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“El ruido de los aviones ha disminuido”

El funcionario explica las razones que llevaron a aceptar la operación nocturna de la segunda pista de El Dorado, a pesar de las quejas de vecinos y del Distrito.

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La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) es una entidad impopular en los barrios aledaños al aeropuerto El Dorado. Fue la encargada de autorizar, a finales de agosto, la operación nocturna de la segunda pista de esa terminal aérea, la más importante del país. Los vecinos aseguran que su sueño ya no será el mismo por culpa del ruido de los aviones y la secretaria distrital de Ambiente, Susana Muhamad, considera que esa dependencia de la Nación actuó en este caso como una aplanadora con la comunidad afectada.

El Espectador habló con Fernando Iregui Mejía, director de la autoridad ambiental, para que explique las razones que lo llevaron a tomar esa decisión. Antes de entrar en materia, sin embargo, Iregui pide tener en cuenta lo que, considera, ha sido un crecimiento desordenado de la ciudad hacia los alrededores del aeropuerto: “La administración históricamente ha otorgado licencias para vivienda en el entorno de El Dorado. Lo que era Fontibón, que llegaba más o menos hasta la carrera 100, de pronto llegó hasta la 140 y casi se unió con Funza. Incluso el barrio Atahualpa, paralelo a la segunda pista, inicialmente era una invasión y hoy es regular. Esos terrenos eran de la Aerocivil. No digo que la gente tenga la culpa. Está siendo afectada por una infraestructura que genera mucho impacto, pero que estaba ahí y fue rodeada por gente debido a la desadministración del Estado”.

Concretamente, ¿qué definió la ANLA?

Que a partir de las 10:00 de la noche los aviones podrán operar, pero sólo desde y hacia el occidente; se tienen que mantener los jarillones ya hechos, con la arborización necesaria, que sirven como barreras de ruido; no se pueden hacer pruebas de motores en el sitio de parqueo, sino en una zona del costado occidental; tiene que haber una mesa permanente de socialización con las comunidades, una oficina de atención al ciudadano y, lo más importante, la Aerocivil tiene que tener un monitoreo de ruido en tiempo real, con la última tecnología.

Usted plantea que la decisión fue técnica, pero los vecinos todavía se sienten afectados por el ruido. ¿Hasta qué punto la decisión tuvo en cuenta sus inquietudes?

La situación es supremamente técnica, pero sí se tuvieron en cuenta. Es más: esa fue la razón para que se hicieran audiencias públicas. La Aerocivil sólo quería hacer una, pero tocó decirle que era improcedente, porque hay tres comunidades (Fontibón, Engativá y Funza) a las que tenía que explicarles cómo les manejará ese malestar. Desafortunadamente, los aviones tienen que operar. Siguen haciendo ruido, pero ahí es donde viene la parte técnica: la operación de 2015 se ha incrementado frente a 1995 en 50%. Es una realidad, pero se ha demostrado científicamente que el ruido, los decibeles, han disminuido entre 30% y 35%.

¿Quién ha hecho esa medición?

La red de monitoreo en tiempo real que se le exigió a la Aerocivil durante los últimos dos años. Ellos tuvieron que contratar para eso a un consultor internacional debidamente acreditado.

¿Y ustedes verificaron el trabajo de ese consultor?

Claro. Además, gústenos o no, la flota de hoy en día hace mucho menos ruido. En lo eminentemente técnico, se está cumpliendo.

Conocedores de este caso dicen que la Aerocivil ha incumplido con la insonorización que se le exigió.

Eso fue desde 1998, en una modificación de la licencia ambiental de la segunda pista. Consistía en instalar unas fibras en los cielos rasos, vidrios muy gruesos en las ventanas y puertas especiales en más o menos 3.200 viviendas que estaban, de acuerdo con los estudios de ruido, en el área de influencia del aeropuerto. Pero le cuento algo triste, que la gente sabe y no acepta: hacia 2004 y 2005 vendieron esos techos, puertas y vidrios con el argumento de que el calor dentro de las casas era infernal. Hoy la obligación de insonorizar no existe, porque la Aerocivil sí había cumplido.

Pero, a pesar de eso, si hoy no está insonorizado, ¿se mantiene la obligación de hacerlo?

No. La obligación era de ejecución instantánea y se cumplió. Mal haría el Estado en obligar a la Aerocivil a poner puertas y ventanas cuando los otros las están vendiendo. Las obligaciones que tiene hoy son las que ya mencioné, contenidas en la nueva modificación de la licencia.

La secretaria de Ambiente critica que los informes de Aerocivil miden el ruido a partir de promedios, y no vuelo por vuelo.

Sí. Se le dijo que debían hacerse mediciones en tiempo real para que contempláramos la posibilidad de una operación 24 horas. Por eso contrataron consultores internacionales. A raíz de eso, la Aerocivil ajustó los estudios de impacto ambiental que radicó aquí, porque incumplían. Finalmente cumplió, pero le pedimos que comprara una red de monitoreo de última generación que mida el ruido aeronáutico en tiempo real. Se le dio plazo de un mes para comenzar a usarla.

A su decisión le cabe un recurso de reposición. Quienes se sienten afectados, y el Distrito, piensan interponerlo, pero son pesimistas porque prevén que la ANLA no cambiará de posición. ¿Puede haber lugar a modificaciones?

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Le contesto honestamente: es muy difícil que un funcionario revise su propia actuación. De todas formas, tengo que mirar lo que presenten y, si hay cosas que ameriten ser revisadas, habrá que hacerlo.

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