañable personaje interpretado por Jaime Santos, uno de aquellos cachacos que arrastra las erres, se viste de paño y nunca sale sin sombrilla.
“Nos pareció interesante no hacer el típico documental cargado de fechas, didáctico, que siempre resulta aburrido. Yo sostengo que a través de la metáfora, de la representación, es posible saber más de la historia: Shakespeare enseña más sobre el renacimiento que los mismos historiadores”. El reconocido director de teatro y televisión indaga en el papel que el periodismo, la pintura, las costumbres religiosas y el entretenimiento, entre otros factores, seleccionados debido a su importancia, pero también a su desatención en las grandes narraciones históricas, tuvieron en la formación de la capital, en las transformaciones que fueron operando en los pobladores que acababan de resquebrajar el dominio español sobre la capital y el país.
Los capítulos, cada uno de media hora, persiguen lo mismo que todos los relatos históricos: arrancarle páginas al largo relato de la desmemoria. Es, como lo dijo esta semana Jaime Santos en el lanzamiento de las actividades del Bicentenario, “la lucha del hombre contra el olvido”. “Para que las nuevas generaciones, que generalmente no suelen recordar nada más atrás de cinco años, y tampoco les interesa, conozcan cómo fue esa ciudad ya perdida entre la memoria de Clímaco”, sentencia el director.