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El problema de ser peatón

El culpable de su muerte es el mismo peatón.

18 de diciembre de 2011 – 04:00 p. m.

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Esta frase no dista mucho de la utilizada hace poco como encabezado de un artículo sobre las altas cifras de accidentalidad y mortalidad de peatones en las calles bogotanas. “Cada 48 horas muere un peatón, (atención) por no mirar al cruzar la calle”. Desde allí, sin tener siquiera que entrar a la nota, ya era posible anticipar el mensaje que se proponía enviar: imprudencia y descuido, principales causas de los accidentes y de la muerte de peatones. Es decir, el culpable de su muerte es el mismo peatón.

Les confieso que ante la sorpresa de lo que leía, releí y releí, hasta comprobar. Quedé boquiabierto y desalentado. Por un lado, la cifra es aterradora. Pero SOBRE TODO, confieso, el desaliento me vino por el sesgo contra el que camina, proveniente de un importante líder de opinión nacional; pues ello no es más que la confirmación irrefutable del precario lugar que se le da al peatón en nuestra sociedad.

Acá hay un grave problema de movilidad y seguridad vial: 3.851 atropellados y 192 muertos entre enero y agosto de 2011, lo equivalente a 16 atropellados por día o 24 muertos por mes, según cifras del Distrito. Y además, un problema de prioridades y de concepción colectiva de la ciudad.

Bogotá es una ciudad donde el rey y campeón es el carro. Cuando el peatón se encuentra con un carro, o le pide sumisamente permiso para cruzar la calle, o simplemente le da paso, o desafía y defiende su derecho a cruzar primero. En este último caso, el riesgo en el que incurre por impertinente se dispara. Así nos han educado. Y así se ha concebido la ciudad en su gran mayoría. Sucede que al tomar control de un auto, somos valientes, atravesados y hasta matones. Pero una vez bajamos del mismo, somos más bien sumisos, dóciles, casi invisibles. El problema es ser uno el peatón. Perverso. Pero así funcionamos. Y así nos condiciona el entorno. En tierras del carro, el BOLARDO es el demonio, y el peatón, un ciudadano de segunda; un pobretón.

¿Qué hacer? Convertir la protección al peatón en una prioridad de la ciudad. Pensar en el peatón es obligarnos a mirar de manera amplia y comprehensiva los aspectos más críticos de la ciudad, pensando siempre primero en las personas , no en el auto particular y sus exigencias. Esa es quizás la motivación más extraordinaria para hacer de Bogotá una ciudad tolerante, incluyente, amable con el medio ambiente, compacta, limpia, cálida y segura para todos.

Si tiene algo que decir de la ciudad escriba su columna a bogota@elespectador.com

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