Publicidad

El lago más triste del mundo

El fin de la inundación en Mosquera puede demorar, según los expertos, entre cuatro y cinco meses.

24 de noviembre de 2010 – 05:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Dicen que en media hora el agua había subido hasta cincuenta centímetros. En la primera hora ya había superado un metro y de ahí para adelante las cartas ya estaban jugadas. Por eso corrieron con lo que pudieron, que no fue mucho, y atrás se quedó todo lo demás: animales, camiones, cultivos, casas. Al final del día el horizonte en Mosquera había cambiado de sabana a laguna.

Mientras el Gobierno hace cálculos de cuánto costará superar los daños que ha causado el invierno en este municipio (ayer la contabilidad oficial hablaba de $86 mil millones), los habitantes de la zona y los rescatistas que llegaron al lugar para aliviar la tragedia hacen sus propias cuentas del tiempo que tomará para que la inundación desaparezca de las dos mil hectáreas que hoy se pudren bajo el agua.

Una de las posibles soluciones para la inundación es: bombear el agua, pero hay más de dos mil hectáreas inundadas, con un promedio de dos metros de profundidad. La otra es esperar a que se evapore, pero los pronósticos más optimistas de los meteorólogos hablan de lluvias hasta marzo del próximo año. El gobernador del departamento, Andrés González, habla de utilizar los canales que ya existen para desaguar las tierras inundadas. Tiempo de la tarea: cuatro a cinco meses. En la noche de ayer se esperaba que el jarillón, cuya ruptura permitió el paso del río Bogotá hacia esta zona, terminara de ser reparado por hombres del Batallón de Desastres del Ejército, la CAR (autoridad medioambiental) y los bomberos.

A medida que rema su bote por entre las casas abandonadas llenas de agua, el voluntario de la Defensa Civil Henry Quintero concluye sesudamente: “Mire, el río entró para reclamar lo que era suyo”. Tiene razón. Por esto, la Gobernación alista un proyecto de US$500 millones (cuyos estudios ya están finalizados), que busca profundizar el río y la adquisición de predios en la ronda del cauce para ampliar los jarillones 30 metros desde la cuenca alta hasta Alicachín.

Mientras las medidas son anunciadas y los proyectos entran a licitación, los habitantes de la zona se preguntan: ¿Cuántas de esas viviendas podrán volver a habitarse después de meses de permanecer bajo el agua? Algunas ya presentan grietas y ni siquiera los cuerpos de rescate se atreven a entrar en ellas, por miedo al colapso. Con las quintas de campo inundadas, las gallinas y los caballos muertos aún flotando a la deriva, los camiones detenidos en el agua, los establos vacíos y desvencijados, la escena parece, como lo dijo uno de los rescatistas llevados al área, “el lago más triste del mundo”.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido