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Cuando la ciudad está a punto de apagarse y miles regresan a casa, los martes en la noche, en el barrio Policarpa Salavarrieta, localidad Antonio Nariño, se encienden las luces de la Arena, en la Casa Cultural Luis Morales, para darles paso a las máscaras, el performance y el ímpetu de tres mujeres que vieron en la lucha libre una forma de canalizar sus realidades. Aquí Liz, practicando uno de los movimientos.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Solo Lizeth tiene el rostro descubierto, pues su segunda piel son un par de baletas de ballet para entrenar, un surrealismo entre lo delicado y agresivo.
Foto: Mauricio Alvarado
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Detrás de la máscara roja con estrellas está la Teacher, de 43 años. Ella es esposa, mamá, abuela y fue profesora de preescolar. De ahí el nombre de su personaje. “Piso el ring y soy luchadora. Me olvido de los problemas y tristezas”.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Lunaria, una publicista de 32 años, quien recuerda que junto a su familia veían la lucha libre mexicana. De ahí su gusto por este deporte.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Liz tuvo una mala caída, y aunque el golpe parece serio, se reincorpora y sigue. Su persistencia parece impulsada por el espíritu de las mujeres que hace 60 años fundaron el barrio Policarpa.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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El escenario es un ring de 5×5, el cual, aunque parece modesto, se siente sagrado. ¿Y cómo no? Por allí pasaron grandes figuras de un deporte glorioso, donde hubo sudor, gritos y coreografías
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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En el grupo hay mujeres, a quienes les permitió entrenar gratis, reconociendo que a “puños” y “patadas” se ganaron un espacio en este deporte tan masculinizado.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Ese día la lucha libre se sentía más viva que nunca. Liz, Lunaria y la Teacher comparten el sueño de seguir preparándose para, al menos una vez, presentarse ante un público poco acostumbrado a ver mujeres en el cuadrilátero.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
Cuando la ciudad está a punto de apagarse y miles regresan a casa, los martes en la noche, en el barrio Policarpa Salavarrieta, localidad Antonio Nariño, se encienden las luces de la Arena, en la Casa Cultural Luis Morales, para darles paso a las máscaras, el performance y el ímpetu de tres mujeres que vieron en la lucha libre una forma de canalizar sus realidades. Allí el escenario es un ring de 5×5, el cual, aunque parece modesto, se siente sagrado.
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