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El ejemplo más reciente es el de la afortunada declaratoria de la Reserva Forestal del Norte. Se requirieron 10 años de lucha comunitaria para atajar los intereses billonarios de conurbación entre Bogotá y Chía, que se enfrentaron a los conceptos ambientalistas de bienestar colectivo, salud y calidad de vida, que finalmente se impusieron por encima de consideraciones comerciales.
De igual forma, ajustamos 10 años impidiendo que se invada el Humedal El Salitre por un proyecto de la época, que sin ninguna socialización, beneficiando a unos particulares y pasando por encima de la comunidad, pretende construir una concha acústica o escenario multipropósito en las inmediaciones del Parque El Salitre.
Declarar este escenario como Parque Ecológico de Humedal es proteger el hábitat de 75 especies de aves, entre residentes y migratorias, un bosque purificador de aire de 2 mil árboles y un cuerpo de agua de 13 mil metros cúbicos, el cual, según el POT (Plan de Ordenamiento Territorial), no puede ser escenario de eventos masivos.
Hasta hace unos días, pensábamos los ambientalistas que las cosas iban bien con el Proyecto de Acuerdo, de autoría del Concejo de Bogotá, que busca esa declaratoria, cuando la nueva Alcaldesa (designada) ofreció presentar un nuevo proyecto, dizque para destrabar el proceso. Un grave error que atenta contra la vida del ecosistema.
Y lo digo porque si la idea es hacer más expedita la declaratoria, hubiese bastado con respetar el procedimiento ordenado para estos casos: darle curso al proyecto original, rechazar en plenaria de la corporación las objeciones presentadas en su momento por la Alcaldesa (e) María Fernanda Ocampo y enviar al Tribunal Administrativo de Cundinamarca para que dirimiera en última instancia. De seguro en este escenario ganarían los argumentos en beneficio de la comunidad.
Pero no. Se opta por el camino más confuso. Presentar un nuevo proyecto, esta vez de iniciativa distrital que tiene que ser sorteado en la plenaria del Concejo, rendir ponencias para debate en comisión, luego ir a plenaria, para luego ser firmado por la Alcaldía Mayor, hará más lenta la declaratoria. Esto no es defender lo ambiental.
Puede que esté cargado de desconfianza por todo lo que ha sucedido con los recursos naturales de Bogotá, pero me atrevo a decir que flaco favor se le hace a la comunidad y a la protección del Humedal El Salitre con el ofrecimiento de la Alcaldía que podrá abrir el camino para la consolidación de las obras en las inmediaciones del espejo de agua. Como decía mi madre, después de ojo afuera no hay Santa Lucía que valga.
* Colectivo ambientalista agendabogota