Publicidad

En el cuarto oscuro de Manuel H

En la carrera 13A N° 25-65, una pequeña placa de madera reza: “Aquí nació Manuel H.

 Durante más de 50 años, Manuel H fotografió a los grandes  maestros del toreo./ El Espectador
Durante más de 50 años, Manuel H fotografió a los grandes maestros del toreo./ El Espectador

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Si no la encuentra es porque un envidioso se la llevó o un admirador la cogió”. Por las calles del barrio San Diego todo habla de Manuel Hermelindo Rodríguez, un bogotano humilde y observador al que la curiosidad lo llevó a convertirse en artista y en un testigo silencioso de la historia. De niño, y con la ayuda de un conserje, logró colarse por el callejón de la plaza de toros de la localidad. Fascinado por el paso doble, el furor de la gente y el desafiante encuentro del hombre y el animal de media tonelada, descubrió su gusto por la tauromaquia. De aquella vez hasta su muerte no hubo corrida a la que faltara.

Buscando la manera de congelar el tiempo, el devenir de la ciudad y los detalles de la gente, Manuel H., como todos lo llamaron, compró una cámara de cajón y desde el tubo captó las primeras fotos de su carrera. Sin más estudios que los que les daban sus libros y el día a día, logró hacerse un lugar entre los fotógrafos cuando inmortalizó con su Rollei reflex la triste mirada del legendario torero Manolete, segundos después de su última corrida en la Santamaría.
Como si se tratara de una coincidencia, el 9 de abril de 1948, el joven fotógrafo charlaba con su hermano en el Café Colombia, ubicado frente a la oficina de Jorge Eliécer Gaitán. Aunque no escuchó los disparos que acabaron con la vida del caudillo, logró salir rápidamente del lugar y armado solamente con su cámara empezó a registrar a las multitudes que saqueaban los locales, encendían el tranvía y caminaban hacia la Plaza de Bolívar con machetes y martillos. Más de 164 fotografías revelaron el dolor y el caos de aquel día.

Por su lente pasaron presidentes, ministros, escritores, humoristas, artistas, ricos, pobres, parejas y colegas, que fueron robusteciendo su camino como reportero gráfico, al punto de convertirse en ficha clave para un sinnúmero de medios impresos dentro y fuera del país. Con los años, y en compañía de su esposa y sus nueve hijos, su estudio fue adquiriendo el espíritu de un museo. Más de 200 mil fotos y 400 mil negativos, perfectamente organizados, llamaban la atención de los estudiantes del centro de la ciudad, a los que él pacientemente les mostraba su trabajo, les enseñaba de historia y, de vez en cuando, les contaba sobre sus inicios, aquellos en los que convirtió el baño de la casa en su cuarto oscuro.

Margarita Rodríguez, su hija, lo acompañó por más de 40 años en su aventura por hacer de la fotografía un modo de vida, un arte sin límites para reflejar su amor por Bogotá. Aun cuando han pasado poco más de cuatro años de su partida, recuerda que el sueño de Manuel H. sigue vivo y a la espera de que el país y la sociedad le den un espacio a su tesoro que inmortaliza el espíritu de la capital. 

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido