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El puente de la 116 amaneció vacío

Las víctimas fueron llevadas a sus casas, la mayoría ubicadas en Kennedy, sur de Bogotá. Autoridades indagan denuncias contra el líder del grupo, Pedro Nel Cardona, que lo señalan de haberse apropiado de mercados donados.

Así quedó el puente de la calle 116 con 9ª después de que 86 desplazados fueran desalojados. La toma duró 67 días.  /Gustavo Torrijos
Así quedó el puente de la calle 116 con 9ª después de que 86 desplazados fueran desalojados. La toma duró 67 días. /Gustavo Torrijos

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Este domingo, a las 3 de la mañana, un grupo de 150 funcionarios de diversas entidades distritales, liderados todos por la Alcaldía Local de Usaquén, arribaron al puente de la 116 con 9ª. Allí dormían a esa hora 30 mujeres, 29 hombres y 27 menores de edad que formaban parte de una toma de desplazados que se había instalado en ese lugar desde el 5 de noviembre pasado y que reclamaba beneficios de la Ley de Víctimas como la restitución de tierras o viviendas nuevas. El desalojo, sin embargo, vino primero que las soluciones. Encontrando además la Alcaldía, que ya había hecho un censo de víctimas, que unas 70 personas habían llegado —bajo promesas de obtener beneficios— al puente a reemplazar a desplazados que se habían ido.

La toma duró 67 días exactos, en los cuales las víctimas recibieron todos los días por parte de la Alcaldía tres comidas diarias, atención en salud e información para que los campesinos conocieran la oferta de servicios y los planes a los que podían acceder en su condición. Fue el Distrito el que les entregó carpas y baños portátiles. El asunto, sin embargo, llegó a un punto muerto: no había cómo negociar con el líder de los desplazados, un hombre llamado Pedro Nel Cardona, el único con quien tenían contacto las autoridades distritales.

Según le dijo a este diario Julieta Naranjo, alcaldesa de Usaquén, varias entidades del Distrito habían tratado de dialogar para lograr un desalojo voluntario, pero cada vez que se llegaba a algún acuerdo los desplazados de la toma, representados por Cardona, tenían nuevas solicitudes, nuevos requerimientos. “Estaban pidiendo plata para proyectos productivos, estaban pidiendo vivienda, y esas son cosas que se salen de las manos de las entidades distritales. Entonces, dado que este es un espacio público, y que el desalojo voluntario no fue posible a pesar de haberse dado las condiciones, se decidió proceder”, expresó Naranjo.

Los desplazados, ya Cardona lo había admitido, estaban en ese preciso lugar por ubicarse frente a la sede de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y de la Unión Europea. No obstante, la Alcaldía de Usaquén empezó a llenarse de quejas de vecinos del sector: habitantes, trabajadores y delegados del Centro Empresarial Santa Bárbara y del Centro Comercial Santa Bárbara rechazaban la presencia de los protestantes. Señalaban que habían abierto las losas para sacar agua, que estaban pidiendo plata en la calle, que el puente se había convertido en un foco de inseguridad. Pedían su retiro.

La gota que rebosó la copa, sin embargo, fue la información que los propios vecinos del puente empezaron a recolectar a través de cámaras de seguridad —a las que tuvo acceso este diario— y que evidenciaban que algunas irregularidades estaban teniendo lugar en esta toma de desplazados. Las cámaras captaron a Pedro Nel Cardona y otros manifestantes jugando cartas y parqués, y apostando dinero con niños que no pasaban de los 15 años; así como lo grabaron tomando cerveza y aguardiente, y fumando frente a menores de edad. Se vieron también algunos protestantes consumiendo drogas. Pero lo más grave fue lo sucedido en la noche del 24 de diciembre.

Esa noche, le dijeron tres desplazados a este diario, Cardona los citó a una asamblea a la cual todos asistieron. Y mientras ellos estaban en la reunión, Cardona vació la carpa amarilla que había sido aportada por el Distrito, en la cual se encontraban los mercados donados a los protestantes y así se ve en video. “Con el tiempo empezamos a ver que llegaban muchas ayudas, pero se perdían, ahí nos tocó coger desconfianza. Yo me retiré —expresa Leonardo*—. Los primeros compañeros que se fueron sí nos dijeron que nos retiráramos de la toma porque esto olía mal, se estaban perdiendo los mercados, nos estaban utilizando”.

En diálogo con este diario, Pedro Nel Cardona negó todas las acusaciones en su contra. “Esta es una injusticia con las víctimas del conflicto. Yo nunca saqué nada, los juguetes y los mercados se llevaron a las casas de las familias. Yo sólo pido para mis desplazados. No puede ser que en este país hay robos multimillonarios y van a querer acallar a Pedro Nel con infamias”. Reclama, además, haber sido maltratado durante el desalojo: “Nos sacaron a la calle, no tuvieron piedad con los niños, me dejaron una pierna vuelta nada. Me sacaron en calzoncillos, me trataron como a un perro, no hubo tiempo de nada”.

El desalojo fue llevado a cabo por ocho entidades estatales: secretarías de Gobierno e Integración Social, Personería, Defensoría del Pueblo, Hospital de Usaquén, Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Policía y Cuerpo de Bomberos. Y la versión oficial dista abismalmente de la de Cardona: los desplazados fueron trasladados hacia sus casas, la mayoría situadas en la localidad de Kennedy, sin complicaciones. Cardona asegura que todos se fueron a la Plaza de Bolívar con él a seguir protestando, pero la verdad es que, por lo menos por ahora, él se quedó solo. Y ahora con el riesgo, según confirmó Caracol Noticias, de ser detenido con base en los videos que muestran que él se habría robado los mercados de los desplazados.

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