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Como quien se dispone a la utopía de reconstruir las cosas después del fin del mundo, los 45 mil afectados por las inundaciones en las localidades de Bosa y Kennedy —al menos los adultos— se levantaron ayer a tratar de recuperar lo perdido, luego de que por fin empezaran a bajar los niveles de las aguas negras que se tomaron sus casas.
Con la tierra seca, la tragedia, sin embargo, apenas empieza y con ella los dolores de cabeza, las náuseas, el vómito, las ratas, las serpientes, el mal olor eterno, la mierda que no se despega de las paredes ni de los muebles.
Mientras esperan la ayuda humanitaria prometida y escuchan que la Secretaría de Hacienda los exonerará del pago de cuatro importantes impuestos, unos 1.200 de ellos (residentes en la ciudadela Tierra Buena, de Kennedy) salieron a bloquear el cruce de la Avenida de las Américas con Ciudad de Cali ayer a las 5 a.m., en protesta por lo que consideran un drama anunciado. Entre otros puntos, exigen a las constructoras que hicieron sus viviendas siete metros por debajo del río Bogotá que les respondan.
El resto siguió todo el día, blanqueador en mano, intentando alejar de la vida la putrefacción.